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Jairo Osorio crea un espejo literario para los paisas

En su novela 'Familia', el escritor desmitifica el imaginario tradicional de la cultura antioqueña.

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25 de marzo 2016 , 05:59 p.m.

La novela ‘Familia’ comenzó como un balance personal que el escritor antioqueño Jairo Osorio Gómez quería dejarles a sus hijos. Al terminar de escribirla, una psicóloga –que fue una de las primeras lectoras– le dijo sorprendida a Osorio que se trataba de un gran psicoanálisis de la cultura antioqueña.

“Yo siempre pensé que tenía que hablar con mucha sinceridad, porque era una manera de quedar en paz con una época y de responderme una pregunta: ¿qué fue lo que hicimos?”, anota el autor (Caramanta, 1954).

Por eso, para hablar con franqueza de lo que él denomina una sociedad disfrazada, Osorio apela a su propia estirpe. “Desde hace diez años pensé en estructurar una historia que hablara de la familia antioqueña, a partir del prototipo de la mía: los Osorio, los Gómez, los López, los Montoya y los Giraldo. Y por eso, todos los que aparecen allí son personajes que existieron”, explica.

De esta manera, el libro se configura en un gran coro polifónico donde aparece el padre, “que es un hombre bondadoso, trabajador e ignorante, como los antioqueños”, dice el autor. A él se unen la madre, los primos, las tías, el hermano, el hijo –narrador– y, por supuesto, una amante con 32 años de relación amorosa.

Sin embargo, llama especial atención Alfredo Gómez, el ‘tío Alfredo’, pionero de toda una tradición relacionada con la mafia, que además protagoniza la imagen de la carátula, con un semblante elegante, que rememora a Al Capone.

De esta manera, Osorio retrata esa época de los años 60 y 70, cuando comenzó la bonanza del contrabando de café, licores y electrodomésticos, que dio origen a una generación mafiosa específica, que antecedió a la de Pablo Escobar.

“Ellos van en declive porque empieza a perseguirlos el gobierno, pero, por otro lado, los absorbe por completo esa otra mafia que surge alrededor, que eran los choferes de bus y los lavaperros”, explica el autor.

Este telón de fondo le permite a Osorio poner sobre la mesa la discusión de las virtudes y debilidades antioqueñas. “Virtudes yo no sé si tengamos. Puede que tengamos alguna de todas esas que tiene el imaginario del país sobre nosotros. Debilidades, muchas. La última, la que nos llevó a la catástrofe a finales del siglo: la debilidad por el dinero y el poder”, agrega.

Al defender la riqueza de los otros personajes de su novela, Osorio anota que sigue seduciendo más el bandido “porque tenemos un problema de identidad entre nosotros mismos. Acá nos hemos sentido primero franceses. Después, ingleses, luego mexicanos y finalmente estadounidenses. Pero acá en El Poblado no tenemos un letrero que diga: ‘esto era un poblado indígena y de aquí fue que salió esta región’ ”.

“El libro es un espejo. Y un espejo no sabe ser embustero. Usted se mira en el espejo y se ve con ojeras, acabado, canoso. Pero usted no se enoja con el espejo. Por eso no tiene que enojarse conmigo ni con el libro. Somos nosotros los que tenemos que empezar a hacer la catarsis y preguntarnos: ‘hombre, ¿quiénes somos nosotros?’ ”, concluye el autor.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento