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Coyuntura laboral y proceso de paz

El país enfrenta un desafío para atender de forma diferencial a desempleados y víctimas.

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23 de marzo 2016 , 11:39 p.m.

Al fin se verificaron los pronósticos de la mayoría de los analistas del mercado de trabajo, y en enero la tasa de desempleo subió. De hecho, resultaba poco lógico que, al reducirse en la mitad el crecimiento de la economía nacional, de valores de 6 por ciento anual a 3 por ciento, la tasa de desempleo siguiera presentando una tendencia a la baja.

En principio, la paralela disminución del crecimiento del PIB y de la tasa de desempleo ha sido posible gracias a un fenómeno estructural –el menor crecimiento demográfico de la población en edad de trabajo– y a otro de carácter coyuntural, como sería el retiro de la vida activa por parte de los potenciales trabajadores.

Esta misma justificación ha sido utilizada por algunos analistas para explicar el más reciente aumento del desempleo: la desfavorable evolución de la economía habría inducido a muchos a dejar la inactividad y a volcarse al mercado de trabajo con el fin de mantener los niveles de consumo de sus familias.

La explicación es un poco más compleja. En primer lugar, el aumento del desempleo se debió a una menor generación de empleo. Según los reportes estadísticos del Dane, en enero del 2016 la ocupación nacional creció a una tasa interanual de 1,3 por ciento. Por extraño que pueda parecer, a este resultado ha contribuido el destacado aumento del empleo en el sector minero, que desde septiembre del 2015 está creciendo a tasas elevadas y progresivamente crecientes. Solo en el último trimestre disponible (noviembre del 2015-enero del 2016) habría crecido ¡al 12 por ciento anual!

Adicionalmente, y a pesar del apretón fiscal, habría también aumentado el empleo en el sector público, un destacado 2,7 por ciento en el último trimestre. Como sea, y no obstante la positiva evolución del empleo en el sector minero y público, la ocupación nacional en enero ha crecido mucho menos que en meses pasados, cuando registraba incrementos mensuales de alrededor del 2 por ciento.

En segundo lugar, los que perdieron su empleo se quedaron en el mercado laboral buscando una nueva oportunidad de trabajo. El número de desempleados abiertos –es decir, los que han buscado un empleo durante el último mes– ha crecido 13,9 por ciento en enero del 2016. Y finalmente, disminuyeron también los inactivos, pero a una tasa de apenas 0,7 por ciento.

Así que, en el orden, el pobre crecimiento del empleo, la persistencia de los desempleados en el mercado y un mayor número de participantes anteriormente inactivos son los fenómenos que están detrás del aumento de la tasa de desempleo en enero.

La evolución reciente del mercado laboral colombiano es una muy mala noticia, especialmente dada la coyuntura actual. A los desempleados que registran actualmente las encuestas de hogares se sumarán pronto miles de desmovilizados.

Es decir, de personas jóvenes poco preparadas para insertarse con éxito en el mundo laboral, que se caracterizan por los bajos niveles educativos, por la falta de competencias laborales y por haber ejercido posiciones de poder y responsabilidad, pero en una perspectiva negativa y violenta. Además, por razones de equidad habrá también que atender a la población víctima del conflicto y a los que querrán regresar a su tierra.

Desafortunadamente, los mercados locales son demasiado pequeños para cooptarlos a todos, bien sea ofreciéndoles un empleo o dándoles una oportunidad de desarrollar una actividad propia.

El Estado colombiano enfrenta así un notable desafío para atender de forma diferenciada a los desempleados de hoy, los desmovilizados de mañana y las víctimas de siempre. Hay que prepararse con tiempo.

* Observatorio del Mercado Laboral, Universidad Externado de Colombia

STEFANO FARNÉ