Archivo

Razones y protestas

Las nuevas generaciones de la izquierda tendrán que enfrentarse a los viejos dinosaurios de siempre.

notitle
23 de marzo 2016 , 11:38 p.m.

En Colombia hay buenas razones para la protesta social. No solo es uno de los países más desiguales del mundo, sino que recurrentemente se cometen injusticias con total indolencia. Por solo mencionar unos casos: el incremento del salario mínimo se lo va a tragar la inflación, hay niños que mueren de hambre por física corrupción y solo los pobres deben ir a la guerra para evitar que guerrillas y narcotraficantes causen desorden.

Por eso extraña que la protesta social se organice alrededor de causas desfasadas y que, se sabe, de tener éxito poco mejorarían las condiciones de la población. Incluso podrían deteriorarla. Basta ver los resultados de la política económica de Venezuela para preguntarse cómo aquí muchos tienen la insensatez de pedir la misma receta.

Muy seguramente la obstinación en las mismas viejas razones para la protesta tenga su origen en la incapacidad de renovación ideológica. Pero también hay otra explicación más instrumental. Que las causas sean desfasadas no importa si continúan siendo símbolos poderosos para disciplinar la organización bajo una rígida jerarquía. Quienes controlan estos símbolos se aseguran así la dirección política de los movimientos sociales.

Nadie podrá discutirle, por ejemplo, al senador Robledo que es el gran luchador contra los TLC. No importa que la economía sea inconcebible hoy sin grandes dosis de libre comercio, y que hasta Cuba busque abrir los mercados, esa causa le ha ayudado a convertirse en el líder indiscutido de una de las facciones más importantes del Polo.

Si las causas cambiaran y surgieran otros símbolos para movilizar la sociedad, el puesto en la jerarquía de la izquierda de muchos líderes como Robledo estaría en discusión. Más interesante sería que los nuevos liderazgos tuvieran la oportunidad de llegarle a un sector más amplio de la sociedad que está indignado con tantas injusticias, pero que no está dispuesto a movilizarse por razones del siglo pasado.

Este es en realidad el gran reto de la izquierda en Colombia: modernizarse ideológicamente para responder a las expectativas reales de la población y abandonar razones que, aunque efectivas para emocionar a los seguidores más fieles, la historia ya mandó recoger. No será fácil. Las nuevas generaciones de la izquierda tendrán que enfrentarse a los viejos dinosaurios de siempre y, ahora, a los tiranosaurios de las Farc en la legalidad.

GUSTAVO DUNCAN