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'¡Que lleguen más afros al ballet!': Fernando Montaño

El bailarín fue a Buenaventura, donde nació, a bailar y a hablar de emprendimiento.

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20 de marzo 2016 , 10:49 p.m.

El futuro de Fernando Montaño estaba prácticamente asegurado. Sus pies largos y veloces lo llevaron al fútbol como lateral izquierdo, pero fueron su oído y gusto por la música los que le cambiaron el rumbo a este niño que soñaba con jugar un mundial.

Montaño fue bautizado el 6 de marzo de 1985 en el hospital regional de Buenaventura y fue el menor de cuatro hermanos. Los Montaño son además Katherine, Leida y Juan Miguel.

No llegó a jugar en un equipo de fútbol, pero vive lleno de gloria y de orgullo colombiano en Inglaterra, donde nació el deporte más popular en el mundo.

Aunque sus primeras embarradas en los pies las vivió en las calles sin pavimento del barrio Camilo Torres del puerto sobre el Pacífico, donde residió hasta los 6 años, fue en el Distrito de Aguablanca, en Cali, donde tomó la decisión de hacerse bailarín y dejar el fútbol para los demás.

Pero no ha sido nada fácil consagrarse como el bailarín más importante de Colombia y el único que hace parte de la reconocida compañía inglesa Royal Ballet.

A su lado ha estado Juan Rozo, su padre. “Siempre tuve claro que perder algún bien no es nada si por encima está la ayuda al futuro de un hijo”, dice Rozo.

Y recordó que como estibador de Puertos de Colombia logró una pensión inicial de 300.000 pesos, pero su hijo requería de unos 700.000 para sostenerse en Cuba, a donde fue a estudiar becado.

Fernando Montaño está ahora en Colombia en su temporada más larga en el país en los últimos 16 años. Cuando tenía 14 se fue a estudiar y ha venido en temporadas muy cortas.

Ahora, junto a su padre recorre las calles de Buenaventura y está orgulloso. “Puedo ser un espejo y deseo convertirme en un impulsor para quienes tienen ese sueño de ser profesionales”, dice Montaño.

“Quiero ayudar a emprender a los pequeños de mi Pacífico”, agrega, mientras el sudor corre por su rostro, tras bailar para unas 500 personas que llegaron al auditorio de la Universidad del Pacífico para ovacionarlo y escucharle, en sus propias palabras, cómo fue que de los polvorines de un barrio de la comuna 10 del puerto y de Marroquín III en Cali, pasando por la Cuba, llegó a Londres, con escala por Italia.

Fernando Montaño, como lo conoce el mundo del ballet y quien tomó el apellido de su madre, Gloria Yenny, para homenajearla tras su muerte temprana a los 46 años, llegó a Buenaventura para conversar e intercambiar su experiencia de vida con los jóvenes de las seis zonas rurales que se incluyen dentro de los programas que la organización Usaid apoya en Colombia.

“Fernando es la inspiración que necesitan los jóvenes que se preparan para ser líderes de los procesos de inclusión social”, dijo Jimena Niño, subdirectora de la agencia que apoya proyectos productivos, de emprendimiento, de seguridad alimentaria y de desarrollo de la comunidad en favor de los afrodescendientes e indígenas.

En primera fila para verlo estuvieron los jóvenes Argeris Gamboa, del consejo comunitario mayor de Anchicayá; Héctor Fabio Gómez, de Mallorquín, y Nidiria Ruiz Medina, de Puerto Merizalde, río Naya, que quieren seguir su ejemplo.

“Quiero que lleguen más afrodescendientes al ballet clásico, seguir con mi profesionalismo e inculcar liderazgo para que más jóvenes hagan realidad sus sueños”, les decía Montaño.

Nidiria Ruiz le comentó al bailarín que en las 64 comunidades que componen el río Naya están empeñados en promover el liderazgo de la mujer. “Una vez lo logremos, buscaremos los momentos productivos. Queremos prender la chispa del emprendimiento en las mujeres desde los 15 a los 84 años”, comentó.

Gómez Cuanga le contó que la violencia generó el desplazamiento del 60 por ciento de la población y que la fumigación de los cultivos ilícitos, sin tener sembrado de coca, les disminuyó la producción agrícola.

Con programas como el Emprender Pacífico, en el que también están el Ministerio de Trabajo y Todos Somos Pazcífico, la recuperación de la producción y comercialización de los productos agrícolas y de mariscos en el Naya empieza a verse, así como el retorno de familias a sus tierras.

RODRIGO VICTORIA
Especial para EL TIEMPO
Buenaventura.