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Impulsar diálogos de paz con Farc, entre intenciones de Obama en Cuba

La paz del país es un tema personal para Obama y Kerry. Este último se reunirá con negociadores.

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20 de marzo 2016 , 12:24 a.m.

Este jueves, el director de Comunicaciones Estratégicas de la Casa Blanca, Ben Rhodes, sorprendió al indicar que el viaje del presidente Barack Obama a Cuba también tendría como trasfondo empujar por una solución exitosa en el proceso de paz que el gobierno colombiano negocia con las Farc en la isla.

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De hecho, y de acuerdo con Rhodes, una de las razones por las que el secretario de Estado John Kerry viajaría con la delegación era precisamente para reunirse con funcionarios cubanos y colombianos con la idea de ver “qué más podemos hacer para ayudar” a consolidar un acuerdo.

El asesor de Obama -muy cercano a su oído por cierto-, no quiso precisar si entre los planes también estaba reunirse con miembros de las Farc.

Sin embargo, diversas fuentes consultadas por este diario sostienen que esa es la intención del secretario Kerry. Así mismo, que estaría presente si las partes llegan a un acuerdo sobre el cese del fuego bilateral y definitivo -como se especula- y realizan una ceremonia para anunciarlo.

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O, para como dice Adam Isacson de Wola, tomarse una foto que sería histórica y que mostraría lo mucho que ha cambiado en estos años la aproximación de EE. UU. hacia Latinoamérica.

El interés de Kerry y de la administración de Obama por el proceso de paz colombiano no es nuevo y está muy atado al lineamiento ideológico del mandatario estadounidense.

Desde que llegó a la Casa Blanca, pero es especialmente en su segundo mandato, Obama ha procurado buscar la vía del diálogo para resolver diferencias hasta con los peores enemigos. Lo hizo en el caso de Cuba con el histórico acuerdo de diciembre de 2014 y que buscar sellar ahora con su visita. Pero también lo hizo sacando adelante un acuerdo nuclear con Irán que parecía imposible y empujado por las negociaciones para la crisis de Siria y Ucrania. Y en el caso de Colombia no ha sido diferente.

Su primer gesto fue el nombramiento de Bernie Aronson el año pasado como Enviado Especial a las negociaciones. En febrero de este año le puso dientes a su estrategia cuando presentó un paquete de asistencia para el país, que bautizó Paz Colombia, y en el que incluye fondos, anticipándose a la firma del acuerdo y pensando ya más en el posconflicto.

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Obama y muchas de sus funcionarios, han indicado que quieren un acuerdo que no conduzca a la impunidad, pero dejando claro que respaldan las acciones del gobierno en un cien por ciento, algo que no deja de ser novedoso pues la contraparte en los diálogos es un grupo al que todavía consideran terrorista y uno de los carteles de la droga más grandes del mundo.

Incluso ese respaldo ha llegado al punto de no expresar mayores reparos cuando se les anunció que los líderes de las Farc no serían extraditados a EE. UU., donde enfrentarían procesos por narcotráfico.

“Hay un interés genuino de la Casa Blanca en que las negociaciones lleguen a un final feliz. Creen honestamente que es la manera más expedita que existe para sacar a las Farc del escenario y frenar la violencia y al mismo tiempo porque simplifica un tema que es de su interés nacional como el narcotráfico”, afirma Isacson.

Dicho eso, existen también motivaciones personales. Tanto para Obama como para Kerry.

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El presidente, ya en la recta final de su mandato, está muy interesado en dejar un legado permanente en política exterior y especialmente con Latinoamérica. Sin duda el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba tras más de 5 años de ruptura es su mayor trofeo.

Pero este sería total si además logra ser parte en la resolución del conflicto colombiano, el último vestigio que queda en la región de la Guerra Fría. De igual forma, un acuerdo colombiano -por la vía de Cuba- le serviría para mostrar que el acercamiento con el régimen de los Castro, aunque polémico, está arrojando resultados concretos, algo que Rhodes sugirió al indicar cómo EE. UU., a través de Aronson, estaba sentado en la mesa de los diálogos junto a funcionarios cubanos. Hace 18 meses esto hubiese sonado absurdo.

De hecho, en algún momento de este año -y también del pasado- se pensó en hacer coincidir el viaje de Obama la isla con la firma definitiva del acuerdo, que estaba previsto para este 23 de marzo (Obama estará en Cuba del 20 al 22), un hecho muy conveniente para el gobierno colombiano pues implicaba estamparle al acuerdo un sello de aprobación de Estados Unidos.

A comienzos de febrero de este año, cuando el presidente estadounidense se reunió con Juan Manuel Santos en la Casa Blanca. El tema de paz estuvo sobre la mesa, pero ya para esa época era claro que el acuerdo no estaría listo para este 23 de marzo. Pero Obama le dijo a Santos que no se preocupara pues lo importante era lograr el mejor acuerdo posible así se tomara un poco más de tiempo y que buscaría la forma de estar presente para la firma definitiva si para entonces todavía estaba en la Oficina Oval.

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Paralelamente, el secretario Kerry también ha venido empujando desde su escritorio en el Departamento de Estado. En su caso se trata de un tema muy cercano a su corazón. En la época de los 80 y 90, cuando era senador por el estado de Massachusetts, Kerry estuvo muy activo en las negociaciones de los acuerdo de paz en Centroamérica, en los que coincidió con Aronson cuando este trabajaba en el Departamento de Estado y dicen fue instrumental en esas negociaciones.

Kerry, además, viene de un nicho ideológico muy liberal y se siempre se opuso a la presencia de EE. UU. en los conflictos de la región. Y un detalle adicional que no es menor: el Secretario siente que es un gran negociador y cree que, en el caso del proceso de paz colombiano, su participación podría ser determinante, tanto, que había programado un viaje a La Habana hace diez días con la idea de zanjar las diferencias aún pendientes y dejar el acuerdo listo para la visita del presidente Obama. Ese viaje se frustró porque su otro objetivo era garantizar el acceso de la administración a los disidentes cubanos, pero el gobierno de Raúl Castro no estuvo de acuerdo.

La insistencia de Kerry en el tema ha sido tan marcada que ya hay quienes piensan que su presencia, si bien positiva en el corto plazo pues le otorga legitimidad al proceso, es incómoda mirando a futuro pues podría complicar el trabajo de los negociadores que intentan resolver los temas pendientes.

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“Si EE. UU. estampa la firma sin que se haya firmado (con la presencia de Kerry, por ejemplo), la presión será para el gobierno colombiano pues se vería forzado a concluir pronto para quedar bien con su principal aliado estratégico”, le dijo a este diario una fuente cercana a los diálogos y que ve en los amagues de Kerry algo de vanidad.

Dicho eso, el abierto interés de la administración en los diálogos y el caso colombiano se enredó un poco esta semana cuando la propia Casa Blanca tuvo que publicar -medio a escondidas- sus últimas estadísticas sobre cultivos ilícitos en Colombia y en las que se constata que estos se han duplicado en los últimos dos años.

Dado que el plan Paz Colombia debe ser aprobado por el Congreso -dominado hoy por republicanos- puede que algunos objeten el enfoque orientado al posconflicto cuando el país vuelve a inundarse con plantaciones de coca, sobre todo cuando se ha vendido la idea que la salida de las Farc del conflicto debería estar ayudando a la salida y no contribuyendo a la expansión de los cultivos ilícitos.

Buena parte de ese futuro, y de la asistencia a Colombia, dependerá de lo que suceda en las elecciones de noviembre cuando EE. UU. escogerá nuevo presidente y legislativo. No sería lo mismo, sin duda, una administración demócrata de Hillary Clinton dando seguimiento a la propuesta de Obama que otra de un Ted Cruz, de origen cubano, profundamente anticastrista y con una política exterior nacionalista y de mano dura.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
@sergom68