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Los mitos del terrorismo yihadista

"Los jóvenes que se unen a organizaciones terroristas tienen poco que ver con ser pobre o musulmán".

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19 de marzo 2016 , 09:48 p.m.

Desde los ataques del 11 de septiembre del 2001, los terroristas han asesinado a 93 personas en Estados Unidos. De estos, 45 fueron muertos por yihadistas. Los restantes 48 fueron víctimas de terroristas que nada tenían que ver con el islam –fueron asesinatos motivados por el odio contra médicos y enfermeras que practican abortos, por el fanatismo paranoide en contra del gobierno o por la ideología neonazi. Un examen de más de 330 personas sentenciadas por tribunales de EE. UU. desde el 11-S por crímenes relacionados con el terrorismo yihadista revela un perfil que contrasta con las creencias más comunes acerca de quiénes son estos terroristas. Cuando cometieron los crímenes por los cuales ahora están encarcelados tenían en promedio 29 años. Un tercio de ellos estaban casados y otro tercio tenía hijos. Habían alcanzado el mismo nivel educativo que el promedio de la población de Estados Unidos, y la incidencia de problemas mentales en este grupo era menor que la del promedio del país. Otro dato importante es que, después del 11-S, todos los ataques letales motivados por el terrorismo islamista perpetrados en EE. UU. fueron llevados a cabo por ciudadanos o por residentes legales en ese país.

En resumen: sorprende que los terroristas islamistas que han operado en EE. UU. después del 11-S son comunes y corrientes.

Estos datos provienen de ‘Estados Unidos de Yihad’, un reciente libro de Peter Bergen, experto en terrorismo islamista que ofrece una detallada disección de lo que Bergen llama “terroristas cosechados en casa”. La gran pregunta es ¿qué hace que personas que a primera vista no muestran mayores diferencias con el resto de la población decidan convertirse en yihadistas? No se sabe.

Algunas cosas, sin embargo, están claras. La radicalización hacia la violencia yihadista tiene determinantes y contextos diferentes en cada país.

Otra característica frecuente –mas no universal– entre los yihadistas es la existencia de un evento disparador: alguna tragedia personal, graves dificultades económicas o alguna pérdida de un ser querido.

Pero al yihadismo también se llega a través de procesos psicológicos más complejos y menos evidentes. La Asociación Americana de Psiquiatría ha publicado un interesante artículo que recapitula los resultados de las investigaciones más recientes. Los psiquiatras centran su explicación en la necesidad que tienen todos los adultos jóvenes de lograr un cierto “alivio existencial”. Y añaden: “Esto implica descubrir quién es uno, adónde pertenece, qué valora, qué le da sentido a la vida, qué puede aspirar a ser y cómo puede demostrarle al mundo su valía… Para los jóvenes marginalizados, el proceso de formación de su identidad puede ser una tarea desesperanzadora”. Concluyen los psiquiatras: “Las razones por las cuales los jóvenes se unen a organizaciones terroristas tienen poco que ver con ser pobre, musulmán o psicópata, y más con las vulnerabilidades de la naturaleza humana que son exacerbadas por ciertos aspectos de las sociedades occidentales. Para los jóvenes occidentales que están en transición y se sienten marginalizados, solitarios, perdidos, aburridos, espiritual y existencialmente desposeídos y abrumados por demasiada libertad, Isis y otras ideologías superficiales pero contagiosas seguirán siendo muy tentadoras como soluciones instantáneas a las profundas dificultades inherentes a la condición humana”.

Esta visión psicológica no aporta muchas ideas prácticas de cómo prevenir el terrorismo yihadista. Pero al menos desenmascara los prejuicios que pasan por hechos incuestionables y nos hace ver lo peligroso que es adoptar políticas basadas en presunciones falsas.

MOISÉS NAÍM
@moisesnaim