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La pedagogía Waldorf: sin tecnología y al natural

Esta metodología es criticada por unos y alabada por otros. ¿De qué se trata?

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19 de marzo 2016 , 06:46 p.m.

En la calle José Antonio 125 de Lima (Perú) se encuentra una casa con las esquinas de las paredes redondeadas, como si no terminaran en filos. Tiene formas que no son fáciles de definir y sus paredes son amarillas y naranjas, con los colores que da la tierra. Al ingresar y recorrer el lugar, a pesar de ser un colegio, no se ve una sala de computadores, pero sí mesas de madera y material educativo cuya materia prima es orgánica.

En Bogotá, en el barrio Nicolás de Federmán, en el colegio Inti Huasi, que en quechua significa ‘casa del sol’, no hay nada de plástico: ni platos ni vasos ni muñecas ni fichas de encajar. Los muñecos son de trapo, los demás juguetes son de madera y las pinturas que usan los niños en sus trabajos manuales son traídas de Alemania porque son fabricadas con ingredientes naturales. La alimentación se prepara totalmente en el colegio, nada es procesado.

Centros educativos como estos hay en Cali, Medellín, Chía, Estados Unidos, Egipto, Rusia, Namibia, Kenia, Israel, Sudáfrica y, por supuesto, Europa, donde nació Rudolf Steiner (1861-1925), quien creó la antroposofía –se decía que era clarividente– y la pedagogía Waldorf, que utilizan los colegios mencionados.

La antroposofía, según Patricia Clavijo, maestra del Inti Huasi, es un estudio del hombre y un camino hacia el conocimiento. Entre muchas otras premisas, sostiene que el ser humano tiene alma, cuerpo y espíritu: que el alma reencarna y que la biografía del ser humano tiene diferentes etapas divididas en ciclos de siete años. De ahí que se eduque a sus alumnos de acuerdo con estos septenios: de los 0 a los 7 años, de los 7 a los 14 y de los 14 hasta terminar. Este último septenio finaliza a los 21, pese a que los muchachos acaban el colegio a los 18, en promedio.

Durante los primeros siete años se fomenta más la voluntad, los niños juegan, hacen rondas, las maestras les narran los cuentos de los hermanos Grimm. En la siguiente etapa se fomenta más el hacer y ya aprenden matemáticas, a leer y a escribir en un buen nivel. Y en la tercera, se prioriza el pensar.

Una vez a la semana los profesores tienen reuniones de estudio y una vez al mes se reúnen los padres.

“Lo que nosotros hacemos es educar las facultades del alma para pensar, sentir y promover la voluntad para la acción”, explica Janeth Beltrán, directora del Colegio Campestre Montecervino de Chía, que aplica la pedagogía Waldorf.

Las actividades diarias se organizan según el ritmo del cuerpo, del día, de la vida. Se promueve el sueño como algo fundamental para los estudiantes, pues durante este se afianzan los conocimientos, y se fomentan los trabajos artísticos y manuales, la talla en piedra, en madera, el trabajo con las manos, mas no el fútbol.

También aprenden con acciones. Patricia Clavijo explica, por ejemplo, que las formas no solo las conceptualizan con un dibujo; también caminan siguiendo una línea o un círculo o un cuadrado, buscan estas figuras en la naturaleza, las descubren y también las pintan.

Toda una experiencia

La pedagogía Waldorf volvió a estar sobre la mesa luego de que diversos medios de comunicación, incluido El País de España, contaran recientemente que los hijos de muchos gurús de Silicon Valley (uno de los epicentros mundiales del desarrollo tecnológico, situado en California, Estados Unidos) asisten, paradójicamente, a centros educativos que la aplican.

Un ejemplo de esa misma decisión, pero en Colombia, es Alejandro Escobar, quien hace más de seis meses cambió a sus hijos de un colegio tradicional, bilingüe y con bachillerato internacional de Bogotá, al colegio Montecervino en Chía, de pedagogía Waldorf, el cual tendrá este año su segunda promoción de egresados.

Allí, cada salón tiene su huerta y los estudiantes, que no llevan comida de paquete en sus loncheras, trabajan en ella. Los hijos de Alejandro, para citar solo un efecto de este tipo de educación, han reducido en 90 por ciento el tiempo que pasan frente al televisor –la pedagogía Waldorf no usa tecnología como computadores, tabletas, videojuegos o televisores, porque quieren proteger el impulso de la creatividad–.

Alejandro describe los días de sus niños en el colegio como mañanas en las que las primeras horas están destinadas a los conocimientos que exige el Icfes, es decir, a materias como matemáticas, sociales, español y biología. Cada una de estas áreas la estudian durante cuatro meses seguidos sin mezclarlas entre sí. Las demás horas del día tienen asignaturas Waldorf como huerta, música y proyecto de vida, entre otras.

Este padre de familia es católico, se considera incluso un poco dogmático, y siente que el colegio no va en contravía de lo que él cree. Dice que el tema de la reencarnación lo deja a un lado, pero que le gustan las prioridades del colegio, que, por ejemplo, no fomenta el consumismo. Y resalta que para él lo importante no es la acumulación del conocimiento, sino que cada estudiante se sienta parte de este planeta, que tenga un potencial y que descubra cómo lo puede usar en beneficio del mundo.

Respondiendo a las críticas

Los comentarios en contra de estos colegios que aplican la educación alejada de la tecnología abundan en internet. Incluso, una página de padres de Estados Unidos tiene como objetivo revelarles a otros que esta educación es una farsa. Van desde señalarlos de ocultistas y de ser una secta hasta de tener ideología nazi por cuenta de su creador.

Janeth Beltrán, directora del Colegio Campestre Montecervino de Chía, responde a estas críticas.

¿Es la pedagogía Waldorf ocultista o forma parte de la ideología de una secta?

Esa es una interpretación de personas que no han profundizado en el contenido y es una opinión sin investigación. Si llamamos ocultismo a indagar sobre el ser humano, pues sí, pero la verdad es que cuando Rudolf Steiner (creador de la metodología) dice que el hombre es espíritu, cuerpo y alma, es algo que han dicho muchos pensadores de la humanidad.

¿Es una religión?

Es una cosmovisión, no es una religión.

¿Es cierto que es seguidora de ideas nazis?

Repito la respuesta: hay que ir al conocimiento y observarnos a nosotros mismos. La propuesta de Steiner era de igualdad, fraternidad y libertad, lo que es revolucionario en el mundo.

Los padres enemigos de esta pedagogía dicen que les esconden información sobre lo que son realmente estos colegios...

En el proceso de admisión se hace una entrevista inicial donde explicamos todo y durante los últimos tiempos hemos visto la necesidad de tocar todos estos temas, la reencarnación, el karma destino, la ley de los septenios, con total honestidad, pues toda la información está en internet y preferimos que los padres la conozcan por nosotros y resolverles sus dudas.

Dicen que adoctrinan a las familias...

No todos los padres creen en la antroposofía, tenemos familias ateas, protestantes, de todas las religiones, son padres con un pensamiento libre y real. Y son papás con pensamiento crítico, que cuestionan. Lo que decimos es que hay que observarse a sí mismo en los pensamientos, los sentimientos y la voluntad. Aquí se estudian libros, hay reuniones con los padres, hay medicina antroposófica, hay muchas líneas que ayudan al ser.

CATALINA GALLO
Para EL TIEMPO