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Minminas, la Creg, el Niño y el Gobierno

El Gobierno tiene que reestructurar la organización y el funcionamiento de la Creg.

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18 de marzo 2016 , 06:56 p.m.

Eso de ser ministro, en general, y de Minas y Energía, en particular, es muy difícil. Está lleno de riesgos. Uno sabe cómo entra y nunca sabe cómo sale. Unos pocos han estado los cuatro años del período presidencial en el Ministerio de Minas, pero la mayoría hemos ocupado el cargo por uno o dos años como máximo.

La opinión pública cree que la cosa es fácil. Está muy equivocada y es muy injusta. El desgaste es mayúsculo y veloz. Hay que fijar el precio de la gasolina mensualmente y presidir la Comisión de Regulación de Energía y Gas, la Creg (con solo un voto), en donde se adoptan las decisiones sobre las tarifas de energía eléctrica y el gas que paga el consumidor, lo mismo que las de transporte de electricidad y gas. En otras palabras, desde el Ministerio de Minas y Energía se toca el bolsillo de los colombianos todos los meses, por lo cual el ministro nunca es popular, no puede, ni debe serlo.

En la Creg, además, se regula la operación del sistema eléctrico para asegurar el suministro presente y futuro de energía eléctrica y para proteger a los consumidores de abusos de poder monopólico que puedan cometer las empresas que generan, transportan y distribuyen la energía eléctrica y el gas.

Las circunstancias que ha experimentado el sector eléctrico en Colombia en los últimos doce meses han sido las más difíciles desde que se implantó el sistema actual, después de promulgarse las leyes 142 y 143 de 1994 que establecieron el marco del modelo de suministro de los servicios públicos en Colombia. La Creg no ha estado a la altura de sus responsabilidades, por lo cual estamos ad portas de un racionamiento eléctrico (llámese como se llame). Y, de paso, fundió al ministro González.

A pesar de los eventos extremos que han ocurrido –el incendio en la central de Guatapé y el incidente en la planta térmica Flores IV–, el impacto del fenómeno del Niño era previsible. Yo mismo –me molesta auto- citarme– escribí en noviembre en esta columna que la generación térmica con combustibles líquidos, en lugar de gas natural, había implicado pérdidas cuantiosas para las plantas térmicas y que, si salieran del mercado y no hubiera agua suficiente en los embalses, podría sobrevenir un racionamiento. Por detrás estaban los efectos maléficos de la regulación del “precio de escasez”, que no se ajustó oportunamente, y la lentitud que caracteriza la toma de decisiones de la Creg.

Pues bien, eso pasó. Más grave aún: al no operar la hidroeléctrica de Guatapé, el agua se quedó atrapada en toda una cadena de centrales (Playas y San Carlos) y no se ha podido utilizar para la generación eléctrica aguas abajo. Los datos que recibo de una firma que se dedica a la inteligencia en energía (Concentra) hablan por sí solos: por la falla de Guatapé, “en el momento de mayor intensidad del fenómeno del Niño, el volumen útil agregado de los embalses pasó de 47 % (14 de febrero) a 27 % (10 de marzo), lo que indica que se ha perdido 1 % por cada 3,7 días en promedio”. Y la generación térmica ha tenido que suplir, a toda máquina, la falta de la hidráulica, por lo cual no sorprende que estas plantas también fallen.

La precariedad del suministro de energía eléctrica es, en estos momentos, absoluta.

El Gobierno, adicto a las campañas mediáticas, se fue por el camino de pedirnos a los colombianos que ahorremos energía, con lo cual, de hecho, nos pasó la responsabilidad del racionamiento. Lo que tiene que hacer, sin embargo, es escuchar a los técnicos –que están para eso–, programar los cortes de energía y, simultáneamente, reestructurar la organización y el funcionamiento de la Creg, para que esta cuente con miembros más idóneos y actúe con agilidad.


Carlos Caballero Argáez