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Renace el programa para guardianes del patrimonio, de la U. Externado

Tras estar al borde del cierre, la única carrera de restauración y conservación reabre sus puertas.

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17 de marzo 2016 , 11:12 p.m.

Estaba moribunda, a punto de parir sus últimos hijos y sin expectativa de dar vida a unos nuevos. Pero volverá a ser madre.

El programa de Conservación y Restauración de Patrimonio Cultural Mueble, de la Universidad Externado de Colombia, reabrió sus puertas para seguir formando a los guardianes del patrimonio del país.

Son aquellos que tocan una pintura mural deslucida, a punto de desmoronarse y le devuelven la vida. Los que toman una escultura rota, llena de grafitis y la hacen ver como nueva. Reconstruyen los objetos que han hecho historia.

Hace un año estaban por graduarse quienes serían los últimos que estudiarían ahí. Desde el 2013, la universidad dejó de recibir alumnos, tras 22 años de graduar profesionales que han restaurado más de 1.000 piezas –entre ellas la iglesia del barrio Egipto– que relatan el paso de 200 años de patrimonio.

Al ser una carrera atípica, pocos se inscribían y, sin apoyo de la Nación, no podían costear los laboratorios y los materiales. Lo triste es que es la única carrera profesional de este tipo en Colombia y de las pocas que aún sobreviven en Latinoamérica.

Pero este año entraron 14 nuevos estudiantes provenientes de Bogotá, Boyacá, Santander y del Valle del Cauca. Doce de ellos están becados durante los cinco años que dura la carrera. “Nos sorprendió que a la convocatoria del Ministerio de Cultura se presentaran 36 candidatos. Era más de lo que esperábamos”, explicó William Gamboa Sierra, director del programa de Conservación y Restauración del Externado.

Gamboa explicó que el artículo publicado hace un año por este diario sobre el cierre de este programa provocó protestas de los egresados. “Todo pasó muy rápido. En un mes, y gracias a la voluntad del rector Juan Carlos Henao y de las ministras de Cultura y Educación, comenzaron las reuniones para reabrirlo y se ofrecieron las becas”.

Estas se otorgaron a 12 jóvenes, con conocimientos previos de restauración. No obstante, Gamboa aclaró que “el programa se abrirá semestralmente y es para cualquier bachiller, solo que con las becas se hizo una selección distinta”.

Y esta nueva generación tiene un nuevo enfoque: proteger la memoria del conflicto armado.

La nueva estirpe

Giovanny Camargo y Diego Miranda, ambos de 27 años, son dos de los beneficiados. Giovanny viene de la Escuela Taller de Boyacá, en Paipa, y es hijo de un carpintero que le enseñó el amor por la madera.“Desde niño me gusta hacer cosas con las manos. Si había barro, hacía figuras. Y mi papá me enseñó a usar el torno y a tallar”, explicó el joven boyacense.

Diego también aprendió el amor por los oficios manuales gracias a sus papás. Su mamá, nacida en Miraflores (Boyacá), se fue desde joven a Bogotá para manejar el negocio de litográfico y tipográfico que heredó de su tía. “Es un arte que se está perdiendo con la tecnología. Como esas máquinas son de plomo y hierro, muchos las vendieron por kilo para fundición”, lamentó. Pero sus padres se niegan a esa fatalidad y siguen con su taller en Engativá.

Sin embargo, Diego no se enamoró del papel, sino de la piedra y se enroló en la Escuela Taller de Bogotá. “Comencé a estudiar la cantería, que es la talla en piedra, pero el programa se acabó a los 6 meses porque la mayoría dejó el curso”.

Lo bueno es que le ofrecieron terminar sus estudios en Barichara. “¿Quién en Bogotá tiene la oportunidad de irse a estudiar a la cuna de los talladores, pueblo patrimonio? ”, dice.

Para los dos, lo más duro ha sido volver al aula. “Uno estudia química, historia... pero es importantísimo, porque aunque ya sabíamos cosas del oficio, cuando uno es profesional se abren puertas”, explicó Giovanny.

NATALIA GÓMEZ CARVAJAL
Subeditora de EL TIEMPO
En Twitter: @nataliagoca