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Reportero industrial

La galería nacional Jeu de Paume presenta el trabajo gráfico de François Kollar.

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17 de marzo 2016 , 06:02 p.m.

La retrospectiva de fotografía de François Kollar (1904-1979) parece el guión gráfico (o storyboard) de la película ‘Tiempos modernos’ en que Chaplin comparte con cientos de tuercas y tornillos gigantes, palancas, manecillas, mecanismos giratorios y hombres trabajando sin descanso. El foco de Kollar es el mundo obrero que posibilitó las grandes fábricas hacia los años 30. Son 130 fotos captadas entre 1930 y 60 por este maestro del reportaje, que tras dejar su Hungría natal en 1924, se instaló en París para trabajar en la Renault.

La experiencia que adquiere allí, más otra que había acuñado en construcción de ferrocarriles, lo hizo sensible a formas y espacios manufactureros. Pero es encuentro con la máquina el que le permite explorar un tema muy poco ensayado: el paisaje industrial. Desde ese ángulo trata gran diversidad de temas: los variados oficios la industria, los engranajes de las fábricas que doblan en tamaño a los trabajadores, las manos engrasadas y músculos tensionados, la producción en masa y la tierra desmembrada por máquinas que cavan para túneles y puentes. Lo logra por medio de una serie de juegos de claro-oscuro, luces, transparencias y texturas; de ahí el título de la muestra: Kollar: un obrero de la mirada”.

La exposición se dedica al punto culminante de la carrera de Kollar: la serie Francia trabaja, encargo de la revista Horizontes de Francia compuesto de reportajes gráficos publicados en 15 fascículos y realizados entre 1931 y 1934.
Estos reportajes estuvieron segmentados por sectores de producción: agricultura, siderurgia, oficios marítimos y eléctricos y fueron realizados no tanto para documentar la industria, sino para darle valor a la figura de quienes hacían posible la idea floreciente de progreso: los trabajadores, hombres o mujeres. La serie lo convirtió en uno de los más destacados reporteros de la época.

Pero la exposición no se detiene allí, pues también muestra otro destacado periodo de la carrera de Kollar: el decenio entre 1950 y 1960, que corresponde a sus últimos trabajos y en el que recoge imágenes sobre cómo la industria se desarrolló en Francia y se expandió hacia las zonas colonizadas por el país en África occidental.

Sin embargo se percibe una ausencia en el trabajo de Kollar: los temas relacionados con el pueblo y sus reivindicaciones. De ellos, se mantuvo al margen –voluntariamente- pues nunca quiso documentar los múltiples movimientos sociales de este periodo: ni el más grande de 1929, ni los que se desarrollaron entre 1931 y 1936.
Pero esta exposición no estaría completa si no se vieran algunos de sus primeros trabajos: autorretratos y fotomontajes, de los que fue cómplice su esposa Fernande. También hay una serie de imágenes publicitarias y de moda, pues el auge de estos dos mundos estuvo ligado al desarrollo industrial. Kollar hizo fotografías para emblemáticas marcas, como Omega, Christofle, Hermès y los perfumes de Worth y Coty. Paralelamente trabajó varios años para revistas como Harper‘s Bazaar, L‘Illustration, VU, Voilà, Le Figaro Illustré y Plaisir de France.

Y si en estas series hay un sello de refinamiento y gusto por el lujo y el esplendor, lo esencial de estos primeros trabajos es que cuando tomaba un vestido, una joya o alguna pieza de arte, su lente se enfocaba en el gesto y la inteligencia de la mano que los había creado.

Se trata de una exposición imperdible para los amantes de la fotografía, pues además de revelar la maestría técnica de Kollar, muestra la diversidad del trabajo de un ‘fotógrafo obrero’, que logró una mirada singular de su época y testimonió la ideología del progreso, motor de la economía capitalista.

Melissa Serrato Ramírez