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Un ejemplo

Las humanidades y los estudios literarios en la era de la excelencia académica.

17 de marzo 2016 , 05:46 p.m.

En diciembre de 2014, la convocatoria de Colciencias para la medición de los grupos de investigación generó un debate en la comunidad académica que se inició con una carta de los docentes del departamento de Literatura de la Nacional a la directora de ese organismo, y cuyos argumentos suscribieron luego docentes de humanidades de otras universidades como la del Valle y Los Andes, en la que señalan que dicha convocatoria “desconoce totalmente la naturaleza de las humanidades y está exclusivamente pensada en función del campo de las ciencias duras y aplicadas”. Varios elementos de esa discusión, que va más allá de la situación desventajosa en que las recientes políticas de evaluación y financiación de la investigación ponen a las ciencias humanas, y que entraña un cuestionamiento del ‘derecho de ciudadanía’ de estas disciplinas en la sociedad contemporánea, son recogidos en el segundo número de 2015 de la revista del Departamento de Literatura de la Nacional, que presenta reflexiones sobre el papel de las humanidades en la actualidad.

Los autores de los textos que conforman este volumen -docentes, investigadores y estudiantes- exploran las causas de la crisis que enfrentan hoy sus disciplinas, y cuyos signos más patentes son la considerable reducción de presupuesto, planta docente y número de estudiantes de las facultades de humanidades y la poca o nula visibilidad de la labor del humanista (antes venerado con el título de ‘intelectual’, figura estelar de la escena política, académica y cultural) en la vida pública, en comparación con el protagonismo de los expertos en ciencia, tecnología y economía (nuevos ‘sacerdotes’ en quienes se confía la suprema tarea de iluminar los destinos de la humanidad), lo que ha hecho que el sociólogo, el historiador, el filósofo y el literato parezcan ya no tener nada significativo qué decir sobre el hombre, la existencia y la sociedad.

Desde la óptica de varios egresados de Antropología en Bogotá, que vieron cómo la implementación del sistema de créditos académicos ha minado la ‘solvencia teórica’ en su carrera; o la de un profesor mexicano que explica cómo la profesionalización de la investigación en ese país ha llevado a que los profesores universitarios se interesen cada vez menos de sus clases y más de publicar; pasando por la exposición que hace un directivo del medio académico de los efectos de la irrupción de la universidad con fines de lucro en Brasil, los artículos arrojan luces sobre la forma en que las reformas en varios países y calcadas sobre el modelo de la gestión empresarial responden a un cambio de paradigma en el que la universidad ya no se concibe como recinto privilegiado de la cultura, la ciencia y el conocimiento, sino como una corporación que, en cuanto tal, debe someterse a las leyes inexorables del mercado y generar réditos a la sociedad que invierte en ella, modelo en que el lugar de las humanidades, disciplinas con una exigua demanda y escasos resultados cuantificables, está seriamente amenazado.

Lorena Panche Veloza