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Relato de su tiempo

Una 'larga entrevista' en la que Roberto Pombo, director de EL TIEMPO, recuenta su vida profesional.

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17 de marzo 2016 , 10:37 a.m.

Todo el mundo debería contar su historia, las cosas de la vida que le tocaron en suerte o en desgracia. Y más en una época como la nuestra, amenazada al mismo tiempo por 2 fenómenos contrapuestos: la desmemoria -la negligencia hacia el pasado, el olvido casi como un método- y la abundancia desbordada de aparatos y dispositivos tecnológicos que todo lo pueden grabar y todo lo gra-ban, aunque no sabe uno nunca adónde vayan a parar esos recuerdos, en qué mar van a perderse tantas voces y tantas caras. Pero todo el mundo, como tes-tigo o como protagonista, debería dejar el relato de su tiempo; al fin y al cabo la vida de cada quien es una biografía y una novela en la que todos, cada uno por su lado, somos las dos cosas a la vez. Eso le dijo siempre un amigo a Ro-berto Pombo: que su obligación era contar lo que le ha tocado vivir en su ca-rrera desde que fue reportero judicial en El Heraldo hasta lo que es hoy, direc-tor de EL TIEMPO. Es más: fue ese amigo también el responsable de que Pom-bo se hiciera periodista, al pedirle que le enviara colaboraciones desde el Bra-sil para Alternativa, y luego, cuando volvió de São Paulo, al meterlo de lleno en la redacción de esa revista emblemática y atomizada de la izquierda colombia-na.

Roberto llegó a trabajar en Alternativa cuando la revista ya estaba en la quie-bra y ninguno de sus 2 accionistas principales, García Márquez y Enrique Santos, podía ni quería meterle más plata, algo que ambos habían estado ha-ciendo durante muchos años para mantener como fuera la lucha valerosa del que era entonces, quizás, el único medio enfrentado de verdad contra el poder en Colombia. Pero ya para ese momento, 1981, la asfixia publicitaria a la que la tenían sometida sus enemigos y la asfixia ideológica y dogmática a la que la tenían sometida sus amigos -o quizás era al revés: aquí nunca se sabe- hizo que la revista se fuera a la ruina.

En el sentido literal de la palabra, Alternativa fue el bautizo de fuego de Ro-berto Pombo en el periodismo, el único oficio al que se ha dedicado desde en-tonces, a pesar de haber terminado la carrera de derecho sin graduarse ja-más. Primero estudió en la El Rosario -había hecho con éxito el bachillerato en el colegio Refous, lo cual no es poca cosa, todo lo contrario- y después en Los Andes. Pero al acabar materias prefirió irse para Brasil y allá estuvo dedicado a aprender portugués, a escuchar música, a vender tumbas de puerta en puerta, a trabajar en un periódico deportivo. Viajó por São Paulo, por Bahía, por Río. Y al regresar de ese viaje fue cuando su amigo le dijo que entrara a escribir en la revista, que estaba ya en sus días finales. No importa: haber estado en esa redacción agitada y febril, aunque fuera solo a lo último, sembró en Pombo la certeza de que el único oficio que le interesaba de veras era el periodismo, y desde entonces no ha hecho más que trabajar en él.

Este libro nace de allí, de las muchas historias y anécdotas que le han tocado en la vida; de los personajes con los que se cruzó, de todo lo que ha visto al acecho de las noticias. Y no solo porque esas historias sean interesantes o encantadoras o trágicas, sino porque en ellas hay también un relato de la his-toria de Colombia, de lo que ha sido este país para bien y para mal en los úl-timos 40 años. Porque el periodismo es una tribuna privilegiada para medirle todos los días el pulso a la realidad; para escribir la historia del presente, la historia tal como va ocurriendo. Y más cuando el periodista, como en este ca-so, ha visto desde siempre, y desde adentro, los resortes que hacen funcionar o no a nuestra sociedad, los hilos profundos del poder y sus trampas. Por eso esta no es una entrevista sino una larga conversación, jalonada por el testi-monio de quien ha vivido muy de cerca, desde todos los peldaños de su oficio, los momentos más importantes de la vida colombiana en su historia reciente.

La voz de este libro, recogida en horas y horas y horas de grabaciones al final de la tarde, es la de un periodista que ha ejercido su profesión desde la repor-tería judicial hasta la dirección del periódico de mayor circulación en el país. Con una visión de las cosas que está aquí presente y que es inequívoca; con una concepción del mundo y del oficio que él mismo explica sin reservas ni complejos. ¿Que hay quienes no la comparten? Ojalá, está bien. Pero este libro no es una apología ni una biografía -cómo podría serlo- sino un diálogo: una invitación a hablar sobre el pasado, el presente y el futuro, sobre todo; un re-cuento a veces doloroso y a veces cómico de lo que puede ocurrir en una vida que se ha pasado de alguna manera contando la vida de los otros.

Juan Esteban Constaín