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Caballero andante

Don Quijote en los 400 años de Cervantes.

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17 de marzo 2016 , 10:30 a.m.

Don Miguel de Cervantes era conocido en su época como un ingenio lego. Pero otra cosa devino su vida, su obra y su locura, según un ingenioso alemán que nos visita. Gernot Kamecke, filósofo romanista quien vino a Colombia a hablar del siglo del Quijote, el siglo de oro español, confiesa de entrada su admiración total por Cervantes, el inventor de la novela moderna. “Cervantes es maravilloso. Cuando uno mira su vida hay muchos accidentes. Es una gran fortuna que tenemos ‘El Quijote’. Cervantes empezó a escribir su obra a una edad avanzada, a los 50 años. Antes estuvo en Italia, después participó en la famosa batalla de Lepanto contra los musulmanes turcos. Era soldado en un barco donde fue herido y quedó convertido en el ‘manco de Lepanto’. A su regreso el barco fue agredido y encarcelado; duró 5 años preso hasta que fue liberado merced a la intervención de sus amigos y su familia. Llegó a España donde escribió una novela muy convencional, ‘Galatea’.

Su libro no funcionó ni fue comprado pero allí empezó a ser escritor. Abandonó la profesión de escritor para ser recaudador de impuestos de la Corona en Sevilla. Por los años 90, al fin de su siglo XVI, empezó a escribir ‘El Quijote’. De nuevo encarcelado por sus problemas con la Hacienda, finalmente perdemos sus huellas. De modo que no sabemos ni cuándo, ni cómo, ni dónde escribió su obra. Es un verdadero acontecimiento porque su obra aparece de la nada”.

Lo curioso es que ese acontecimiento surge de un dramaturgo fracasado y un poeta poco afortunado cuya tormentosa y abundante vida sirvió de alimento a la abundancia de su prosa. Dice el profesor alemán que su vida es escabrosa pero normal para su época. El ingenioso lego tenía la cabeza llena de lecturas sobre libros de caballería y Don Quijote puede ser leído como una crítica a la literatura caballeresca. “Cervantes es un fascinante crítico de esa literatura. Se inventa la figura de un falso caballero que critica al género de caballería por ser falso.

Esa es su enorme ironía. La primera parte de su obra aparecida en 1605 fue leída como una obra cómica de enorme éxito inmediato. Pero 10 años después de su muerte su libro cayó en el olvido. Se necesitaron 150 años para que recobrara su prestigio literario”.

Pero ¿cuántas lecturas admite su obra? Los románticos leyeron el Quijote como la figura de un loco que desde su locura hace una crítica a la realidad existente de ese mundo. “Es un fantasma que se contrasta con esa realidad. Pero esta lectura autocrítica está incluida en la segunda parte. La gente había leído la primera y se interesó por el caballero andante y su escudero hasta el punto de recibirlos en cada pueblo como héroes. De modo que esos personajes se transforman uno en otro y se habla de Sancho convertido en Quijote y viceversa”. Pero la más apasionante lectura de ‘El Quijote’ es sugerida por el mismo Cervantes quien propone desde su prólogo a la segunda parte una teoría sobre la novela misma. “Es una novela dentro de la novela. Esto es lo interesante para la novela moderna porque toda ella intenta una autoreflexión sobre sí misma”.

Preguntamos al crítico alemán sobre la locura misma del Quijote como algo intrínseco no solo a su personaje sino a la locura literaria y la fantasía creadora. “La locura del personaje es literaria. Basta leer el capítulo VI sobre el barbero y el cura cuando queman los libros de Don Quijote en un intento por curarlo. Hay verdaderos capítulos de locura como la batalla contra los molinos de viento. Pero lo grande es la utilización de la fantasía como contrapunto de la realidad. Es la literatura la que se critica desde ella misma. El discurso literario es uno interno y no moral o conceptual desde fuera de la obra”.

El Quijote se despierta y deja la locura antes de morir. Pero nosotros también nos despertamos para abandonar la novela porque no vale la pena novelar sobre un Quijote cuerdo. Porque “Cervantes mismo, ni siquiera supo lo que había escrito”. Pues de haberlo sabido quizás, hubiera dejado desde antes de estar loco.

 

Ciro Roldán Jaramillo

Profesor Universidad Nacional