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Los desgarradores testimonios de las víctimas del expara Ramón Isaza

En el fallo conocido por este diario, los familiares reclaman el paradero de sus seres queridos.

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16 de marzo 2016 , 02:22 p.m.

En la sentencia de primera instancia que la Sala de Justicia y Paz condena al exjefe paramilitar Ramón Isaza a 40 años de prisión y una multa de 50.000 SMLV, las víctimas entregaron desgarradores testimonios cometidos por las Autodefensas del Magdalena Medio.

Previo a las declaraciones de las víctimas en la sentencia de 1025 páginas conocida por EL TIEMPO, señala que por motivos de seguridad a su integridad “varias de ellas expresaron miedo y temor por las consecuencias que pudieran generar sus declaraciones, lo que motiva a la omisión en sus identificaciones”.

Dentro de los testimonios se encuentra el de una madre de 61 años que le pide al exjefe paramilitar confirmar si su hijo de 19 años y desaparecido el 28 de agosto de 2001, “lo tiraron al río o si lo tiene en alguna fosa (para) que me entreguen los restos y hacerle el entierro o lo que sea”.

Una desplazada del municipio de Aquitania (Boyacá) dice que su padre y sus dos hermanos fueron asesinados en la selva y enterrados en una fosa, porque según los comentarios en ese entonces, “los mataron porque supuestamente negaron a la guerrilla”.

La mujer agrega que a raíz de la situación llegaron a vivir a una casa con más de tres familias ubicada en Rionegro (Antioquia): “No teníamos, como muchos, para solventar los gastos, nos tocó recoger en la plaza de mercado lo que ya no les servía a ellos, rebuscándonosla por ahí, haciendo aseo en las casas, lo que se diera para hacer. Fue una situación bastante difícil para nosotros”, expresó.

“¿Cómo nos va a reparar el daño que nos hizo?", le pregunta una madre a Ramón Isaza. Y añade: “No voy a preguntar el motivo porque madre es madre y uno no sabe qué hacen los hijos después de las puertas de la casa para afuera, pero sí quiero que me haga el favor y me diga dónde lo dejó, no sabe el daño que nos causó, el dolor, no solo a la mamá, sino a toda la familia”.

Otro testimonio pide saber en dónde está el cuerpo de su madre desaparecida en la vía Bogotá-Medellín el 16 de abril de 1994: “Señor (Isaza), usted sabía que éramos unos niños y no teníamos ni papá ni nada, tenía un niño de 6 años y yo apenas tenía 12 años, y mis hermanitos todavía eran unos niños, no teníamos casa, no teníamos nada (…). ¡Denos a mi mama, señor, por favor! (llanto incesante)”, declaró.

En el fallo de primera instancia, las víctimas le hacen preguntas a alias el Viejo –como también se le conoce a Isaza–: ¿Dónde tienen a mi hermano? ¿Quién me va a pagar a mí eso, esos daños que ustedes me causaron? ¿Qué hicieron con mi hijo? ¿Cómo es que dejan pues que estas personas hagan una barbaridad de estas? ¿Quién nos repara esta novela que quedó inscrita para toda la vida? ¿Usted sabe dónde dejaron el cuerpo de mi madre?

Entre llantos, los familiares reclaman el paradero de sus seres queridos y exigen verdad y justicia. “¡Por favor, dígame ¿hasta cuándo más tengo que esperar?!”, finaliza una mujer.

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