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Así nació el Festival de Música Colombiana que se toma Ibagué

Su creadora, Doris Morera, cuenta detalles curiosos del evento. Consulte toda la programación.

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15 de marzo 2016 , 08:36 p.m.

Fue en un cementerio, hace 30 años, donde nació el Festival de Música Colombiana, que se toma esta semana la ciudad de Ibagué (Tolima). Ocurrió durante una corta serenata a las 11 de la mañana, frente a la tumba del dueto Garzón y Collazos, que se terminó extendiendo hasta las 7 de la noche.

“Eso fue en complicidad con el capellán del cementerio, el padre Camilo Torres. Me acuerdo de que al final salimos todos a tomarnos algo en una tienda que quedaba en frente, que se llama La última lágrima”, cuenta Doris Morera de Castro, fundadora del Festival y de la Fundación Musical de Colombia.

Morera recuerda que todo comenzó cuando ella era coordinadora de recursos humanos de Telecom, en el Tolima. Un día, el músico César Augusto Ramírez, gran amigo de Garzón y Collazos, se le acercó y le propuso rendirle un homenaje al emblemático dueto de antaño.

La respuesta fue de apoyo total. “Algo se despertó en mí como de liderazgo, fue el principio de algo nuevo en mi vida, porque con un gran entusiasmo me dediqué a realizar una convocatoria a nivel regional (Tolima, Huila, Caquetá y Girardot) para que duetos, rondallas, corales, quintetos se movilizaran para este homenaje”, dice Morera.

En un tiempo récord de 15 días, esta enamorada de la música de Colombia logró una respuesta rotunda. De este modo, la serenata la abrió la Coral Ciudad Musical, “uno de los patrimonios folclóricos de Ibagué”, anota. A la velada se unieron músicos de la talla de Jaime Llano González y Jorge Villamil, entre otros.

Al regresar a su casa, esa noche, Morera se propuso repetir esta celebración al año siguiente, pero con aspiraciones mucho más grandes. Para ello, conformó un comité de ilustres personalidades de la ciudad.

Así fue como para el segundo año el evento ya logró la atención de la prensa nacional. “Pero, además, logramos la presencia de algunos duetos invitados de Medellín, Eje Cafetero, del Huila y de Bogotá. A partir de ahí, Jorge Villamil se vinculó de manera permanente a nuestra organización”, cuenta Morera.

Fue tal la acogida que al siguiente año los organizadores ya debieron pensar en sacar el evento del cementerio de la capital del Tolima. “Claro, porque el padre Camilo me dijo: ‘¡No, Doris, esto ya se me salió de las manos! A mí me va a echar el obispo porque ustedes a las 8 de la noche todavía en el cementerio cantando’. Claro que él fue hincha de nosotros toda la vida hasta que nos dejó”, relata Morera.

Precisamente ese año, ella creó la Fundación Musical de Colombia, que ha sido el gran pilar y motor durante estas tres décadas de este encuentro alrededor del folclor musical andino del país.

Ya con un organismo oficial, el reto para el tercer año fue llenar la Concha Acústica de Ibagué, con más de 5.000 personas. A partir de ese momento, este tradicional recinto se vio engalanado, cada marzo, con la presencia de destacados artistas de la historia del país.

A su escenario se han subido leyendas de la música andina colombiana y del Caribe de gran trayectoria: Jorge Villamil, Silva y Villalba, Víctor Hugo Ayala, Jaime Llano González, Héctor Ochoa, Helenita Vargas, Rafael Escalona, Lucho Bermúdez, Carlos Vives, Eduardo Cabas y Sonia Osorio, entre otros.

“Lo cierto es que ese tercer año se llenó literalmente hasta los árboles esa Concha Acústica. Ya de ahí en adelante hemos tenido la fortuna de llenarla todos los años, gracias a la acogida de la gente”, comenta su creadora.

Y gracias también al espaldarazo que desde el cielo le enviaron en agradecimiento Garzón y Collazos. Por eso, la serenata frente a su tumba se conserva, con una oración por la paz, una ceremonia litúrgica, ofrendas florales y el desfile musical, que ahora termina a las 3 de la tarde. “Ese es el gran amuleto de buena suerte del Festival. Para mí es lo más sagrado”, dice Morera.

La gestora cultural recuerda que este sueño comenzó en uno de los estudios de su casa en Ibagué, que debió acondicionar como oficina del Festival, donde se organizó los 12 primeros años. “Comenzamos a trabajar los fines de semana y en las noches, y me tocó tener secretaria nocturna para coordinar todo lo del Festival desde mi casa, para que no interfiriera con mi otro trabajo. Además, tuve que empezar a pedir las vacaciones a partir del primero de marzo para estar de lleno en esto”.

Con los años, logró que durante los tres primeros meses del año, la Alcaldía o la Gobernación le prestaran un sitio para instalar el equipo encargado de la organización del evento.

De esta manera, el Festival se convirtió en el gran proyecto de vida de Morera, al que se entregó de lleno cuando llegó el anhelado día del retiro. “Esa pensión me ha permitido regalarle mis 24 horas diarias a la Fundación sin devengar ni un peso de salario. El Festival, después de la crianza de mis cuatro hijos (Doris, Diana, Óscar Eduardo y Sandra), ha llenado el resto de los espacios de mi vida”, dice con orgullo.

La creación del Festival tocó sin duda esa fibra que permanecía dormida en el interior de Doris Morera, desde sus épocas de infancia. Pues ella creció en medio de la tradición de las serenatas, que su papá le daba a su mamá, y luego las que le llevó su primer novio y único esposo, Óscar Castro Restrepo.

“Mi papá me llevó serenata hasta los 16 años, porque la de los 17 me la dio Óscar. Y esa noche que llegó la serenata, que fue emocionante, yo corrí para la habitación de papá y mamá, pensando que era para ella. Y no, ahí estaban los dos. Entonces mi papá dijo: ‘¿Para quién es?’. Pues era para mí”, recuerda Morera llena de nostalgia.

Su pasión por la música se remonta a los ancestros huilenses y tolimenses. “Yo tengo una combinación curiosa de sangre. Viví en Neiva una parte de mi vida, allí me casé y luego me radiqué en Ibagué. Tengo totalmente vivo el recuerdo de mi abuelo tocando tiple, y de mis siete tíos tocando tiple y guitarra en las tertulias familiares”, cuenta Morera.

Agrega que esta tradición de las tertulias hizo que Ibagué fuera bautizada como la Ciudad Musical. “En cada casa había una guitarra o un tiple –dice–, alguien cantaba, alguien tocaba un instrumento alrededor del cual se daban esas tertulias”.

Dos de los grandes eventos del Festival son el Concurso Nacional de Duetos Príncipes de la Canción, que ya completa su edición número 22, y el Concurso Nacional de Composición Leonor Buenaventura, que llega a su edición número 19. La gran sorpresa de este año es que estarán otra vez juntos la mayoría de los duetos coronados en la historia del evento.

‘Embeleco de doña Doris’

Otro de los mayores orgullos de Doris Morera fue sacar adelante la Ley 851 del 2003, que declaró el 21 de marzo como el Día Nacional de la Música Colombiana, con el apoyo de otras personalidades de la región.

Un sueño que comenzó, como anota Morera con humor, como un “embeleco”, como lo decía un locutor radial. “Esa palabra la asocio yo mucho a este Día Nacional, porque un periodista muy reconocido de una emisora de Ibagué la bautizó: el embeleco de doña Doris”.

Pero fue, precisamente, ese temperamento obstinado el que llevó a esta mujer soñadora a pensar que si existía un día para todo (para los periodistas, para la mujer), por qué no lograr uno para la música del país.

La idea busca que ese día cada región del país, con sus ritmos y compositores, celebre su música local. “Y a pesar de que la Fundación se ha mantenido al margen de la política, hablé con varios parlamentarios del Tolima, que durante muchos años me decían: ‘¡Nooo, doña Doris, eso no da votos!’. Y yo no me daba por vencida”, cuenta su creadora.

Tardaron más de 10 años, hasta que ese sueño se hizo Ley de la República, gracias a la ayuda, entre otros, de Luis Carlos Delgado y de la de la fallecida exministra Consuelo Araújo, quien le aconsejó a Morera cómo debía hacerse el trámite. “El día que me entregaron esa ley, le dije con orgullo al periodista: ‘mire en lo que terminó el embeleco, ¿oye?’ ”, anota Morera.

Hoy, Morera cuenta que en algunos municipios ya se comienza a celebrar con actos especiales el Día Nacional de la Música Colombiana. “Cocorná (Antioquia) lleva ya como tres o cuatro años celebrándolo con conciertos especiales”, comenta.

Son muchas anécdotas y recuerdos los que ha dejado el paso de estas tres décadas. Hasta amores y matrimonios han salido, entre músicos y periodistas, que han encontrado su media naranja. “Hay miles de historias tejidas alrededor, a ritmo de música y amor”, concluye su creadora, que este puente festivo vuelve a llenar de notas musicales la capital tolimense.

www.fundacionmusicaldecolombia.com

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento