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'No hemos ignorado violaciones de derechos humanos en Cuba': Obama

A pocos días de su visita a Cuba, el Presidente de EE. UU. defiende la normalización de relaciones.

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14 de marzo 2016 , 11:16 p.m.

La normalización de las relaciones entre EE. UU. y Cuba ha llevado a que la isla tenga “cambios lentos, pero reales”, según el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. En una entrevista con CNN en español, transmitida ayer y cedida en exclusiva a EL TIEMPO, el mandatario reiteró que durante su visita a Cuba se reunirá con disidentes y que su gobierno sigue presionando al cubano en materia de derechos humanos.

Obama también habló sobre la relación de EE. UU. con Argentina y Venezuela y la inmigración en su país.

Cuando era candidato, usted dijo que estaría dispuesto a reunirse con Raúl Castro y dijo no estar de acuerdo con su política. ¿Cuál es su interés y por qué ahora?

Este es, creo, el punto culmen del arduo trabajo que hemos hecho en América Latina. Considere que cuando asumí la presidencia el prestigio de EE. UU. en la región era muy bajo, con figuras como Chávez y el Alba en ascenso.

Había mucha sospecha con respecto a las intenciones de EE. UU. y mi política fue entablar una relación con base en el interés mutuo, el respeto mutuo.

Dimos un paso atrás para atraer tanto a los amigos como a los adversarios en la región, en sólidos términos diplomáticos, a fin de producir resultados concretos sobre comercio exterior, negocios, educación, ciencia y energía.

En consecuencia, ahora vemos en América Latina, en todo el hemisferio, un mayor respeto a EE. UU. y una percepción de que de hecho estamos interesados en ser socios fuertes, en pie de igualdad con los países de la región.

La única pieza que quedaba y que era un vestigio de la Guerra Fría era Cuba. Y mi opinión era que una política que no había funcionado durante 50 años, desde que yo nací, exigía ser revaluada. Entonces, sistemáticamente fuimos trabajando en lo que pensamos podría ocurrir si interactuábamos con el Gobierno cubano.

Nuestra conclusión fue que esto ofrecía la mejor posibilidad de prosperidad, oportunidad y cambio positivo para el pueblo cubano y que también beneficiaría nuestros intereses y a la región como un todo.

Ya no iba a tener ese irritante de que, de algún modo, EE. UU. intentaba pisotear a los países más pequeños de la región. No nos hacemos ilusiones de que el régimen de los Castro o Cuba cambien de la noche a la mañana, pero las políticas que implementamos para aumentar los viajes, los intercambios comerciales, las remesas de familiares de cubanoestadounidenses aquí, el trabajo que estamos haciendo expandiendo las comunicaciones y el acceso a internet, y las oportunidades para los emprendedores prometen acelerarse en los años venideros.

Todo esto ha sido bien recibido no solo por el pueblo cubano en sí, sino también –y cada vez más– por los cubanoestadounidenses, que inicialmente se mostraron escépticos ante la política, pero que ahora reconocen que este tipo de interacción podría traer grandes oportunidades y transformaciones en el interior de Cuba.

Algunos de sus críticos en EE. UU. dicen que usted está legitimando un gobierno que no fue elegido democráticamente, que podría estar en apuros si EE. UU. no cambia su política, y que usted está ignorando las violaciones de los derechos humanos...

Sobre ese último punto están completamente equivocados. No hemos ignorado las violaciones de los derechos humanos. Hemos hablado abiertamente al respecto. Durante mi visita, tengo la intención de reunirme con disidentes y críticos del Gobierno cubano.

Fue parte del trato para que yo asistiera, y también tener allí a Raúl Castro.

Así continuamos presionando para asegurarnos de que con el tiempo se amplíen la libertad de expresión, de reunión y religiosa dentro de Cuba.

Con respecto al argumento de que estamos legitimándolos o que estaban a punto de fracasar si no hubiéramos abierto allí la embajada y normalizado las relaciones diplomáticas, el hecho es que eso es lo que se viene diciendo en los últimos 50 años y por alguna razón no ha ocurrido.

Creo que esa es una visión ingenua que se contradice con los hechos. Hemos visto más avances en el último año o año y medio. Cambios lentos, marginales, pero reales en cuanto a cómo funciona la economía en Cuba. Cuanto más presentes estén las empresas allí, más personas viajarán y más cubanoestadounidenses podrán interactuar con sus familiares, y es más probable que veamos el tipo de cambios que todos estamos esperando.

Hay quienes dicen que usted está dando demasiado a cambio de muy poco. Y Cuba dice que usted podría hacer más de lo que ha hecho mediante decretos...

Bueno, la gente siempre quiere más de una cosa o de otra. Eso es parte de ser presidente de EE. UU. Mi forma de verlo es que esto es el principio, no el final de lo que será un proceso que llevará cierto tiempo.

Tenga en cuenta que esto no se trata de hacer concesiones al Gobierno cubano. Esto se trata de interactuar en forma directa con el pueblo cubano y de poder tener conversaciones sinceras y firmes directamente con el Gobierno cubano, del mismo modo en que lo hacemos con los gobiernos chino, vietnamita y ruso, un conjunto de países con los cuales podemos tener desacuerdos, pero con los que reconocemos que tendremos más influencia y mayor capacidad de abogar por los valores que nos son queridos, cuando tenemos un diálogo con ellos.

Asimismo, nos deshicimos de una excusa que el régimen de Castro usaba sistemáticamente para explicar por qué no podía brindar más oportunidades y libertad a su pueblo, es decir que su vecino en el norte, de mano fuerte, se los impedía o los sabotearía.

Eso ya no es una excusa viable y creo que recaerá sobre ellos una mayor presión de demostrar que pueden adaptarse a la economía del siglo XXI, porque se han quedado rezagados.

Y en cuanto a que el gobierno de Castro busca más cambios de nuestra parte, hemos hecho cambios administrativos que son razonables, inteligentes y legales. En última instancia, para poner fin al embargo completo se requiere el accionar del Congreso. Hay apoyo bipartidista, pero aún no llega a su masa crítica.

Mi firme predicción es que en algún momento del gobierno del próximo presidente, ya sea demócrata o republicano, el embargo será derogado, porque tiene sentido para nosotros poder vender en Cuba, hacer negocios con los cubanos, mostrarles nuestras prácticas comerciales, cómo tratamos a los trabajadores, cómo nos enfocamos en los temas de derechos humanos, lo que ayudará a producir los cambios necesarios.

Y como ya dije antes, el pueblo cubano lo comprende. Si usted ve los sondeos de la gente que está en Cuba, no de los funcionarios, sino de los cubanos comunes y corrientes, creen que esta es una enorme oportunidad. Están muy entusiasmados.

No es una señal muy sutil al Gobierno de Argentina... Mauricio Macri está en el poder y ahora usted se va. ¿Las cosas todavía fluyen entre ambos países?

Creo que Argentina es un buen ejemplo de un cambio que ha ocurrido en cuanto a las relaciones de EE. UU. con otros gobiernos y otros países en general.

A la presidenta (Cristina) Fernández yo la veía a menudo en los eventos del G-20 o similares. Teníamos una relación cordial, pero en lo que respecta a sus políticas de gobierno eran siempre antiestadounidenses.
Creo que ella recurría a una retórica que data probablemente de los 60 y 70, y no a la actualidad.

Macri reconoce que estamos en una nueva era, y que debemos mirar adelante, y que Argentina, que históricamente era un país muy poderoso, ha visto debilitada su posición relativa en parte por no haberse adaptado a la economía mundial tan eficazmente como hubiera podido.

Y creo que el objetivo del presidente Macri es brindar el tipo de apertura, transparencia, competitividad, progreso adentro de Argentina que permitirá que personas increíblemente talentosas con recursos naturales prosperen de un modo que no ha ocurrido en mucho tiempo.

Usted extendió el decreto que declara la situación en Venezuela como un tema de preocupación nacional para EE. UU. ¿Por qué lo hizo?

El año pasado, cuando establecimos estas sanciones, fue por nuestra fuerte preocupación de que en Venezuela no se cumplía con las prácticas básicas de la democracia, y que eso estaba dañando no solo a Venezuela sino que estaba desestabilizando la situación de un modo en que podía resultar dañina a sus vecinos.

Hemos visto elecciones que pusieron adelante a la oposición en elecciones menos restringidas de las que habíamos visto en el pasado, y nuestra esperanza es que Venezuela salga adelante. Estamos preocupados por el estado de su economía. Eso está directamente ligado con los desafíos de la gobernanza y con que cuanto antes el pueblo venezolano pueda elegir un gobierno en el que ellos confíen, legítimo y pueda comenzar a implementar políticas económicas que los saquen de la espiral en la que están.

Creo que es muy importante que todos los que están escuchando reconozcan que hoy todos nuestros países están interconectados. EE. UU. no tiene ningún interés en ver fracasar a Venezuela, porque si Venezuela fracasa, eso podría tener un impacto en las economías de Colombia o de América Central o de México y, a su vez, eso podría afectar a la economía estadounidense. Queremos que Venezuela salga airoso.

Usted dijo que no cree que Donald Trump llegue a ser presidente, pero él sigue ganando estados y está usando el tema de la inmigración para impulsar su campaña. ¿A dónde ve que esté yendo eso y cómo afectará el proceso en general?

La inmigración siempre ha sido un tema controvertido en EE. UU., lo que es irónico, dado que somos todos una nación de inmigrantes, por lo que uno pensaría que podríamos tener una mejor memoria histórica sobre el hecho de que todos venimos de otro lugar.

Mi punto de vista al respecto ha sido coherente. Creo que el pueblo estadounidense en última instancia quiere hacer lo correcto. Hay un grupo de votantes al que los moviliza la retórica antiinmigratoria, pero no creo que eso represente a la mayoría.

La mayoría de los estadounidenses quieren fronteras ordenadas y por esa razón el paquete de reformas que siempre defiendo todavía es importante.

Ahora estoy haciendo todo lo que puedo, mediante decretos, pero en última instancia se necesitará el accionar del Congreso.

Y creo que el próximo presidente será alguien que querrá obtener la reforma inmigratoria, y creo que el Partido Republicano en sí volverá a examinar su posición porque puede que a corto plazo parezca útil hacer campaña contra los inmigrantes, pero a largo plazo ese no es el pueblo estadounidense, y me parece que será un proceso político perdedor.

Lo que hemos hecho también –y esto merece mucha atención en mi opinión– es que nos involucramos activamente con los países centroamericanos, Guatemala, Honduras y El Salvador, y les preguntamos: ¿cómo podemos trabajar con ustedes? Número uno, para reducir la violencia. Número dos, para mejorar las economías. Número tres, para quienes tengan un pedido legítimo de estado de refugiado o asilo.

Es mucho más inteligente de nuestra parte ayudar a estos países a que se estabilicen y a que salgan adelante que gastar el doble o el triple de dinero intentando ocuparnos de los niños que desafortunadamente se las han arreglado solos y están llegando hasta nuestras fronteras, muchos de los cuales han pasado situaciones terribles. Esa práctica tenemos que desalentarla.

JUAN CARLOS LÓPEZ
Reportero de CNN en Español