Archivo

Editorial: ¿Con qué derecho?

Los ciudadanos no tienen por qué pagar los platos rotos de taxistas que actúan por vías de hecho.

14 de marzo 2016 , 07:38 p.m.

Durante la jornada de protestas el tráfico colapsó en varias vías principales de Bogotá, y 10 personas fueron capturadas por protagonizar desmanes. Foto: Leonardo Muñoz / EFE

¿Con qué derecho los taxistas se arrogan la facultad de paralizar una ciudad? ¿Con qué derecho deciden impedir que una persona pueda movilizarse libremente por ella? ¿Quién los invistió de facultades para atropellar a sus similares y destruir sus vehículos? ¿De cuándo acá sus derechos son más importantes que los de la mayoría de los ciudadanos?
Nadie les otorgó tales poderes, ellos se los tomaron porque saben que bastan unos cuantos para bloquear una vía y formar el caos, porque consideran que así se harán escuchar, porque creen que es la única forma en que prestarán atención a sus demandas. Lo que ignoran es que con lo sucedido este 14 de marzo consiguieron el efecto contrario.

La ciudadanía fue la principal víctima de sus procederes erráticos, personas inermes vivieron la tortura que un grupo de energúmenos les hizo padecer durante el día; hubo pasajeros obligados a bajarse de taxis amarillos o blancos; hubo taxistas a los que grupos de encapuchados les pincharon y pintaron los carros con los que se ganan el sustento; hubo vehículos adscritos a Uber destruidos a plena luz del día.

El reclamo de los taxistas –como cualquier otro– es válido cuando para protestar no se acude a las vías de hecho ni se pone en riesgo la integridad física de las personas ni se subvierte el orden o se llama a ejercer justicia por mano propia. Este lunes, varias estaciones de TransMilenio terminaron paralizadas por los trancones; vías como la autopista Norte, la avenida de las Américas, la avenida El Dorado, la calle 63, entre otras, fueron escenario de protestas, enfrentamientos con la Fuerza Pública, operación tortuga y matoneo a los usuarios. El balance final era de esperarse: vehículos inmovilizados, un centenar de comparendos, dos heridos, y todo ¿para qué?

El blanco de las protestas nuevamente eran los vehículos adscritos a la aplicación Uber, tema que no ha podido ser superado por el Gobierno Nacional. Hay un decreto de hace varios meses que da lineamientos generales para la prestación del servicio ejecutivo. Pero no ha sido suficiente para detener el envalentonamiento de los taxistas contra la aplicación.

Y hay otro tema que subyace en todo esto y en el que las autoridades deberían estar cada vez más concentradas. El sistema de los cupos implementado hace más de 20 años para regular la oferta hoy hace agua. La que parecía una medida bienintencionada, con el tiempo dio pie a un mercado –el del acceso a los cupos– en torno al cual no solo ha florecido la especulación, sino que es fuente de enriquecimiento (rentas) de unos pocos sin beneficio para el Distrito.

Está demostrado que el problema con Uber –que exige reglamentación, como hemos dicho– no es porque les afecte la demanda, sino por la competencia desleal que supone que los ‘blancos’ entren al mercado sin pagar el cupo ($ 120 millones) o que paguen mucho menos.

El primer paso de una solución estructural a este conflicto pasa por una discusión seria, con participación de todos sobre la pertinencia y conveniencia para la ciudad de los cupos. Pero mientras tanto, no deben ignorarse ni dejar de condenarse acciones como las de este lunes. El peso de la ley debe recaer contra quienes por casi un día se sintieron amos y señores de la ciudad. Inaceptable.

editorial@eltiempo.com