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El desplome de una generación

Llegó la hora de cambiar, atreverse a nuevos nombres en la Selección Colombia. Aún se está a tiempo.

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13 de marzo 2016 , 08:51 p.m.

La selección de Pékerman, como será recordada en el tiempo, enfrenta actualmente un severo desafío: que su segunda parte sea tan buena como la primera. Esta fue realmente inolvidable: clasificó al Mundial, después de 16 años; llegó a cuartos de final del mismo tras caer en polémico partido ante el local (no tenemos una partícula de duda de que el gol de Yepes fue legal y lo explicamos a continuación), pero sobre todo por el fútbol que intentó y que logró plasmar Colombia en largos pasajes de la Eliminatoria y del mismo Mundial. Fútbol bien jugado, contundente y bonito, vistoso y eficaz. O sea, el que genera orgullo.

El gol de Yepes era válido no solo porque recibiera el balón de un rival, sino porque ese rival –además– intentó jugar la pelota. No le pegó de casualidad a David Luiz; él fue en búsqueda del balón, lo iba observando y pretendió rechazarlo de cabeza, se pasó de largo, le dio en su cuerpo y le cayó a Yepes, que conectó a la red. Distinto es si David Luiz estuviera mirando hacia otro lado, la pelota le rebotara involuntariamente y con ello habilitara al atacante. Ahí sí sería inválido. La pifia del rechazo es un problema técnico del defensor no achacable al autor del gol. Estuvo mal anulado. Si no, cada vez que un defensor pifia una bola y otro la mete habría que invalidar la acción. Eso sin contar a Fernandinho, que fue un martillo pegando toda la noche sin que el juez español Velasco Carballo atinara a mostrarle siquiera una amarilla. Pero esto ya forma parte de la historia del fútbol.

Esa Selección seguramente dejó tan satisfecho a Pékerman que entendió que había cuerda para rato. Tenía el equipo y el funcionamiento, era coser y cantar. Por eso, un año después acometió la Copa América de Chile virtualmente con el mismo equipo, al que la veteranía de Yepes obligó a sustituir por Murillo. Lo que Pékerman ni nadie imaginaría es que esa generación se esfumaría tan abruptamente. Fue como que hicieron cumbre en el Mundial y allí mismo iniciaron una parábola dramáticamente descendente. Un desplome. Incluso James, con 24 años, no volvió a brillar con aquel fulgor de Brasil. Inactivos, lesionados, en baja forma, descartados por sus entrenadores, pasados a ligas menores… El único que ha mantenido su regularidad es Bacca, que al menos juega y lleva 13 goles, aunque el Milan va sexto y está alejado de la zona de Champions. Igual, el delantero es como la carrocería de un auto, puede ser muy buena, pero necesita del motor para moverse. Y el motor es el mediocampo. Ospina son cinco centavos aparte; juegue o no, su nivel siempre es notable. Aunque, claro, el arquero tiene poca gravitación en el andar de un equipo.

Las palabras de Falcao, en la excelente entrevista de Gabriel Meluk, son muy elocuentes. Pese a la sobriedad habitual en sus declaraciones, el Tigre expresa con claridad la problemática: “La Selección vive un cambio generacional repentino... Tenemos que ser muy realistas y darnos cuenta de que el equipo del Mundial ya no es el mismo y que está cambiando. Debemos comprender sobre qué estamos parados. Colombia está viviendo una situación difícil, complicada y no se le puede pedir que tenga el mismo rendimiento del Mundial, porque son jugadores nuevos. Y nos va a costar ir al Mundial. Y lo estamos sufriendo ya”.

Luego se muestra bastante lacónico de cara al futuro: “Si me pregunta si vamos al Mundial, pues le contesto que tenemos fe en poder revertir la situación, pero es difícil por todos los cambios que han surgido inesperadamente”.

El derrumbe es más inquietante ahora porque ya pronto se cumplen dos años del Mundial. Está claro que el técnico es el menos culpable de este oscuro presente de los jugadores; en sus clubes les va mal y allí Pékerman no los dirige. Pero entonces llegó la hora de cambiar, atreverse a nuevos nombres. Aún se está a tiempo, apenas van cuatro fechas de la Eliminatoria, está la Copa América, muy oportuna para introducir variantes. El propio Falcao lo propone cuando habla de llevar caras nuevas a Estados Unidos: “Es evidente que nosotros necesitamos empezar a probar porque muchos de los que veníamos de la Selección no estamos igual”.

Al técnico se lo acusa de ser invisible al público, a los medios, al ambiente, de no aparecer nunca. Y de no trabajar lo suficiente, pero esto es imposible cuando no se tiene a los futbolistas. Tal vez lo que podría adjudicársele a Pékerman es no haber avizorado que esa generación estaba quemada. No tomó nota de ello en el año que fue de Brasil 2014 a Chile 2015, y tampoco de cara a la eliminatoria. Y ahora se da una coyuntura complicada. Colombia marcha séptima, lo que no sería grave, pues la carrera recién empieza y el quinto le lleva apenas 3 puntos. Preocupante es el pobre nivel del equipo, y que de los seis de arriba, cinco son Ecuador (el mejor de todos y con gran colchón de puntos), Uruguay, Chile, Brasil y Argentina. Algunos de esos cinco debería caer por debajo de la línea colombiana, algo muy improbable. De modo que hay que remontar mucho, y hay que hacerlo mientras se intenta un recambio generacional.

El pasado martes 8 se cumplieron 10 años ininterrumpidos del Maestro Óscar Tabárez conduciendo a la Selección Uruguaya. Ya había tenido otro paso anterior (1988-90). Si logra llevar a la Celeste a otro Mundial serán 4 clasificaciones, un récord excepcional. No obstante, esta última etapa ha sido especialmente fructífera: dos eliminatorias exitosas, cuarto en un Mundial, campeón de América 2011. Muy meritorio para un país de 3’200.000 habitantes. Y lo más importante: ese proceso revivió al fútbol oriental, que parecía hundido de manera irremediable. Tabárez lo devolvió al reconocimiento internacional. Es indudable que tuvo la fortuna de contar con una generación notable (que él supo hallar), la cual manejó con sabiduría. Pero esa camada le duró en algunos casos tres eliminatorias en altísimo nivel (Luis Suárez, Cavani, Maxi Pereira, Arévalo Ríos; Muslera, Martín Cáceres, ‘Cebolla’ Rodríguez, Álvaro Pereira), en otros dos (Forlán, Lugano, Godín, Diego Pérez, Eguren, Álvaro González, Abreu).

Tabárez ha sabido ir mechando valores nuevos, muy sobriamente; no obstante está el mérito personal de los jugadores de haberse mantenido en la cima tantos años, caso Suárez, Cavani, Godín, Forlán, Cáceres, Maxi Pereira, Arévalo Ríos. El camino hacia Sudáfrica 2010 comenzó el 13 de octubre del 2007. Ese día, Uruguay venció a Bolivia 5 a 0. El primer gol lo marcó Luis Suárez. Casi nueve años después, el atacante continúa en un nivel espectacular. O más que eso, cada vez más ascendente. Y en ello no tiene que ver Tabárez. Es la suerte que no ha tenido Pékerman.

JORGE BARRAZA
@JorgeBarrazaOK