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En Brasil, la tensión se vuelve pulso callejero

Miles de personas pedirán la dimisión de Dilma Rousseff y otros tantos la apoyarán.

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12 de marzo 2016 , 05:46 p.m.

Las revelaciones que casi todos los días se vienen dando en los últimos meses sobre las implicaciones de dirigentes del actual Gobierno y empresarios en el escándalo de corrupción del ‘Lava Jato’ han hecho que Brasil se vuelva un mar de polarización política que se desborda en las calles.

Precisamente este domingo las principales ciudades del país verán cómo cientos de miles de personas se lanzarán a la vía pública tanto a manifestarse contra el Gobierno como a defenderlo.

Desde hace varias semanas, el Movimiento Brasil Libre (MBL) lanzó una convocatoria por redes sociales y coordinó con autoridades locales para que su marcha se hiciera de forma organizada y con la supervisión de las policías locales.

“Será una de las más grandes manifestaciones en contra de este Gobierno. Los índices de nuestras páginas en las redes sociales indican un interés muy grande no visto en otras marchas. Tenemos más de 22 millones de visualizaciones. Hemos recibido muchos mensajes, llamadas telefónicas que demuestran el interés en esta manifestación en la que participará gente de 400 ciudades, no solo en Brasil sino en todo el mundo”, le aseguró a EL TIEMPO Fernando Holiday, uno de los líderes del MBL.

A esta marcha se unió el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), cuyo presidente, Aécio Neves, fue rival de la actual jefa de Estado, Dilma Rousseff, en las elecciones presidenciales de octubre del 2014.

Por los lados del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), fuentes de la colectividad le indicaron a este diario que ellos, oficialmente, no habían hecho convocatorias para contrarrestar la manifestación opositora, pero que los adeptos del partido de Rousseff y del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se estaban coordinando por redes sociales y WhatsApp y que no lo iban a desaprobar.

Ante esta situación, el gobernador del estado de São Paulo, Geraldo Alckmin (quien compitió por la presidencia contra Lula en el 2006 y es uno de los más importantes dirigentes en la historia del PSDB), afirmó que los manifestantes oficialistas no podían organizar su acto en la avenida Paulista (principal de la ciudad de São Paulo) ya que la manifestación opositora había pedido primero el permiso correspondiente. “El derecho a manifestarse es constitucional, pero es deber del poder público garantizar la seguridad y la tranquilidad”, aseguró Alckmin el jueves en una rueda de prensa.

El PT, desde su dirección nacional, calificó esta medida como una jugada política del mandatario regional.

Vigilia permanente

El PT, no obstante, no se quedará de brazos cruzados y, si bien sus militantes se quieren hacer ver hoy en las calles de manera informal y autoconvocada, ya están llamados para que tanto el 18 como el 31 de mayo muestren el color rojo con la estrella blanca por las calles brasileñas.

En un comunicado remitido a EL TIEMPO, el presidente del PT, Rui Falcao, asegura que la oposición apela a los militares “invocando un artículo de la Constitución, el cual recitan desde el amanecer hasta el atardecer. En una acción coordinada, pretenden transformar a los manifestantes del 13 de marzo en los golpistas del primero de abril de 1964, que instauraron una dictadura sangrienta en el país”.

Falcao hace referencia a pancartas que se vieron en manifestaciones pasadas en las que se pedía la acción de las Fuerzas Militares contra el gobierno de Dilma Rousseff.

El artículo constitucional referido es el 142, y ahí se estipula que los militares “están destinados a defender la patria y garantizar los poderes constitucionales”.

“No solamente está con nosotros el PSDB. Todos los partidos de oposición que apoyan el juicio político a la presidenta Rousseff se adhirieron a las manifestaciones. Vemos con buenos ojos todo el proceso que conlleva el juicio en el Congreso Nacional, pero necesitamos del apoyo de estos políticos, que se dé el juicio”, recalca Holiday.

Los más recientes acontecimientos con respecto al expresidente Lula han caldeado los ánimos de la oposición y le han puesto más ingredientes a las manifestaciones de hoy. Nada más el pasado 4 de marzo, día de su detención coercitiva ordenada por el juez Sérgio Moro, principal en la causa ‘Lava Jato’, detractores y seguidores se fueron a los puños.

Ese mismo día, la oposición (el PSDB y el PMDB) comenzó a enfilar baterías de cara al juicio político. El miércoles, la Fiscalía de São Paulo denunció a Lula por ocultamientos de bienes y lavado de dinero, en una causa paralela a la que desembocó en su detención temporal. Los fiscales paulistas pidieron el arresto del exmandatario.

También se dio a conocer que la presidenta Dilma Rousseff planeaba echarle un salvavidas al nombrarlo ministro de la Casa Civil y sacarlo de la mira de Moro al volver a tener fuero gubernamental.

El jueves, Falcao aseguró a la prensa que, tras una reunión con Lula en São Paulo, este “no aceptó pero tampoco rechazó” la posibilidad.

“Si acepta un ministerio, Lula se pondrá el letrero de culpable. Es evidente que quiere huirle a Moro y retrasar su proceso”, añade Holiday.

LUIS ALEJANDRO AMAYA E.
Subeditor Internacional
Twitter: @luisamaya2