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Cinco fallas que revivieron el fantasma de un racionamiento eléctrico

Salida de dos centrales clave se sumó a la escasez de gas y a la falta de cobertura de riesgos.

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12 de marzo 2016 , 05:40 p.m.

Tras la sequía de varios meses, que mermó los niveles de los embalses de generación eléctrica, a la que se sumaron el incendio que en febrero dejó fuera de combate a la hidroeléctrica de Guatapé (Antioquia) y el daño en la termoeléctrica Zona Franca Celsia, los agentes operadores del sector eléctrico le recomendaron esta semana al país hacer de inmediato un racionamiento programado de energía, durante seis semanas, para evitar riesgos mayores.

La sugerencia, casi simultánea con la renuncia de Tomás González al Ministerio de Minas y Energía, puso a hablar a expertos y a la gente del común del fantasma del apagón, que en 1992 le costó al país entre 16 y 20 billones de pesos de hoy.

Los incidentes con estas centrales de generación y la falta de gestión en las estrategias para enfrentar el fenómeno del Niño, desnudaron errores protuberantes en la regulación y en las políticas, dejando al sistema muy vulnerable.

Según los agentes del sector, desde 2010 se cometieron cuatro errores que mermaron la solidez del sistema, producto de grandes demoras en la expedición de normas y de señales equivocadas por parte de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg).

Tanto Alejandro Castañeda, de Andeg –gremio del sector térmico–, como Ángela Montoya, de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgén), coinciden en que la principal razón fue la ausencia de una política de gas, a precios eficientes, para las plantas.

Ya desde 2012 el expresidente de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) Orlando Cabrales Segovia alertó sobre la caída en las reservas de gas, pero no se tomaron medidas a tiempo.

Prueba de ello es que si bien en el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 se planteó la necesidad de construir plantas de regasificación, que abastecieran con gas importado las térmicas, la Creg tardó alrededor de tres años en expedir la resolución definitiva.

Este rezago, unido a los inconvenientes en los permisos ambientales, llevó a que esta infraestructura no estuviera lista en diciembre del 2015.

El petróleo golpeó también

Entre tanto, desde octubre del 2015, un enemigo comenzó a rondar el sector y terminó atacándolo: la caída del precio del petróleo.

En el sector, los ingresos que la demanda (usuarios) les reconoce a los generadores de energía tienen un precio máximo, conocido como precio de escasez, que está atado a un combustible derivado del crudo, llamado fuel oil. Con el desplome del petróleo, el precio de escasez pasó de estar en un promedio de 450 pesos por cada kilovatio hora a 302 pesos actualmente.

Esto llevó a las térmicas a perder más dinero de lo esperado, al punto de que algunas prefirieron no operar porque perdían mínimo 500 pesos por cada kilovatio producido.

De acuerdo Castañeda, en marzo del 2015, siete meses antes de que el Ministerio de Minas y Energía tuviera que salir al rescate de las térmicas, con el apoyo de los usuarios, la Creg recibió un estudio que pedía cambiar la forma de definir el precio de escasez, pero la respuesta fue negativa.

Hoy lo preocupante, según el directivo de Andeg, es que ante el aumento del precio del gas para las térmicas el costo de generación con este insumo está entre 320 y 400 pesos por kilovatio, pero a cambio solo reciben 302 pesos.

Y dice que otro error que marcó la suerte del sistema fue la señal que se dio al mercado financiero cuando las térmicas ya afrontaban la caída en sus ingresos: la Creg expidió un proyecto según el cual les iba a quitar el dinero del cargo por confiabilidad (dinero que pagan los colombianos por tener siempre el servicio) a las plantas consideradas costosas e ineficientes.

Esto generó pánico entre los bancos, que al ver un posible mayor riesgo decidieron cortarles las líneas de crédito. “Esto estresó el arranque de las plantas cuando se necesitó que produjeran la energía que debían darle al sistema como respaldo para afrontar el Niño”, asegura Castañeda.

Sin embargo, Ángela Montoya recalca que desde que se inició el Niño, el sector ha suministrado la energía que requiere el país.

Demora en la reacción

La ministra encargada de Minas y Energía, María Lorena Gutiérrez, reconoce que hubo atrasos con las estrategias para fomentar el ahorro de energía, cuyas campañas anteriores no tuvieron efecto, según María Nohemí Ramírez, gerente de XM, operador del mercado eléctrico.

“Obviamente, nos confiamos en el sentido de no sacar una regulación mucho más rápida y eficiente en el tema del ahorro, que fue lo que salió esta semana”, indicó la Ministra.

Insistió en que no es hora de acabar las instituciones, pero que hay que hacer ajustes para que la Creg responda a los cambios rápidos que se dan.

Agregó que hay que revisar el modelo financiero de las termoeléctricas y mirar el cargo por confiabilidad. “Pero hay que mirar que las generadoras son las que van a pagar por este incentivo que les estamos dando a los consumidores”, recalcó.

ÓMAR G. AHUMADA ROJAS
Subeditor Economía y Negocios
En Twitter: @omarahu