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Maria Sharapova, la zarina del tenis, le puso la cara al dopaje

Se enfrenta a una sanción de 4 años. Historia de una jugadora que llegó a EE. UU. a abrirse camino.

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12 de marzo 2016 , 12:29 a.m.

María Sharapova llegó a ser la deportista mejor pagada del mundo (29 millones de dólares en 2015, según la revista Forbes), ha sido imagen de un puñado de marcas de alto nivel, admirada por su juego y también por su belleza.

Tuvo la valentía de reconocer un grave error: en una rueda de prensa, el lunes pasado, la rusa anunció su positivo en el Abierto de Australia, por consumo de Meldonium, un medicamento que se utiliza para combatir la insuficiencia cardiovascular, que a partir del primero de enero fue incluido en la lista de sustancias prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Eso, ahora, puede tirar al piso todo lo que construyó en 13 años de carrera. La sombra del dopaje es un lastre complicado de superar.

No fue fácil para Sharapova llegar a lo más alto. Desde pequeña estuvo ligada a este deporte: su primera raqueta se la regaló otra de las glorias del tenis ruso, Yevgeny Kafelnikov. Y luego tuvo que dejarlo todo y abandonar Rusia para llegar a los 9 años a Estados Unidos, solamente acompañada por su padre, con apenas 700 dólares en el bolsillo y sin saber una palabra de inglés. Todo por seguir los pasos de una compatriota suya, Anna Kournikova, seis años mayor que ella, que deslumbró al mundo al ganar el torneo de dobles de Wimbledon a los 16 y llegó ese mismo año a la semifinal individual del mismo torneo.

La que descubrió ese talento fue otra de las grandes del tenis mundial, Martina Navratilova: fue a jugar una exhibición en Moscú y allá vio a la pequeña rubia que tenía algo especial con la raqueta.

Sus primeros pasos en el tenis estadounidense fueron duros. Entró a la academia de Nick Bolletieri, con el apoyo de la firma IMG, que pagó los 35.000 dólares anuales que costaba su entrenamiento. Y en la Florida, se sometió a un duro régimen de entrenamiento. Su mamá se quedó en Sochi, su ciudad natal. Apenas dos años después de radicarse en Estados Unidos, la familia Sharapova, por fin, pudo volver a reunirse.

El fruto del esfuerzo de María comenzó a verse en 2001, cuando tenía 14 años. Consiguió sus primeros triunfos importantes en la categoría juvenil, justo cuando la estrella de Kournikova, su espejo, comenzaba a apagarse para entregarse a la farándula. Ganó tres torneos y solo perdió tres partidos de 25 que disputó. Mejoró esa marca al año siguiente, también con tres títulos, pero con una victoria más. Y en el 2003, ya en la WTA, ganó sus dos primeros torneos, de dobles, y se metió entre las 50 mejores del mundo.

A lo grande

El 2004 fue el año de la consagración definitiva. Venció en la final de Wimbledon a Serena Williams: era la segunda jugadora más joven en ganar este torneo, con 17 años y dos meses. Solo la superaba Martina Hingis, que lo ganó, en 1997, a los 16 años y nueve meses.

Su juego, su belleza y su porte hicieron que muchas personas, incluso fuera del tenis, pusieran sus ojos en ella. La sombra de Kournikova ya había quedado atrás. Superó ampliamente sus triunfos: fue la primera rusa en ganar un torneo grande. Era un sueño hecho realidad.

Su carrera refleja todos esos éxitos: 35 títulos individuales, entre ellos cinco de grand slam, y tres en dobles. Y si no ganó más, fue porque en su trayectoria se atravesó la estadounidense Serena Williams.

El comienzo del fin

En 2006, año en que ganó el US Open, comenzó su relación con la sustancia que ahora pone en riesgo su carrera, el Meldonium.

“La primera vez que me dieron la sustancia fue en 2006. Tenía muchos problemas de salud en ese momento”, dijo Sharapova en la rueda de prensa en la que anunció su positivo.

“Me enfermaba muy a menudo y tenía una deficiencia de magnesio y una historia familiar de diabetes, y había señales de diabetes. Ese es uno de los medicamentos que recibí, junto con otros”, agregó. El medicamento apenas apareció este año en la lista de sustancias prohibidas, y desde que fue incluido se han registrado 99 positivos (véase recuadro).

Y fue Navratilova, 18 veces ganadora de torneos de grand slam, una de las primeras en salir a defender a Sharapova. “Espero que esto se aclare. Me parece un error de buena fe”, escribió Navratilova en su cuenta de Twitter. “No tengo todos los hechos, todo era legal por lo menos hasta el año pasado”, agregó.

El mundo del deporte es implacable cuando el dopaje se hace público. Al menos, así quieren mostrarlo. Nike, una de las marcas vinculadas con Sharapova, le retiró el patrocinio en menos de 24 horas. Tiempo récord si se tiene en cuenta, por ejemplo, que al golfista Tiger Woods, cuando se vio envuelto en su escándalo sexual, se tomó varios días para decidir que mantenía su contrato. También se fueron Porsche y Tag Heuer. Head, la marca de raquetas, es, por ahora, la única que le mantuvo el respaldo.

Hoy, la rusa se enfrenta a una suspensión de cuatro años. El hecho de haber confesado su dopaje públicamente, y una posible colaboración, podría ayudar para que el castigo sea menor. Una conferencia de prensa de menos de 15 minutos pudo tener consecuencias fatales para su carrera.

El deporte ruso está en la mira

El deporte ruso sigue su lucha contra los cuestionamientos por dopaje, luego de que la tenista María Sharapova confesara su positivo en el Abierto de Australia.

La disciplina más cuestionada es el atletismo. El viernes, la Federación Internacional de este deporte mantuvo la suspensión a la federación rusa, lo que pone en duda la presencia de ese país en los Olímpicos de Río 2016. El caso se volverá a estudiar en mayo.

Una comisión independiente de la Agencia Mundial Antidopaje apuntó a que en ese país habría un dopaje institucionalizado.

El positivo de Sharapova despertó un interés en el Meldonium, la sustancia por la que enfrenta una posible sanción de cuatro años.

La Agencia Mundial Antidopaje dijo que este año, 99 atletas dieron positivo por esta sustancia. No se revelaron nombres. Sin embargo, se filtraron algunos casos, entre ellos dos de deportistas rusos: el biatleta Eduard Latypov y la patinadora sobre hielo Ekaterina Bobrova.

JOSÉ ORLANDO ASCENCIO
Subeditor de Deportes
@josasc