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El mito de Argentina desarrollada

Este país fue uno de los primeros ensayos del fracaso neoliberal en el mundo.

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11 de marzo 2016 , 05:18 p.m.

El famoso economista Paul Samuelson, afirma Eugenio Díaz-Bonilla, dividía los países en ‘desarrollados’ y ‘en desarrollo’. Y ponía a Argentina como ejemplo del país que pasó de ser ‘desarrollado’ a ‘en desarrollo’. Pero este acertijo contiene una premisa falsa: Argentina desarrollada.

Una cosa es que Argentina fuera un país rico, según dice Nauro F. Campos, un país agrario exportador, que su ingreso per cápita —medido en dólares de 1992— fuera de 3.797 dólares en 1913, por encima de Francia (3.452) y Alemania (3.134); y otra cosa es que Argentina fuera un país desarrollado, un país industrial.

Francia y Alemania, señala el argentino Matías Vernengo, “estaban bastante por delante (de Argentina) en la segunda revolución industrial”, en acero, química y farmacia, “con una red desarrollada de empresas y universidades que producían los científicos de primer nivel e innovaciones tecnológicas. Mientras tanto, Argentina (también Chile) producía principalmente productos básicos (y solo adoptaba tecnologías importadas) y la gran mayoría de sus exportaciones se concentraban en uno o dos productos básicos exportados a un número limitado de países”.

Por otro lado, Argentina crecía, pero ¿quién se beneficiaba del crecimiento económico? Pablo J. Mira, investigador de la UBA, señala que: “Prados de la Escosura recalcula posibles coeficientes de Gini para la época y obtiene 0,436 para 1890 y 0,618 en 1913 (una cifra más alta es igual a más desigualdad)”. Además, Mira señala que hubo “una reducción considerable en la relación entre salario y renta de la tierra en Argentina entre 1885 y 1929 de 4,1 a 0,6”, mientras la relación “salarios/PIB per cápita (…) entre 1870 y 1929 cae un 26 %”. Es decir, los salarios crecían por debajo de la productividad, lo que explica en parte el aumento en la desigualdad.

Si se toma la economía argentina como porcentaje de la economía de EE. UU., como una medida de su tamaño relativo, esta era 2,4 % (1870), 4,1 % (1900), 6,3 % (1930), 5,9 % (1950), 6 % (1975) y 3,5 % (2003), según datos tomados del Proyecto Angus Maddison de la OECD. Es decir, el verdadero quiebre de la economía argentina realmente es en 1976 (según Eugenio Díaz-Bonilla), cuando los militares se toman el poder bajo el lema de Proceso de Reorganización Nacional, para someter la economía a la operación plena del mercado, bajo el dominio del modelo agrario exportador-financiero.

Dice Emily Schmall en el ‘New York Times’, que el ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz (1976-1981) fue quien “supervisó la desregulación financiera de Argentina en 1977, que atrajo un flujo récord de capital especulativo, (y) es uno de los principales responsables de la desindustrialización de Argentina (…)”. Este plan buscaba debilitar los sindicatos industriales, una de las bases sociales más importantes del peronismo.

Los pasos de Martínez de Hoz después serían repetidos, entre 1990 y el 2001, por los gobiernos de Carlos Menen y Fernando de la Rúa, bajo la dirección de Domingo Cavallo, el ministro estrella del neoliberalismo latinoamericano y socio especial del colombiano Rodrigo Botero Montoya, ministro de Hacienda de Alfonso López Michelsen (1974-1978).

Por su parte, El semanario ‘The Economist’, apoyándose en el argumento de las instituciones, culpa al populismo y el nacionalismo por la debacle Argentina, un país con futuro en 1900 pero que es un desastre desde entonces: “Argentina no construyó las instituciones necesarias para proteger a su joven democracia (…), por lo que el país se hizo propenso a los golpes de Estado. (…) Argentina no desarrolló fuertes partidos políticos decididos a construir y compartir la riqueza: la política fue capturada por los Perón”.

Incluyendo los gobiernos de los Kirchner (2003-2015), dice ‘The Economist’, Argentina ha tenido “una sucesión de analfabetos económicos populistas, que se remontan a Juan y Eva Perón, y antes”. Sin embargo, como anota Pablo J. Mira, en las “las etapas ‘populistas’ de 1945-1975 y 2003-2013, la tasa de crecimiento del PIB argentino fue 4,5 %, mientras en las ‘etapas neoliberales’ de 1976-1983 y 1990-2001 fue de 2,2 %”. Una diferencia significativa.

Conclusión: Las estadísticas no respaldan al semanario británico. Argentina fue uno de los primeros ensayos del fracaso neoliberal en el mundo, bajo la tutela militar, como en Chile, porque no había que “esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo” (Henry Kissinger).

En palabras del escritor Martín Caparrós, “los militares del 76 y los gobiernos democráticos posteriores transformaron (Argentina) en un verdadero país latinoamericano —millones de marginales sin esperanzas, privatización de la salud, la educación y la seguridad, desigualdad brutal—”.

El proyecto de Macri, la ‘Revolución de la Alegría’, no de los argentinos sino de los “fondos buitre”, también se irá destiñendo con el tiempo, a un gran costo social, a pesar del blindaje mediático.


Guillermo Maya