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Mensajeros de esperanza

300 universitarios harán sus prácticas en regiones que han sido castigadas por la violencia.

10 de marzo 2016 , 04:14 p.m.

En un país como el nuestro, que transcurre por estos días bajo un ambiente tenso, pareciera que escasearan los hechos optimistas. Pero los hay.

El Ministerio del Posconflicto y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), dentro del proyecto Manos a la Paz, encaminado a fortalecer las capacidades de construcción de reconciliación en los territorios, a comienzos del mes pasado hicieron una primera convocatoria dirigida a las comunidades universitarias para que estudiantes de pregrado fueran a hacer sus prácticas a regiones que han sido especialmente castigadas por la violencia.

En esta primera etapa, 300 jóvenes de diversos centros de educación superior, con los que hubo un convenio, irán a distintas zonas apartadas. Pues, como halagüeña sorpresa, se inscribieron más de 7.800 estudiantes.

Este es un hecho que tiene todos los significados esperanzadores que se le quieran dar. Empezado por la fe en la paz y en el país que expresa esta juventud. Además de una clara manifestación de confianza en el campo. Actitud que en tiempos tan recientes era más bien rara, tal vez por el natural miedo a los violentos. Así mismo de admiración y afecto al campesino, en especial a las comunidades que han sufrido el duro rigor de la guerra.

Indudablemente, esta es una iniciativa que se debe exaltar y que merece todo el respaldo necesario. Porque, según el plan del Ministerio y el Pnud, la meta es que 10.000 jóvenes al año lleguen a distintas regiones con sus aportes, sus orientaciones y ayuda empresarial y social. Además, hay una valiosa retroalimentación, pues ellos también adquieren los conocimientos, sobre el terreno, de la vida agrícola, nunca fácil.

Que la academia, representada en cerebros jóvenes, vaya a la Colombia a veces olvidada, puede ser un principio de paz fundamental. Este 14 de marzo arrancan, con su morral lleno de expectativas e ilusiones, los 300 pioneros del programa. Lo más seguro es que serán bien acogidos, y es indispensable que sean respetados y cuidados. Ellos son mensajeros de paz. Mucha suerte a los nuevos campesinos.

editorial@eltiempo.com