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Despertó Hans Küng

El Papa no va a enfocar las preocupaciones del magisterio pontificio a la Infalibilidad Pontificia.

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09 de marzo 2016 , 06:19 p.m.

Sabíamos que Hans Küng estaba enfermo de párkinson. Esta enfermedad lo traía escondido, callada. ¿Reducido a la cama? Probablemente. Pero, no. Cuando menos pensamos saltó la liebre con una carta dirigida al papa Francisco con el título ‘Infalibilidad: un llamamiento al Papa’.

Destaco los párrafos pertinentes: “Ruego al papa Francisco, quien siempre me ha respondido fraternalmente:
Acepte esta amplia documentación (sobre la infalibilidad). Y permita que tenga lugar en nuestra Iglesia una discusión libre, imparcial y desprejuiciada sobre el dogma de la infalibilidad”.

Termina diciendo: “Quiero hacerle llegar mi ruego de que proceda (¿más que permitir?) a una discusión libre y seria sobre la Infalibilidad. Esto significaría para mí el cumplimiento de una esperanza a la que nunca he renunciado”.

Si nos atenemos al texto español de la carta, parece que la respuesta del papa Francisco fuera cosa fácil, sin dejar de notar que el dogma mismo es inmodificable: aceptar la voluminosa documentación sobre la infalibilidad del Papa; y permitir una discusión libre, imparcial y desprejuiciada sobre el dogma de la infalibilidad.

A mi parecer, resulta curioso y audaz que Hans Küng suscite de nuevo la discusión sobre la infalibilidad del Papa, que le mereció en 1978 el retiro de la licencia pontificia de enseñanza, de parte del papa Juan Pablo II.

Valga la reflexión: si el magisterio de la Iglesia no ha querido revisar, ni menos modificar, la norma de la encíclica 'Humanae vitae', con mayor razón no va a revisar, ni menos modificar, el dogma de la infalibilidad Pontificia. La tradición de veinte siglos enseña que el magisterio de la Iglesia no ha revisado en toda su historia, ni modificado siquiera, la redacción o formulación de uno de los dogmas de los papas o de los concilios.

Recordemos el texto de la definición del dogma de la infalibilidad del Papa. Dice así el papa Pío IX:
“Así, pues, Nos, siguiendo la tradición recogida fielmente desde el principio de la fe cristiana, para gloria de Dios, Salvador nuestro, para exaltación de la fe católica y salvación de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado: que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra –esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal– por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia.

“Y si alguno tuviera la osadía, lo que Dios no permita, de contradecir a esta nuestra definición, sea anatema”. D 1839 y 1840.

El texto de la definición del dogma es contundente, claro e irreformable.

Podemos estar seguros de que el papa Francisco no va a enfocar las preocupaciones del magisterio pontificio ni las discusiones de los teólogos, a la infalibilidad pontificia, por darle gusto a Hans Küng.

Hay que estar a la espera de la repuesta que le dará el papa Francisco a la carta. Pero no creo probable que la vaya a acoger ni a promover y enfocar la discusión de teólogos y del magisterio mismo de la Iglesia, sobre el dogma de la infalibilidad del Papa. Es un tema delicado, prolijo, prácticamente insoluble. No es el momento. Son abundantes los temas de actualidad que preocupan al papa Francisco y a la Iglesia universal.


Alfonso Llano Escobar