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El panorama si Odebrecht prende el ventilador en Brasil

El expresidente planea acogerse a la figura de delación negociada.

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08 de marzo 2016 , 07:13 p.m.

La condena a 19 años de cárcel del industrial Marcelo Odebrecht, expresidente de la empresa constructora de su mismo nombre y la más grande de Brasil, representa tal vez el segundo episodio más grave en la historia del escándalo del ‘Lava Jato’, que consiste en sobornos a políticos y empresarios usando recursos de la estatal petrolera Petrobras. El primero sería la ‘detención’ temporal del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva el viernes pasado.

El juez Sérgio Moro, quien dirige desde Curitiba toda la operación judicial, le dictó la medida al acusarlo de tres delitos, lavado de dinero, corrupción y concierto para delinquir, por los que también fueron condenados otros dirigentes de la constructora: Márcio Faria y Rogério Araújo, pero recibieron penas menores. 

Odebrecht fue detenido el 19 de junio del 2015, señalado tras las delaciones que otros detenidos hicieron tanto al juez Moro como al fiscal del caso, Carlos Fernando Dos Santos Lima, al acusarlo de ser uno de los principales beneficiarios de los sobornos y contratos de Petrobras. En ese momento, el empresario decidió no acogerse a la figura de delación negociada con la que se han beneficiado muchos de los procesados.

Medios locales informan que el grupo de defensores de Marcelo Odebrecht ya estudia acogerse a la figura de la delación para rebajar el término de su pena. Esta maniobra podría hacer llegar ya al ‘Lava Jato’ a la cima del poder brasileño.

“Lo que en un principio no quería Odebrecht ahora sí que lo va a hacer, por lo menos está negociándolo. Como dueño de la principal empresa constructora en Brasil, va a tener muchas cosas por decir en cuanto al esquema de desvío de dineros”, le aseguró a EL TIEMPO la periodista Magdalena Romeu, del diario O Globo.

Cuando ocurrió la detención, hubo una alerta muy grave sobre lo que pasaría si el empresario fuera condenado.

Emilio Odebrecht, padre de Marcelo y fundador de la constructora, afirmó en una entrevista a la revista Época que “tendrán que construir tres celdas más: para mí, Lula y Dilma”, en referencia a los muy estrechos lazos con estos dos dirigentes políticos.

En efecto, en otra delación negociada, la del jueves pasado, del exministro de la Casa Civil Delcidio Amaral, se dejaron muy claros los nexos, pagos y regalos que recibieron Lula y su instituto de parte de Odebrecht. En la misma diligencia, Amaral también aseguró que la actual presidenta, Dilma Rousseff, traficó influencias para evitar condenas contra dirigentes del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y sabía lo que estaba pasando con Petrobras.

A la mañana siguiente, Moro ordenó que se hiciera una conducción coercitiva de Lula, quien no había atendido una orden de indagatoria emitida el 29 de enero. El espectacular operativo en São Bernardo do Campo y la indagatoria de cerca de tres horas en el aeropuerto de Congonhas (ambos en el estado de São Paulo) avivaron aún más el fuego de la polarización política en Brasil. (Lea también: 'Estoy indignado, me han ofendido con este proceso': Lula da Silva)

En el texto de la sentencia contra Odebrecht, el juez Sérgio Moro aprovechó de paso para responderles a los sectores políticos que lo critican por el uso de la figura de la delación negociada. “Quien, en general, critica la colaboración negociada está a favor, aparentemente, del código del silencio de organizaciones criminales, lo que sí es reprobable”, señaló el jurisconsulto.

Las calles de Brasil están prendidas desde los hechos del viernes, y tanto los adeptos del PT como de la oposición, encabezada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, liderado por Aécio Neves), están dispuestos a atestarlas.

“Si las movilizaciones de la oposición son masivas, pueden hacer que el proceso de juicio de destitución contra Dilma Rousseff en el Congreso se acelere”, asegura Romeu.

El PSDB y el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), del vicepresidente Michel Temer, ya negocian acelerar los plazos del juicio, que en su instancia inicial dura cerca de tres meses. Contra Dilma también corre otra demanda en el Tribunal Supremo Electoral (TSE).  

LUIS ALEJANDRO AMAYA E.
Subeditor Internacional
En Twitter: @luisamaya2