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James anotó y el Real Madrid clasificó a cuartos en la Champions

Venció 2-0 a la Roma, tal como en la ida, y se metió entre los ocho mejores de la Liga de Campeones.

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08 de marzo 2016 , 03:36 p.m.

Resultó un partido apropiado para que James siga persiguiendo, y se acerque, a su brillo refundido. Fue titular del Real Madrid. Un alivio. Jugó los 90 minutos, por fin. Y lo mejor, anotó un gol, el segundo de la victoria 2-0 contra la Roma. Qué mejor faena para que el colombiano enmudeciera esos chiflidos incómodos y persistentes. De paso, el Madrid avanzó a los cuartos de la Champions

Cualquiera podía presentir que sería un partido de trámite. Y si se mira el marcador global, 4-0, no habría mucho que otorgarle al rival italiano. Pero no fue tan sencillo. Además, el Real Madrid, que triunfó 0-2 en la ida, necesitaba una nueva victoria, nada de un empate transitorio, aunque fuera suficiente. Quería ganar y hacerlo bien, para disimular las falencias, corregirlas, acallar las críticas, y convencerse de que tiene cómo cumplir ese desafío inminente en el que se le convirtió la Champions, luego de resignar la Liga. No le salió del todo.

Es que otra vez sufrió y le tocó remar más de la cuenta para ganar. Roma fue un oponente al que la precisión se le quedó en el avión. Falló tantas opciones de gol –principalmente con su atacante Salah, que aún debe estar en estado de lamentación– que de haber tenido más fortuna hubiera podido amenazar la estabilidad madridista. (Lea también: Zidane, contento con el gol de James Rodríguez)

Fue un primer tiempo en el que Real Madrid, una vez más, se vio como en un laberinto. Con muchas armas, con Bale y Cristiano como la amenazante pareja de ataque, pero sin salidas, sin claridad. Sin precisión. Cristiano falló varios duelos con el portero Szczesny, que quería ser leyenda en el Bernabéu y casi lo consigue. Parecía imbatible.

En medio de esos duelos perdidos, de un James nuevamente nublado –con pases errados, con desatenciones inhabituales–, Roma puso en riesgo el arco blanco. Pero Salah falló una y otra vez, tirando el balón afuera o errando ante el arquero Navas. Roma necesitaba una hazaña; no alcanzó ni a ilusionarse.

En el segundo tiempo, el panorama cambió drásticamente. Real Madrid no quiso que su clasificación, que ya parecía inminente, se viera empañada por 90 minutos flojos e inexpresivos. James seguía en la cancha, pese a algunos chiflidos insistentes. Pero Zinedine Zidane le dio la confianza a James; no solo lo tuvo los 90 minutos, sino que lo mandó a jugar de la derecha a la izquierda. Seguía corriendo entonces, como en el primer tiempo, por allí por donde está el banco técnico, como si Zidane quisiera tenerlo de cerca.

James comenzó a ser más participativo. A lanzar centros al área, más precisos. A asociarse, como en su mejor reciente época, con Marcelo. Incluso, estando en el área tuvo una volea, un remate tremendo que el portero volvió a atajar. Hubiera sido golazo. (También: )


Zidane también acertó al enviar a la cancha a Lucas Vásquez, quien con su movilidad entró en ese impenetrable ‘coliseo’ romano. Iban 18 minutos cuando el jugador hizo un par de amagues y metió un centro cruzado al área chica, buscando al estelar, a Cristiano, quien como no pudo hacer un gol de fantasía, decidió hacerlo atropellando, anticipándose a su marcador, avivándosele a la salida del arquero y rematando al arco, con la sutileza suficiente para abrir el marcador. El Bernabéu debió zarandearse con un respiro colectivo de alivio. Pues si bien la clasificación no estaba a esas alturas en riesgo, la victoria era una obsesión.

Cinco minutos después fue el turno de James. Una jugada rápida: Cristiano mutó de goleador a asistidor y le puso la pelota al colombiano, que avanzó en diagonal al arco, por esa zona izquierda, y en el instante justo pateó para lanzar ese esférico impredecible entre las piernas del humillado guardameta. James giró, extendió sus brazos, celebró con serenidad, sin iras innecesarias, esbozando una sonrisa de alivio.

Real Madrid ganó, clasificó, pero, pese al 4-0 global, su juego no convenció. Quedó la sensación de que Roma pudo acariciar una hazaña. Y como al equipo blanco no se le perdona un partido gris, sigue soportando críticas. A James lo siguen midiendo con lupa, desde las tribunas, desde las cabinas, desde los palcos. Afortunadamente, James no fue anónimo, anotó, y ese gol le permite seguir tras su brillo refundido.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET