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El inquietante arranque de Peñalosa

Alcalde no puede perder de vista inconformidad ciudadana y comunidades que se movilizan fácilmente.

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06 de marzo 2016 , 07:38 p.m.

Campanada temprana recibió el alcalde Peñalosa sobre la forma como la ciudad está percibiendo sus primeros dos meses de gestión con la primera encuesta Gallup, en la que aparece con un precario registro de aceptación, muy por debajo de sus colegas de Medellín, Cali y Barranquilla.

Porque admiro y aprecio profundamente a Enrique Peñalosa y porque no tengo ninguna duda acerca de la sinceridad de su compromiso con Bogotá es que escribo esta columna. Más fácil para mí sería no hacerlo, pero no sirvo para aplaudir ni callar cuando veo que las cosas no están bien.

Tomé la decisión de escribirla cuando vi y oí al presidente de la ETB, Jorge Castellanos, a quien tengo por hombre serio, patinando como aprendiz, en unas entrevistas por radio y televisión, lanzando globos sobre el futuro de la ETB, como si no tuviera presente que esa es una empresa que cotiza en bolsa y que él es responsable de proteger el patrimonio de sus accionistas y el de la ciudad.

Bien lo describió Silverio Gómez: es como el padre que pretende que su hija se case pronto mientras le insiste al novio que ella es alcohólica y drogadicta. Sin información contundente, sin cifras consolidadas, sin claridad en el destino, parecía un candidato dando palos de ciego.

Juan Carlos Flórez tiene razón. A Peñalosa le ha faltado hacer un corte de cuentas serio. Está sometido a que cada afirmación sobre lo que encontró en la alcaldía sea refutada por la administración anterior mediante declaraciones políticas, y Peñalosa muerde el anzuelo y contesta en un terreno de controversia airada donde su antecesor lo hace trizas. En ausencia de un documento serio, riguroso y profundo entregado a la opinión pública sobre la situación de la empresa, en la ETB pasó lo mismo.

Y es igual a lo que le ocurrió con la temprana camorra que casó con los decanos del ambientalismo, vociferando a lo Donald Trump que la reserva Van der Hammen son solo vacas y potreros, y que la urbaniza porque la urbaniza. Y no es muy diferente a lo que ocurrió con los primeros operativos de recuperación del espacio público, que, aunque necesarios, dejaron ver más la fuerza policial que las brigadas sociales de acompañamiento.

La comunicación también ha sido errática en materia de metro y movilidad. Y las relaciones con el departamento de Cundinamarca y los alcaldes vecinos parecen transitar por mal camino. Ya el alcalde de Mosquera le dijo, palabras más, palabras menos, que en Bogotá ejerce el Alcalde de Bogotá y que en Mosquera ejerce el de Mosquera. Pareciera que hubiera mirado con desdén inicial al Gobernador de Cundinamarca, quien se ha convertido en una poderosa figura emergente en la región.

Peñalosa no debería perder de vista que esta Bogotá de hoy es muy distinta a la que gobernó en el siglo pasado. Hay comunidades movilizadas, hay inconformidad a flor de piel, hay un sistema vulnerable como TransMilenio convertido en objetivo cotidiano de quienes aprovechan la enorme y justificada insatisfacción de los usuarios para estimular bloqueos y disturbios, hay redes sociales, hay Twitter, Facebook, YouTube e Instagram, donde cualquier exceso de un funcionario se documenta en tiempo real.

Logros hay, claro. En materia de seguridad, por ejemplo, es evidente que el Secretario, con información precisa en la mano, sabe para dónde va, tiene un plan detallado y puntual y lo ejecuta con eficiencia y determinación en llave con el Alcalde y la Policía.

Ahora necesitamos que vuelva a aflorar el Peñalosa visionario y propositivo, el que hacía soñar a Bogotá, el que tenía completa claridad de concepto y de palabra. El Peñalosa que hizo posibles los días de esplendor de la ciudad. Necesitamos que retome el diálogo ciudadano y que abra puertas al debate constructivo. Todavía está a tiempo... esto apenas comienza.

¡Pilas, Alcalde! ¡Animo, Alcalde!

JUAN LOZANO