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Ella es María Patricia, la mujer que construye paz en Antioquia

Es desplazada y hace una década trabaja para pasar la página de la guerra en su región.

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06 de marzo 2016 , 12:47 a.m.

La casa donde creció la encontró en cenizas y la escuela de su niñez destruida, al igual que las viviendas de sus vecinos y los cafetales que sembró con sus padres. Los paramilitares quemaron todo cuando desplazaron a María Patricia Giraldo y a otras 300 personas de la vereda Santa Rita, ubicada en San Carlos (Antioquia).

Para ver con sus propios ojos las ruinas de su vereda, ella esperó nueve años y desafió minas antipersona. El lugar donde pasó los primeros 18 años de su vida estaba abandonado, deshabitado, minado y consumido por rastrojos.

No recuerda la fecha que regresó a la vereda, pero sí el año, en 2007. No olvida que en su casa solo quedó de pie la nevera, que estaba en ‘esqueleto’, las llamas consumieron las latas.

Casi dos décadas después del éxodo, Santa Rita representa esperanza, allí viven 22 familias, de las 60 que salieron con lo que tenían puesto en 1998. No quedó ni un solo habitante. Muchos se arrastraron por cafetales en medio de enfrentamientos para salvar sus vidas. El retorno fue gracias a que la vereda, al igual que las otras 75 del pueblo, está desminada, tiene viviendas, acueductos, vías y escuelas nuevas.

Parte de esa reconstrucción se debe a la gestión de María Patricia mientras fue personera y alcaldesa de San Carlos. De hecho, una las primeras obras que hizo cuando inició su mandato (2012-2015) fue construir la escuela de su niñez.

Ella, describe su amiga Pastora Mira, regresó al municipio para ayudar a reconstruirlo, para trabajar por la paz y por la restitución de los derechos de las víctimas.

Desde que María Patricia volvió supo que tenía que trabajar por la reconciliación. Dice que hoy se ven los frutos, fue uno de los municipios más golpeados del país por el conflicto y hoy es el más recuperado.

Ella recuerda que antes de que los paramilitares entraran a su vereda, eran felices, ordeñaban vacas, sembraban café y legumbres. “Vivíamos pobremente pero no nos faltaba nada”, cuenta.

La expersonera estudió su primaria en la vereda, pero como allí no había secundaria se fue a vivir a un hogar estudiantil campesino del pueblo, donde le dieron posada los seis años que duró el bachillerato. Estudiaba de lunes a viernes y pasaba los fines de semana en Santa Rita.

En 1998, el último grado de su bachillerato, el conflicto empeoró con la llegada de los paramilitares, fue el año con más éxodos, desaparecidos, homicidios, masacres, tomas guerrilleras y paros armados. San Carlos se dividió en dos, la mitad era dominada por los guerrilleros y la otra mitad por los paramilitares.

“Nos tocó muchos enfrentamientos, ver cuando se llevaban a la gente para asesinarla. Nos mataron dos tías, muchos vecinos y conocidos. Los paramilitares llegaban con lista en mano para desplazar a los campesinos”, narra la líder.

Su papá era uno de los que aparecía en la lista, por lo que se fueron para Medellín a empezar una vida nueva. María Patricia vendía zapatos en un almacén de El Hueco (centro) y hacía parte de los cortejos fúnebres de una sala de velación. Con eso se pagó su carrera de Derecho en la Universidad Autónoma Latinoamericana.

Tras estar nueve años en la capital antioqueña, decidió retornar y fue nombrada personera del municipio. “Trabajó mucho por las víctimas y la reconciliación en conjunto con organizaciones sociales”, cuenta Pastora, a quien el conflicto la desplazó, le arrebató a su esposo y a dos hijos.

Reconstrucción de San Carlos

Recuperar a San Carlos era una tarea difícil, 30 de las 76 veredas con las que cuenta el pueblo fueron abandonadas en su totalidad y más de 20 de manera parcial, según tiene documentado el Centro de Memoria Histórica.

Era uno de los municipios más minados y violentos del país, también el más despojado. De allí se desplazaron 19.000 personas, hubo 170 víctimas de minas antipersona, más de 600 homicidios, 32 masacres y 350 desaparecidos. Aunque desde los 80, llegaron los primeros guerrilleros, entre 1998 y 2003 se intensificó el conflicto por los enfrentamientos entre las Farc y las Auc.

Pero hoy el panorama es otro. En 2012, San Carlos fue declarado el primer municipio del país libre de minas antipersona. El Ejército desactivó 600 artefactos, lo que ayudó al retorno de 14.500 personas. También recuperó el control del municipio, hoy no quedan grupos armados. Salieron el Eln, las Farc y las Auc.

Cuando María Patricia estaba en la Personería, los mismos campesinos que retornaron, la animaron para que se lanzara a la Alcaldía. En 2011, la abogada fue la primera mujer en ser elegida para ocupar ese puesto en el municipio.

Desde su gobierno diseñó programas de acompañamiento psicosocial, proyectos productivos, de memoria histórica, seguridad alimentaria y vivienda digna para retornados. También gestionó alianzas para ofrecer programas de empleos, educación y viviendas para reinsertados.

Jaime Fajardo Landaeta, experto en conflicto y exasesor de paz de la Gobernación de Antioquia, conoce de cerca la transformación de San Carlos. Cuenta que hace década y media, las víctimas en medio de su dolor empezaron a hacer procesos de reconciliación y de reconstrucción social, moral y económica. Además propusieron el desminado humanitario. Resalta la labor de María Patricia en el proceso.

Todo ese trabajo de San Carlos se replica en otros municipios del oriente antioqueño, la región podría ser el piloto de posconflicto en el país.

En el momento que ella retornó a su montaña supo que era posible pasar la página de la violencia y subsanar ese dolor para escribir un libro de esperanza: “Me subí al tren de la paz y deseo que muchos colombianos lo hagan, que crean en ella y la anhelen, así como lo hacemos las víctimas del conflicto”, concluyó.

DEICY JOHANA PAREJA M.
Redactora de EL TIEMPO
Medellín