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Lo que dejó la paz con el Epl, 25 años después

En 1991 se desmovilizó, entró a la Constituyente y dejó de herencia a: 'los Úsuga' y 'Megateo'.

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05 de marzo 2016 , 09:00 p.m.

“Se justificó enormemente haber dado el paso hacia la paz, porque se reivindicó la Asamblea Constituyente y, con la creación de la Carta Política, se le abrió un nuevo panorama a Colombia, que hoy, incluso, es la inspiración de los diálogos de La Habana”, dice Jaime Fajardo Landaeta, desmovilizado de la guerrilla del Epl y uno de los padres de la Constitución del 91.

Y así subraya cuál fue la motivación para que hace 25 años, el 15 de febrero de 1991, el Ejército Popular de Liberación (Epl) firmara la desmovilización. Uno de sus jefes, Bernardo Gutiérrez, hizo el acuerdo con el entonces ministro de Gobierno, Humberto de la Calle, y el consejero presidencial para la Paz, Jesús Bejarano.

Trece días después, el primero de marzo, 2.200 hombres del Epl se reinsertaron a la vida civil. “¡Armas a discreción de la Constituyente!”, fue la consigna con la que esa agrupación, rebautizada como Esperanza, Paz y Libertad, llevó a dos de los suyos, a Fajardo y a Darío Mejía, a la Asamblea que redactó la actual Constitución.

Pero no todo el Epl se reinsertó hace 25 años; 160 de sus integrantes se mantuvieron en la senda de la guerra bajo el mando de Francisco Caraballo, un histórico de esa organización, que luego fue capturado y pasó 14 años en prisión.

Y, mientras que Bernardo Gutiérrez fue congresista y el más visible de los ‘esperanzados’ –como les llamaron a los reinsertados, que fueron declarados objetivo militar por las Farc–, el país también recuerda que de las entrañas del Epl salieron jefes paramilitares como Diego Fernando Murillo, ‘don Berna’; Jesús Ignacio Roldán, ‘Monoleche’, y Éver Veloza, ‘H. H.’, y cabecillas de bandas criminales como Víctor Navarro, ‘Megateo’, y los jefes de los ‘Urabeños’: Juan de Dios y Dairo Úsuga, este último conocido como Otoniel, hoy por hoy el hombre más buscado de Colombia. (Lea también: Escoltas y familiares escondieron restos de 'Megateo' e hicieron altar)

Si bien ha pasado un cuarto de siglo desde la desmovilización del Epl, el nombre de esa guerrilla aparece mencionado en una sentencia reciente contra los paramilitares, del Tribunal de Justicia y Paz de Medellín. Los magistrados ubican a ese grupo en los albores de la violencia en Córdoba, que a lo largo de 50 años fue protagonista junto con los narcos, las Farc y los propios ‘paras’.

“En 1967 surgió la primera guerrilla de izquierda, el Ejército Popular de Liberación (Epl), y así, cronológicamente, aparecieron las Farc en límites con el departamento de Antioquia en 1981, el narcotráfico en 1984, los primeros cultivos de coca en 1992, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá en 1994, las Autodefensas Unidas de Colombia AUC en 1996”, dicen los magistrados en la sentencia del 23 de abril de 2015.

En efecto, a mediados de la década del 60, en las regiones del Alto Sinú y Alto San Jorge, aparece el Epl como brazo armado del Partido Comunista Marxista Leninista, comandado por Pedro Vásquez Rendón, Pedro León Arboleda, Francisco Caraballo y Libardo Mora Toro, entre otros. (Además: La Policía va por el que sería el sucesor en el Epl)

Vásquez fue dado de baja en combate el 5 de agosto de 1968; Mora Toro, quien antes de enrolarse en la guerrilla fue un destacado atleta, murió en 1971, y León Arboleda fue abatido en Cali en 1975.

Para ese entonces, ya el Epl era fuerte en la zona de Urabá (Chocó, Antioquia y Córdoba), así como en el Valle y Norte de Santander. A Caraballo y a otros jefes como los hermanos Calvo (Óscar William y Jairo de Jesús, también conocido como ‘Ernesto Rojas’) se les unió Bernardo Gutiérrez, quien era miembro del quinto frente de las Farc, que operaba en Urabá, e integrante del Estado Mayor de esta organización, de la que decidió marginarse por serias diferencias con el Secretariado que había ordenado fusilarlo.

Armas sí, pero no todas

De hecho, ‘Tirofijo’, jefe de las Farc, nunca perdonó la traición de Gutiérrez y en 1987 vetó su presencia como delegado del Epl en la Coordinadora Guerrillera, de la que también hacía parte el M-19, el Ejército de Liberación Nacional (Eln), el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Quintín Lame.

Con el gobierno de Belisario Betancur, el Epl firmó un documento de paz, el 23 de agosto de 1984, pero el proceso no se consolidó y los hermanos Calvo terminaron asesinados, en hechos que nunca se aclararon: Óscar William el 20 de noviembre de 1985, y Jairo, el 15 de febrero de 1987.

No obstante, a finales de 1990, Gutiérrez volvió a sentarse a dialogar con el Gobierno y así comenzó la etapa final de su desmovilización. Caraballo no estuvo de acuerdo con esa decisión y le advirtió que si iba a entregar las armas, que se las entregara a él.

En la desmovilización del Epl se depusieron 850 armas, con las que se construyó el Monumento a la Paz en Medellín. Aunque esas no eran todas, porque la disidencia de Caraballo se quedó con unas, otras pasaron a manos del Eln y algunos reinsertados mantuvieron las que poseían.

Después de la Constituyente, Gutiérrez fue elegido senador, por el AD M-19. Las Farc le pusieron precio a su cabeza, tras señalarlo de recibir apoyo de los hermanos Fidel y Carlos Castaño, jefes de los ‘paras’.

Del M-19, Gutiérrez pasó al partido Liberal y luego, acosado por las amenazas contra su vida, se exilió en Italia, donde se desempeñó como secretario adjunto de la embajada de Colombia. Tras una larga enfermedad, murió en ese país el 23 de febrero de 2008.

Por su parte, Caraballo buscó reorganizar al Epl como guerrilla y mientras que era uno de los delegados de los Diálogos de paz de Tlaxcala (México), con el gobierno de César Gaviria, sus hombres secuestraron al exministro Argelino Durán Quintero, quien murió en cautiverio, hecho que desencadenó la ruptura de las negociaciones de paz el 4 de mayo de 1992.

En junio de 1994, Caraballo fue capturado y un juez lo condenó a 29 años de prisión. Recuperó la libertad el 18 de abril de 2008. En las pocas apariciones públicas que ha hecho desde entonces, ha expresado su apoyo a los diálogos de paz con las Farc que se realizan en La Habana (Cuba).

La herencia maldita

En la cacería desatada contra los ‘esperanzados’, en la que se calcula hubo unos 700 muertos, las Farc perpetraron la masacre de La Chinita, el 23 de enero de 1994 en el barrio Obrero de Apartadó (Antioquia), donde murieron 35 personas y otras 17 resultaron heridas. En vano, durante 22 años, familiares de las víctimas han buscado respuesta de las Farc, y desmovilizados del Epl, encabezados por Fajardo y Mejía, han planteado un cara a cara en el que salga a relucir la verdad de lo que pasó.

“Esa fue la parte negativa de la reinserción. Las Farc y algunos compañeros no entendieron el paso que dimos y realizaron acciones contra las comunidades. Ahora, pedimos que las Farc entren a dialogar con estas comunidades y generar una agenda común, sobre la base de los errores cometidos”, dice Fajardo.

Parte de esa verdad sobre los errores cometidos tiene que ver con la vinculación de desmovilizados del Epl con los ‘paras’, como los Úsuga y ‘Monoleche’, quienes, paradójicamente, en la época de la Coordinadora Guerrillera y bajo el mando de Bernardo Gutiérrez, estuvieron en la toma de Saiza, en Tierralta (Córdoba), donde murieron 14 integrantes de la Fuerza Pública.

‘Monoleche’ pasó del Epl a ser el hombre de confianza de Carlos Castaño y luego sería el encargado de asesinarlo, en abril de 2004. Después de desmovilizarse con el Bloque Calima de las Auc, ingresó a prisión y ha sido cuestionada su colaboración en el marco de Justicia y Paz, por lo que la Fiscalía pidió retirarle los beneficios de la justicia transicional.

Los Úsuga también terminaron en la ‘Casa Castaño’, el punto de partida para organizar su banda criminal: ‘los Urabeños’ o el ‘clan Úsuga’. Juan de Dios fue abatido por la Policía el primero de enero de 2012 y Dairo, alias Otoniel, es el narco más poderoso del país.

Otra ficha de la herencia maldita del Epl fue Víctor Navarro, ‘Megateo’. Un capo del narcotráfico en el Catatumbo, hasta que murió en un operativo realizado por la Policía en agosto del año pasado.

No obstante, a pesar de la violencia que lograron dejar atrás algunos de quienes militaron en el Epl, los reinsertados de Esperanza, Paz y Libertad que se mantuvieron firmes en su posición de paz, reivindican los logros del proceso que firmaron en 1991.

“Hemos copado espacios muy importantes en la vida política e institucional del país. Hemos tenido senadores, representantes a la Cámara, alcaldes en zonas tan difíciles como Urabá, diputados, concejales y hemos hecho alianzas muy importantes en relación con los objetivos de paz. Eso nos reivindica”, concluye Fajardo.

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