Archivo

Trump vs. Clinton

Aunque es improbable que Hillary pierda, aterra que el discurso de Trump llegue a la presidencia.

05 de marzo 2016 , 08:29 p.m.

Los resultados de las elecciones primarias el martes pasado en 12 estados prácticamente garantizan que la candidata demócrata será Hillary Clinton y el republicano será Trump, aunque Ted Cruz tiene aún algún chance gracias a su victoria en Texas. Más de medio país, incluyendo prestantes líderes republicanos, está aterrado ante la posibilidad de que Trump sea presidente, por cuanto no ha rechazado el apoyo de líderes del Ku Klux Klan y por las barbaridades que ha dicho: que los inmigrantes mexicanos son delincuentes, que deportará inmediatamente a quienes no tienen papeles, que ningún musulmán podrá entrar a EE. UU. y que apoyaría matar a los familiares de los terroristas. Aunque luce muy improbable que Hillary pierda, hay que preguntarse por qué un hombre como Trump ha llegado tan lejos.

Hillary luce imparable como candidata demócrata. Aunque también lo parecía cuando le ganó Obama, su campaña no parece estar dispuesta a cometer los errores de entonces. Y los partidarios de Sanders, a pesar de estar contra el establecimiento demócrata, difícilmente votarían por un derechista como Trump. Hillary ya comenzó a tenderles puentes. Líderes moderados y conservadores del Partido Republicano han dicho que no votarán por Trump. Y es probable que los latinos y otros inmigrantes, los jóvenes e intelectuales voten masivamente por Hillary, indignados ante el discurso de Trump. Por todo esto, lo más seguro es que ella gane.

Pero, insisto, ¿por qué ha llegado tan lejos un tipo como Trump? La respuesta es: por su racismo abierto y sin tapujos. O sea, por la misma razón por la que es improbable que sea Presidente. Para entender este contrasentido hay que remitirse al aumento dramático de la desigualdad en los EE. UU. y las peculiaridades del sistema electoral gringo. El premio nobel Paul Krugman demostró hace unos años (1) cómo esos dos factores explican por qué la extrema derecha venía apoderándose del Partido Republicano desde cuando eligió como candidatos a Barry Goldwater y Reagan.

Krugman mostró cómo el crecimiento económico de los EE. UU. en las últimas tres décadas ha favorecido solo a los de arriba (Piketty lo probó luego con mayor contundencia). Los de abajo no han mejorado casi nada, y lo resienten. Pero los blancos pobres culpan de ello más a los inmigrantes (quienes les disputan sus puestos de trabajo) que a los blancos ricos y a la política reaganista de reducir los impuestos a los ricos y desmantelar el estado de bienestar. A pesar de que estas políticas contribuyeron mucho al aumento de la desigualdad.

La extrema derecha del Partido Republicano entendió bien esto y comenzó hace décadas a enviar un mensaje racista subliminal para alinear con éxito a los blancos pobres en su favor, no obstante promover políticas que solo favorecen a los ricos. Lo que ha hecho Trump es ir más allá y adoptar un lenguaje racista explícito. Con eso barrió a sus contendores dentro del partido y, a pesar de ser un multimillonario inescrupuloso, es el candidato de los blancos pobres.

El sistema electoral gringo facilita que estas posiciones extremas ganen las primarias, porque aun si más de un 50 % de los republicanos de un estado no las apoya, para que el precandidato extremo se lleve el 100 % de los votos electorales del estado basta con que el 30 % más radical salga a votar inflamado por ellas (pues así obtendría más del 50 % de los votos republicanos, ya que la abstención en los EE. UU. supera el 50 %). Esa aritmética electoral le resulta más adversa cuando el candidato extremo se enfrenta a un demócrata, pues más de un 80 % de todos los ciudadanos de un estado puede estar en contra de sus posiciones. Por eso perdió Goldwater. Pero, aun así, Reagan ganó dos elecciones. Dios quiera que Trump no lo logre.

(1) Krugman, ‘La conciencia de un liberal’, 2007

GUILLERMO PERRY