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Una tormenta perfecta

Hay que pensar en cómo sacar adelante la paz a pesar de la guerrilla, de la oposición y los medios.

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05 de marzo 2016 , 08:29 p.m.

Es difícil imaginar una situación más complicada. El desempleo volvió a subir a dos dígitos, la inflación continúa alta y sigue el crecimiento por debajo del promedio. Se dañan Guatapé y Las Flores justo cuando los embalses están acercándose a niveles que generan incertidumbre sobre la capacidad de pasar esta crisis sin recurrir al racionamiento. Al mismo tiempo, ha caído la confianza del consumidor y la de los empresarios respecto al manejo económico. Algunas agencias calificadoras de riesgo le han rebajado la calificación a Colombia e insisten, con razón, en la necesidad de una reforma tributaria. Las exportaciones no arrancan y las importaciones no han cedido suficientemente, lo que ha causado que el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos haya ascendido a niveles que causan alarma y que aceleran la devaluación del peso. El desafortunado conejo armado de las Farc en la población del mismo nombre, en La Guajira, que ha inducido mayor desconfianza sobre lo que se puede esperar de la guerrilla, le ha sumado enemigos a la paz y argumentos a sus detractores. La estrategia de las Farc de dejar pasar la fecha del 23 de marzo sin llegar a un acuerdo y el cuarto que le hacen cavilosos columnistas a la guerrilla en ese propósito han contribuido a minar aún más la confianza en el proceso y la imagen del Presidente. El escándalo mediático provocado por el Contralor sobre los gastos y problema de ejecución de la construcción y puesta en marcha de Reficar ha inducido juicios periodísticos sumarios y posiblemente equivocados o inexactos, que han tenido un impacto muy negativo por el tamaño de las sumas involucradas.

El destape de las preferencias sexuales de algunos altos oficiales de la policía y de congresistas sirvieron para distraer a la opinión sobre el verdadero problema, que es la corrupción a alto nivel; le restaron dignidad a esa institución y sumaron a lo que se refleja en las encuestas como el bajo nivel de aceptación del Presidente o la desconfianza sobre la paz y el futuro inmediato del país.

Analistas de opinión se sorprenden de que los colombianos sigan disfrutando tranquilamente la vida al tiempo que se expresan cada vez con mayor pesimismo. Quizás lo que más carcome su confianza es que ha caído radicalmente el valor de sus activos, y sus ingresos en pesos ya no les alcanzan, a causa de la devaluación, para darse el gusto que se daban antes. La expectativa de una reforma tributaria inevitable incide negativamente en esa sensación de pérdida.

La Fiscalía, exhibiendo un exquisito sentido de la inoportunidad, capturó a Santiago Uribe. Esto ha desatado todo tipo de excesos verbales de las furias del Centro Democrático. El excandidato presidencial de ese movimiento no le pudo ganar a la paz o a Santos en las elecciones, y ahora pide que él se vaya y que deje botada la paz.

En lo que hay que pensar es en cómo sacarla adelante a pesar de la guerrilla, de la oposición, de los medios, de los enemigos agazapados de siempre y de los pesimistas de ahora. Firmar el acuerdo a tiempo, sin dilaciones ni mamadera de gallo armada, sería un paso definitivo. Avergonzar a los magistrados para que cumplan con su deber y sacar a las manzanas podridas de las altas cortes antes de que impongan a sus candidatos es indispensable. Pedirles a los ministros que, por ahora, depongan sus aspiraciones presidenciales sería deseable. El Presidente ya está en campaña por todo el país. Eso también va a servir para que recupere el capital político que se ha gastado en su empeño de alcanzar la paz. Apagar bombillos, ahorrar agua, energía y luz solar es lo que cada uno de nosotros puede aportar para desactivar esta perfecta tormenta política.

RUDOLF HOMMES