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Alerta sobre emergencia en salud por causa del consumo de heroína

Ministerio de Justicia plantea debatir sobre los centros de consumo de drogas controlados.

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03 de marzo 2016 , 10:37 p.m.

En Colombia hay al menos 32.000 consumidores de heroína, de los cuales unos 15.000 se inyectan. En Cúcuta un adicto puede inyectarse dosis hasta nueve veces en el día. La edad de inicio es a los 18 años, pero existen casos en los que comenzaron antes de los 12. Se intercambian y reciclan jeringas, y en ocasiones preparan dosis con agua de charco, gaseosas y orines. En el caso de las mujeres es común el intercambio de sexo por dinero o por heroína. (Ver infografía: Al menos 31.900 personas han tenido contacto con la heroína)

Esa es a grandes rasgos la radiografía que el Ministerio de Justicia hace sobre el consumo de drogas inyectadas en el país. “Los indicadores epidemiológicos que presentamos aquí son contundentes en demostrar una emergencia de salud pública”, se lee en el más reciente estudio del Gobierno conocido por EL TIEMPO, y que será revelado en los próximos días.

Por eso, el Ministerio propone explorar “la posibilidad de crear espacios de consumo e inyección supervisados” como los que existen en Barcelona, España, o Vancouver, Canadá. También, que se incluya en el Plan Obligatorio de Salud (POS) el programa de distribución de equipos higiénicos (los kits con jeringas) que, con el apoyo de organizaciones no gubernamentales, actualmente funciona en Pereira, Bogotá y Cali. Esto, dentro de los planes de reducción de daño. La esencia de la propuesta, que es polémica, es que además de los efectos nocivos del consumo hay que hacerle frente a sus nocivos efectos colaterales. (Además: La apuesta de entregar jeringas a adictos para prevenir enfermedades)

El estudio, titulado ‘La heroína en Colombia: producción, uso e impacto en la salud pública’, hace un crudo retrato del mundo en el que viven los adictos que se inyectan, no solo heroína, sino también cocaína, la combinación de estas dos sustancias y hasta benzodiacepinas y alcohol.

La falta de condiciones higiénicas y el riesgo de propagación de enfermedades como el VIH-sida y la hepatitis C preocupan a las autoridades. “Las personas que usan heroína y se inyectan drogas tienen actividad sexual e intercambio frecuente con personas de grupos de alta vulnerabilidad al VIH, tales como hombres que tienen sexo con hombres o personas que ejercen el trabajo sexual. El uso del condón es inconsistente en la mayoría de los casos”, señala el informe. La prevalencia de VIH en Bogotá aumentó en 12 años en un 260 por ciento en la población “de inyectores”. En tres años en Medellín creció un 6 por ciento, y en Pereira, 342. (Lea también: Alarma por heroína de alta pureza en las calles de Bogotá)

Comparten jeringas

La encuesta citada por el Gobierno en el estudio, que entre el 2011 y el 2014 contactó a 2.202 personas en seis ciudades, muestra que cuatro de cada 10 consultados han utilizado jeringas usadas, y si bien el 53 por ciento dijo que la limpió, solo el 0,44 lo hizo con hipoclorito, básico para la esterilización.

Además, “entre una y dos terceras partes –variable por ciudad– guardaron la jeringa del último evento para usarla de nuevo, pero la mayoría la cedió a alguien más, la botó en una caneca o la dejó en el piso del lugar en el que se inyectó”. Ese mal manejo dispara las posibilidades de contagio de enfermedades, incluso en población ajena a esa problemática. (Lea: Santander de Quilichao, en el corazón de la heroína)

El estado de salud de estas personas no solo se ve deteriorado por el efecto de las drogas, sino por las malas prácticas al inyectarse. Se detectó que en algunos casos en medio de episodios de abstinencia, que les genera una tremenda ansiedad por consumir y que se manifiesta con dolor, escalofrío y vómito, los consumidores utilizan cualquier elemento. “Las jeringas se guardan y se reutilizan, cuando ello ocurre, el filo de la aguja se desgasta y lesiona más los tejidos y las venas”, dice el estudio. “A veces uno se inyectaba un pedacito de tierra o un pelo y eso al entrar en las venas causa escalofríos y un descontrol de fiebre”, dijo un adicto.

Vinculados con el delito

El Ministerio dice que el consumo de heroína comienza con “la búsqueda de placer, de sensaciones intensas y curiosidad”, y usualmente se da por influencia de un amigo o la pareja. Aunque en Santander de Quilichao se detectó que las mujeres lo hacen buscando bajar de peso, y en Cali –tanto hombres como mujeres–, para enfrentar la depresión. ¿Dónde consumen? Lo hacen en lugares públicos, en plena calle o en las ‘ollas’. Esto último es recurrente en Armenia y Cali; en Bogotá suele ser en casas de amigos o parejas.

Aunque la mayoría de las personas con consumo problemático viven en la calle, muchos hacían parte de familias de estratos medios e incluso altos, y tenían un nivel de estudio. En Bogotá, Medellín y Cúcuta se detectó un alto número de universitarios.

Pese a eso, la adicción los llevó a estar involucrados en delitos como hurto y microtráfico. “La mayoría lo hace por la necesidad de asegurar la disponibilidad de las dosis. En unos casos se acude al hurto en los hogares o a personas cercanas, en otros, a hurtos simples en calle”, dice el Ministerio de Justicia. (También: Consumo de heroína, bomba de tiempo que preocupa al Gobierno)

En Medellín, Armenia, Pereira, Bogotá y Cúcuta es usual que terminen en las redes de narcomenudeo. Y “en Cúcuta, Santander de Quilichao y Medellín, este fenómeno se asocia con asesinatos selectivos y se reconoce como una práctica de alto riesgo, además de ser poco rentable, pues las personas terminan por ‘descuidar’ el negocio ante la urgencia de consumir”, indica el estudio.

Pero también señala que el mercado, especialmente de la heroína, es cerrado: “No cualquier persona puede conseguir heroína fácilmente, a no ser que ya haya sido introducida por conocidos o recomendada por los que expenden la sustancia”.

En Bogotá y Medellín, donde no es común consumir en ‘ollas’, la compra de la sustancia se concreta a través de llamadas telefónicas que incluyen servicio a domicilio.

El precio de la heroína varía de acuerdo a la ciudad, pero en promedio las ‘bolsas’ oscilan entre 5.000 y 30.000 pesos.

Aunque el valor varía según la pureza: un gramo 100 por ciento puro es comercializado entre 41.000 y 200.000 pesos. De esto sacan provecho las redes de microtráfico en las que, dice el Ministerio, en un día un expendedor puede ganar un millón de pesos.

En tres ciudades entregan jeringas

El aumento del VIH y la Hepatitis C entre consumidores de drogas inyectadas y las malas prácticas en la aplicación de las mismas representan grandes amenazas para la salud pública del país. Como una respuesta a esta problemática nació hace dos años ‘Cambie’, una iniciativa de la ONG Acción Técnica Social que hoy cuenta con el apoyo de las Secretarías de Salud de Bogotá, Cali y Pereira, y de cooperación internacional. El objetivo es la reducción del daño entre consumidores de drogas inyectadas a través de la entrega de kits de jeringas y materiales estériles, así como la recolección de jeringas usadas. En Pereira, donde el plan comenzó en marzo de 2014 y donde Minjusticia apoya con recursos la entrega de los kits, ‘Cambie’ atiende a 1.150 usuarios. En Bogotá, hay 170 registrados y 180 en Cali.

Según el Ministerio de Justicia la estrategia ha contribuido en la reducción del uso compartido de jeringas y ya hay resultados evidentes en el caso de Pereira donde un estudio de 2014 encontró que el 70 por ciento de consumidores dijo haber empleado jeringas usadas, pero tras la intervención de ‘Cambie’ en el mismo año solo el 34 por ciento dijo haberlo hecho.

PAULINA ANGARITA MENESES
Jefe de Redacción ELTIEMPO.COM