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Hallar a su mamá, sueño de un joven guajiro adoptado por holandeses

Dani Edwin Jaison Dekker creció en Woudrichem, un pueblo de los Países Bajos.

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03 de marzo 2016 , 07:24 p.m.

Un pueblo, una familia y una persona sin conocer su pasado es como un árbol sin raíces. Eso es lo que, durante los últimos años, ha sentido Dani Edwin Jaison Dekker, un adolescente de 14 años, de origen guajiro, adoptado por holandeses y quien hoy, llevado por el deseo de saber quién es, quiere conocer a su familia biológica. ¿Por qué mi color de piel?, ¿por qué mis facciones son diferentes?, fueron las dudas que hicieron que Dani les suplicara, en el 2013, a sus padres adoptivos que lo ayudaran a encontrar sus raíces.

Nicolle Dekker es su mamá adoptiva. En su juventud vio que una de sus amigas había adoptado a un niño de origen colombiano, de inmediato le comentó a su familia que, en un futuro, a ella le gustaría hacer lo mismo. Cuando estaba próxima a cumplir sus 30 años, se enfermó gravemente; los médicos le confirmaron que nunca podría tener hijos. Fue así como ese deseo se hizo cercano. “Siempre quise adoptar a un niño para darle una vida sin preocupaciones ni necesidades. Mi esposo, Kees Dekker, también estaba muy feliz con la idea de acoger a una persona en la familia, por eso no lo dudamos y así lo hicimos”, cuenta.

Debido a su gusto por la cultura colombiana, este fue el país elegido para adoptar. Al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) llegaron en el año 2003 y, después de un largo papeleo, conocieron a su hijo. Para esa época Dani se llamaba Edwin de Jesús, era un niño de 22 meses, con rasgos wayú y cachetes prominentes. El enamoramiento de los Dekker hacia Dani fue inmediato. Regresaron los tres a Woudrichem, un pequeño pueblo ubicado en la parte sur en el centro de Holanda, donde el nuevo miembro de la familia crecería.

Hoy Dani es un adolescente de 14 años, amante del fútbol y de James Rodríguez. Si no fuera por sus rasgos guajiros pasaría desapercibido en Woudrichem. Desde que era niño, sus padres le han hablado de su origen; por eso, cuando cumplió 13 años, les expresó el deseo de conocer más de cerca de dónde venía.

Viaje dejó pocos frutos

En el 2014 decidieron emprender un largo trayecto de Ámsterdam a Bogotá. En la capital colombiana visitaron las oficinas del ICBF. Allí, según ellos, les dieron pocos datos, entre estos, que Dani muy posiblemente había nacido un 24 de noviembre del 2001 en San Onofre o en Maicao. Cuando el niño tenía casi seis meses –en abril del 2002– fue entregado al ICBF por una señora llamada Esmeralda, quien no era su madre y quien explicó que una mujer de nombre Patricia le había entregado al niño argumentando que no tenía cómo mantenerlo.

Después de pasar unos días en Bogotá, los Dekker viajaron a Maicao, allá personas del pueblo les dieron información más precisa. Les confirmaron que efectivamente Patricia era la madre del niño, que se dedicaba a vender productos en los pueblos aledaños a Maicao y que hoy, probablemente, viviría en Venezuela.

“Cuando contábamos nuestra historia, la gente se disponía a ayudarnos, a contarnos detalles y a mostrarnos su cultura. Pudimos ver que muchos niños tenían los mismos rasgos de mi hijo, por eso estamos casi seguros de que Dani nació en Maicao. Sin embargo, nos devolvimos con algo de tristeza, pues no pudimos averiguar mucho del paradero de la familia de él”, cuenta Nicolle.

Después de retornar a Holanda, uno de los familiares de Esmeralda los contactó y les contó muchos más detalles de la historia de Dani, como que Patricia es nacida en San Onofre, y que ella le había entregado un bebé a Esmeralda quien lo cuidó unos meses. Al mismo tiempo, mientras Esmeralda trabajaba, lo dejaba con Ramona –de aproximadamente 50 años, en el 2002–, y que para esa época trabajaba en un restaurante. Ramona alimentaba y cuidaba al bebé cuando ella no podía. En mayo de ese mismo año, después de perder contacto con la mamá del niño, Esmeralda, agobiada por la falta de dinero, llevó al niño a Bogotá y lo entregó al ICBF para que fuera dado en adopción. También les contaron que Dani tenía una hermana, en ese tiempo de 6 años, y que hoy en día debía estar entre los 19 y 20 años. A ella, en el 2002, la dejaron al cuidado de la abuela de ambos niños.

Hasta el momento se desconoce el paradero del papá y del resto de la familia de Dani, pero él no deja de expresar su sueño de conocerlos algún día, en especial a su mamá.

“Quiero conocer a mi madre biológica por el simple hecho de que es quien me dio la vida. Decirle que no le tengo rencor por haberme abandonado, pues probablemente tuvo una razón muy poderosa para hacerlo. La perdono, pues hoy tengo una vida feliz, con muchos amigos en la escuela. Quiero hablar con ella, verla y poder comprobar que sus ojos son iguales a los míos, como en Maicao me lo dijeron. Quisiera que me pudiera contar todo acerca de mi familia y mi pasado”, finaliza Dani.

El ICBF responde:

1. ¿Es posible que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar le proporcione a Dani más información de su familia biológica?

Sí. El Código de la Infancia y la Adolescencia reconoce la búsqueda de orígenes como un derecho de toda persona adoptada, cuando cumple 18 años o a través de sus padres adoptivos si aún es menor de edad. No obstante, es importante tener en cuenta que ese proceso depende de otros factores, entre ellos la posibilidad de establecer la ubicación actual de la familia biológica y su voluntad de conocer a la persona que la busca.

2. Si alguien que fue adoptado quiere saber del paradero de su familia, ¿qué debe hacer?

El ICBF cuenta con un grupo de profesionales encargado específicamente de dar trámite a las solicitudes de personas que quieran adelantar la búsqueda de sus orígenes. Ellas solo deben enviar la solicitud a la entidad para iniciar el proceso por los canales de comunicación del Instituto: línea 01800 918080 o PBX. 437 7630, Subdirección de Adopciones.

3. ¿Cuántas peticiones de este tipo se dan al año al ICBF (personas que fueron adoptadas pidiendo información de la identidad de sus padres biológicos)?

En este momento hay alrededor de 350 solicitudes de búsqueda de orígenes activas.

‘Casos como el de Dani son muy frecuentes’

Para José Manuel Rivera García –jefe del Departamento de Protección, de la Cruz Roja Colombiana (CRC)– el caso del menor de edad Dani Edwin Jaison Dekker, que desea conocer a su madre biológica, es una situación muy recurrente en el contexto de nuestro país. Según Rivera, “son bastantes los casos que recibimos y, generalmente, provienen de países europeos”.

Este tipo de situaciones son atendidas por el programa de Restablecimiento de Contactos Familiares (RCF), que atiende al mes –en la sede nacional– unos 25 casos, y con el apoyo de las 32 seccionales de la Cruz Roja en Colombia, el número puede llegar a un mínimo de 95. Sin embargo, si se presenta una emergencia en el país (como una catástrofe natural o atentados), el número se incrementa.

La cifra de restablecimientos familiares exitosos en el país, según CRC, esta inicialmente en el 90 por ciento.

¿Cómo solicitar ayuda?

Por norma institucional y de seguridad, se debe seguir un procedimiento.

“La solicitud debe venir directamente de un familiar en primer grado de consanguinidad, o segundo de afinidad”, aseguró Rivera. El documento que se debe diligenciar puede ser solicitado, por los interesados, en los siguientes correos: rcf@cruzrojacolombiana.org, protección@cruzrojacolombiana.org, jose.rivera@cruzrojacolombiana,org.

Si para la búsqueda se requiere el apoyo de la Cruz Roja de otro país se puede hacer el trámite a través de ellos; para eso, la CRC cuenta con una red de vínculos llamada familylinks.icrc.org, a la cual están conectadas las 189 sociedades nacionales de la Cruz Roja del mundo.

Otros programas del CRC

La mayoría de programas de la Cruz Roja tienen énfasis en el accionar humanitario a raíz del conflicto armado y otras situaciones de violencia o desastres: desaparecidos, trasmisión de mensajes entre familiares para Personas Privadas de la Libertad (PPL), nacionales y extranjeros; población migrante, contaminación por armas y reducción y mitigación de los efectos humanitarios por violencia, entre otros.

En las investigaciones que adelanta la Cruz Roja Colombiana, incluidas los que tienen que ver con el restablecimiento de los lazos familiares, se prioriza la protección de las personas. Según José Manuel Rivera, se actúa bajo el derecho de la confidencialidad –Ley 852 del 2003, artículo 3, numeral 4 Garantías–, “por ello cualquier información que se divulgue o se dé a conocer tiene que ser con aprobación y desistimiento de las personas implicadas o beneficiadas de nuestra labor humanitaria”, concluyó Rivera.

Si tiene información sobre el caso de Dani, escribir a zona@eltiempo.com

CAROLINA MORALES
Redacción EL TIEMPO ZONA