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Homenaje al cineasta Luis Ospina en el Festival de Cartagena

El caleño será galardonado por su dedicación y entrega al séptimo arte.

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02 de marzo 2016 , 10:19 p.m.

Con una camarita aficionada, Eduardo Ospina, un ingeniero caleño, se dedicaba a filmar toda situación cotidiana de su hogar.

Luis, el menor de sus cinco hijos, era el espectador predilecto de esas grabaciones y se convirtió con los años en director de cine. Fue una pasión heredada en esos años 60 y Luis Ospina lo desenrolla para contar por qué heredó una pasión, con el amor y respeto profundo que su padre le tenía al séptimo arte.

“Mi papá tenía colecciones de películas de vaqueros, dibujos animados. Crecí en un medio en el que el cine era un tema diario, todos los fines de semana el plan era ir a los teatros; Cali tenía muchos y la pantalla gigante era el espectáculo más barato que tenía el pueblo, por lo que para mí el cine siempre ha significado algo especial”, asegura hoy desde Bogotá, la ciudad que lo acogió hace 21 años.

La cinta de detalles sigue en la memoria después de más de 40 años de haber tomado esa decisión y el cineasta, de 66 años, recibirá este jueves, durante la edición n.° 56 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (Ficci), un homenaje por su trayectoria de vida, dedicada al cine, a los documentales y a un sinfín de producciones que hoy lo colman de orgullo, porque lo que él hizo “lo hicimos con las uñas en una época en la que hacer cine era una locura”.

También, hoy se estrena en el país Todo comenzó por el fin, su más reciente producción, que ya fue estrenada en el Festival de Cine de Toronto y ha circulado por festivales de Estados Unidos y Asia.

“Es el autorretrato del Grupo de Cali, también conocido como ‘Caliwood’, un grupo de cinéfilos que en medio de la rumba desenfrenada y del caos histórico de los años 70 y 80 logró producir un conjunto de obras cinematográficas que ya son parte fundamental de la historia del cine colombiano. Es el relato de un sobreviviente”, dice Ospina.

Hace poco superó un cáncer que le fue detectado en el 2012.

Influencia muda y sin color

La revolución de los planos y los detalles del excéntrico Alfred Hitchcok, la irreverencia de Luis Buñuel y los western de los años 50 dejaron en Ospina una ruta de lo que pensaba para producir sus obras.

Él mismo se declara un adicto al cine. “Hay películas que no puedo dejar de ver, Vértigo (Alfred Hitchcok), La edad de oro (Luis Buñuel). Para mí una buena película es la que se puede uno repetir un millón de veces, he perdido la cuenta de las veces que me he visto estas películas”, dice el cineasta.

Sin embargo, una producción rusa de 1929 fue la que marcó su destino, la que le retumbó en su cabeza divisando el paisaje de lo que para él se convertiría en su vida: El hombre de la cámara, una producción realizada en la Unión Soviética por el director Dziga Vertov.

Ospina hace más amplia su constante sonrisa al decir que esa cinta lo motivó a realizar documentales. Este hombre de cabellera blanca nació en Cali el 14 de junio de 1949.

Sus estudios de cine los realizó en la Universidad del Sur de California, para luego convertirse en profesor de cine en la Universidad del Valle, en 1979, cuando Jesús Martín Barbero fundó allí la Facultad de Comunicación Social.

Fue cofundador, junto con Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Ramiro Arbeláez, de la revista Ojo al Cine, la cual se abrió un espacio durante tres años (1974-1977) para discutir sobre cine en la ciudad.

Hizo parte de ese grupo especial de jóvenes a los que el cine, la literatura y la Cali antes de la llegada del narcotráfico los marcaron para hacer una diferencia cultural, en una ciudad cuyos espacios urbanos aún no eran conocidos y que se perdieron con la llegada de los Juegos Panamericanos en 1971, cuando Cali empezó a crecer.

Esa ‘pandilla’ se denominó el Grupo de Cali, un escuadrón de adictos a la cultura y el arte, un equipo que fundó los cineclubes en la ciudad.

“Desde la época del Grupo de Cali teníamos planes que iban más allá de tener un cineclub. Yo pensaba que a toda la producción que se había hecho en Cali lo único que le faltaba era un festival de cine. Por eso, en el 2009 nació el Festival Internacional de Cine de Cali, del que me nombraron director”, dice Ospina.

Pero los planes de Ospina eran otros; la idea de este director fue hacer un festival arriesgado y de cine que se apartara de Hollywood y de las grandes producciones europeas, para concentrarse en el cine que no es fácil de ver en Colombia.

Hoy, la idea de la que muchos dudaron que tuviera éxito ha celebrado siete ediciones y cada año suma miles de espectadores en las diferentes proyecciones que se realizan en teatros, parques y colegios.

“Es que una de las funciones de un festival de cine es hacer visible lo invisible”, menciona con un tono serio y reflexivo.

La sabiduría que le ha otorgado contar historias a través de su lente le permitió, en el 2007, el grado Honoris Causa en Periodismo y Comunicación Social de la Universidad del Valle. Del cáncer que lo sorprendió en el 2012 hoy asegura que es una cuestión superada; luego de varias intervenciones en las que sus familiares y amigos llegaron a sostener que había muerto, hoy solo son un amargo recuerdo.

“Claro que uno debe pensar que así esté joven, adulto o viejo, uno siempre está viviendo con la espada de Damocles encima, así que mejor uno no se preocupa, porque es algo irremediable”, resalta Ospina.

La ciudad que extraña

A sus 66 años, Ospina asegura que no extraña a Cali, pero no hace referencia a que su vida en Bogotá sea diferente, o tal vez mejor, es solo que la ciudad que dejó hace 21 años, según él, ya no existe. “Yo crecí en barrios como Versalles, Centenario y San Antonio, tradicionales de Cali que ahora son almacenes y pura actividad comercial. Cali es una ciudad que ha tenido poco cuidado con su patrimonio arquitectónico”, sostiene.

La Cali que, asegura Ospina, dejó de existir tras el paso del narcotráfico y el desarrollo es la agradable, pequeña, con amplias zonas verdes y sin congestión vehicular. “Hoy Cali no es una ciudad ni para la gente ni para los carros, por la ciudad no se puede caminar, hoy es un caos, es poco segura y dejó de ser cívica. Cali sufrió los cambios de todo un país”, repite el director.

No obstante, sostiene que el calor de la gente de Cali no se ve en otro lugar, por lo que siempre disfruta de sus visitas y poder salir un rato con su cámara para capturar un poco de ese carisma del caleño, que, a pesar de los años y los cambios, no deja de ser su casa, en la que un día tomó la decisión de mirar la vida y contarla al mundo a través de su lente.

Hoy se dedica a ver películas a través de internet, ya que asegura que Bogotá lo empujó a dejar de salir a ver cine, lo cual resulta paradójico para el director.

Ospina agradece los reconocimientos que desde diferentes puntos de la cultura ha recibido. El año pasado llegó a 45 años de hacer cine, un registro con el que pocos cuentan en este país, ha realizado a través de su trayectoria nueve documentales; también, entre cortos y series, una veintena de trabajos más, de los que también destacan algunos de sus largometrajes.

Durante la celebración del Día de la Vallecaucanidad, el cineasta fue homenajeado por la Gobernación del Valle gracias a su trayectoria; sin embargo, no pudo asistir, pues tuvo un procedimiento quirúrgico que le impidió salir de Bogotá.

“Para mí es un gran honor, todo esto es algo que lo deja a uno satisfecho con su trabajo, porque no ha sido fácil hacerlo en este país, que poco a poco ha motivado diferentes estímulos para el cine y con el crecimiento que hemos podido ver, el Gobierno se dará cuenta de que no ha sido en vano”, sostiene Ospina.

Mira con orgullo lo que dejó la Facultad de Comunicación y Publicidad de Univalle, donde, sostiene, ha quedado un legado que ha enviado al mundo del cine a los mejores, los que hoy tienen al cine colombiano en el panorama mundial con películas como La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo, egresado de esa facultad de comunicación de la Universidad del Valle, o El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, que obtuvo la primera nominación a los premios Óscar de una producción colombiana en su historia.

“Haber comenzado a hacer cine independiente en un país donde no había muchas facilidades es nuestro gran logro; nosotros lo hacíamos con las uñas, con recursos propios, hasta con ayuda de amigos. Gracias a la nueva Ley del Cine en Colombia se le está apostando a la importancia del arte, de las producciones. Ahora es responsabilidad de los realizadores mantener en alto el nivel del país”, sentencia Ospina.

Filmografía completa

‘Vía cerrada’ (1964), ‘Acto de fe’ (1970), ‘Autorretrato’ (1971), ‘El bombardeo de Washington’ (1972), ‘Cali: de película’ (1973), ‘Asunción’ (1975), ‘Agarrando pueblo’ (1978), ‘Pura sangre’ (1982), ‘En busca de María’ (1985), ‘Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos’ (1986), ‘Antonio María Valencia: música en cámara’ (1987), ‘Ojo y vista: peligra la vida del artista’ y ‘Arte sano cuadra a cuadra’ (1988), ‘Slapstick: la comedia muda norteamericana’ (1989), ‘Adiós a Cali’ (1990), ‘Cámara ardiente’, ‘Al pie’, ‘Al pelo’ y ‘A la carrera’ (1991), ‘Nuestra película’ y ‘Autorretrato póstumo de Lorenzo Jaramillo’ (1993), ‘Capítulo 66’ (1994), ‘Cali: ayer, hoy y mañana’ (1995), ‘Mucho gusto’ (1997), ‘Soplo de vida’ (1999), ‘Video(B)art(h)es’ y ‘La desazón suprema: retrato incesante de Fernando Vallejo’ (2003), ‘De la ilusión al desconcierto’ (2003- 2007), ‘Un tigre de papel’ (2007), ‘Los Echavarría: un retrato de familia’ (2012), ‘Hay que ser paciente’ y ‘Todo comenzó por el fin’ (2015).

El Grupo Cali, adicto al cine

El Grupo Cali nace en 1971, cuando la capital del Valle les abría sus puertas a los Juegos Panamericanos. Sus figuras principales, como lo recuerda Luis Ospina, fueron Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y él. En sus filas también estuvieron Eduardo Carvajal y María Elsa Vásquez. Sandro Romero, director y escritor de obras de teatro, fue uno de los asistentes al cineclub que se realizaba en el centro de la ciudad, el cual destaca como “un ritual juvenil al que había que asistir cada sábado al mediodía”.

De ese grupo de jóvenes, Andrés Caicedo fue el primero en partir, tras su suicidio, el 4 de marzo de 1977, a los 25 años.

Carlos Mayolo continuó con una fructífera carrera como director, guionista e incluso actor, hasta que la muerte lo sorprendió, el 3 de febrero del 2007, en Bogotá. Luis Ospina señala que ese grupo cumplió con la función de saciar el gusto de los jóvenes caleños por el buen cine.

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA
Corresponsal EL TIEMPO