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Debemos afinar la capacidad de autocontrol y manejo emocional

El sector educativo es altamente responsable del desarrollo de las competencias socioemocionales.

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01 de marzo 2016 , 09:29 p.m.

"El problema que estamos discutiendo –la violencia durante la celebración– es un síntoma de una característica cultural más profunda, que es la normalización alta de la violencia".

¿Por qué cree que los colombianos actuamos tan agresivamente al celebrar? ¿Qué nos lleva a comportarnos así?
La mayoría de los problemas tienen grados, niveles. Existen países altamente pacíficos y países donde culturalmente se han normalizado otras conductas. En el caso de Colombia, creo que el bajo desarrollo en algunas competencias socioemocionales para resolver conflictos conduce a esta situación. En los Estados Unidos, por ejemplo, la celebración también incluye consumo de alcohol y se presentan brotes de violencia en algunos casos, pero el desarrollo de las competencias que acabo de citar es más alto y hay mayor control durante el festejo. Al mismo tiempo, la sanción social a expresarse en forma violenta es más alta, los amigos no lo toleran, los padres no lo toleran, la sociedad reprime más este tipo de comportamientos y por ello se dan menos.

¿Podría decirse, entonces, que esta situación violenta en las celebraciones tiene que ver con nuestra esencia, con el "ser colombianos", con nuestra estructura social?
Yo creo que la cultura es muy compleja y no es genética. No hay unas características propias, naturales de una sociedad que la hagan comportarse de cierta forma; por circunstancias históricas se normalizan unas u otras conductas. La educación, es cierto, tiene un rol importante en lo que se normaliza o no, pero yo no creo que los colombianos seamos violentos por naturaleza. Pienso que hay una serie de desarrollos históricos y culturales del país que hacen que nos portemos como lo hacemos, pero eso puede cambiar en la medida en que no normalicemos la violencia.

¿Cree usted que el tema de la estratificación social del país puede incidir en esta problemática celebraciones-violencia?
Creo que hay diferencias en los patrones de violencia entre regiones, entre estratos socioeconómicos y pienso que la alta desigualdad genera más violencia, en general. Se ha encontrado que a mayor desigualdad en los países, mayor violencia. En el caso colombiano, tenemos una desigualdad muy alta y creo que esto probablemente incide en nuestro carácter violento generalizado y en particular, en las celebraciones.

¿Tiene algo que ver la estructura educativa?
En educación hay distintas competencias que deben desarrollarse a lo largo de la vida de una persona. En el país le hemos dado un énfasis muy alto a las competencias ciudadanas, entre esas, las socioemocionales –que ya cité– que intentan desarrollar la capacidad de autocontrol y manejo emocional en las personas. Un individuo que durante su ciclo educativo tenga una muy buena formación en este tipo de control, va a ser una persona más propensa a resolver los conflictos de forma pacífica. De esta forma, la educación, a través del desarrollo de esas competencias, incide en la forma como se tramitan las conductas violentas en el país.

¿Qué está haciendo el Estado en el ámbito educativo y qué medidas deberían tomar, a corto y mediano plazo, para atender la problemática?
Estamos trabajando en dos aspectos importantes: el énfasis más grande que tiene el Gobierno nacional en este momento es ofrecer una educación de calidad. Nuestro gran reto es mejorar la calidad general y en particular, la de la educación oficial. Necesitamos una educación oficial que dé mejores resultados en el país. Actualmente, estamos concentrados en el mejoramiento en las zonas más pobres, porque creemos que al ofrecer igualdad de oportunidades, estamos aportando a la consolidación de una sociedad en paz.

Creo que el mayor "igualador" que hay es el sistema educativo y eso se hace al ofrecer una educación de calidad en todo el país. Esa es la primera labor que está adelantando el Gobierno, una estrategia general que se manifiesta a través de una serie de programas: “Ser pilo paga”, es uno de ellos y el programa de “Jornada única” en educación básica, que también es clave. Este año tenemos más de 300.000 estudiantes en "Jornada única". Cuando un niño está en esta jornada, pasa más horas en el colegio y la probabilidad que entre a una banda criminal, de que consuma drogas, de que haya embarazo adolescente, se reduce. Este programa está contribuyendo a que nuestra sociedad tenga igualdad de oportunidades y sea más pacífica.

Lo segundo, tiene que ver con el desarrollo en competencias socioemocionales. Aunque hay países que nos llevan mucha ventaja en esto, creo que en América Latina Colombia ha sido pionera en este desarrollo. Dados nuestro retos particulares, en el sector educativo tenemos esto claramente identificado como una prioridad que debe incorporarse transversalmente; por tal razón, los contenidos de las clases, de los materiales, deben estar hechos para que los niños aprendan a resolver conflictos de forma pacífica. Lo segundo que está haciendo el país, entonces, es desarrollar competencias básicas en los niños, otorgándole una alta prioridad a esto.

En el mundo está dándose una discusión muy interesante: por un lado, tenemos una formación científica, hiperracional, la formación del científico ideal y puro; y por el otro, tenemos como idea al monje tibetano, por ejemplo, una persona que no tiene contacto con la ciencia y realiza su descubrimiento de la verdad a través de la meditación, de la introspección. La conciliación entre esa visión de una persona científica, puramente racional, y una persona que se conoce internamente a partir de la meditación, del autocontrol y cómo esas dos cosas se complementan, es una discusión muy relevante en el sector educativo en este momento.

Precisamente eso es lo que se debe lograr: el desarrollo de unas competencias básicas (lenguaje y matemáticas), que llevan a las personas a buscar la verdad a través del conocimiento y el desarrollo de unas competencias socioemocionales (de control, de introspección, de conocerse a uno mismo), que se complementan muy bien para el desarrollo de la persona.

 


¿Cómo involucrar a la familia en el manejo de esta situación de violencia?

La cultura y la formación de las personas son mucho más grandes que la educación en el colegio. Probablemente, la familia incide más sobre las personas que lo que hace su educación formal. En el caso de cualquier persona que esté leyendo esto, sus padres, hermanos y amigos han sido determinantes en su formación; ellos han generado y generan referentes éticos, morales y culturales muy profundos. Yo creo que el problema que estamos discutiendo –la violencia durante la celebración– es un síntoma de una característica cultural más profunda, que es la normalización alta de la violencia.

Si queremos construir una sociedad en paz, una sociedad que sea capaz de resolver esto, la familia tiene un rol muy importante en la educación de los niños evitando que este tipo de cosas se perciba como normal. Los padres no deben permitir que el manejo de la ira de un niño sea descontrolado; si el niño se vuelve agresivo con sus hermanos, con sus amigos, esto debe ser reprimido por los padres, y creo que debe ser moralmente sancionado por la sociedad en su conjunto. La familia cumple, entonces, un rol de definir qué es lo correcto y lo incorrecto y en esa medida, la violencia y el uso desmedido de la violencia en actos de celebración es algo que debe ser mediado por la familia.

¿Qué puede hacer cada uno de nosotros para tratar de cambiar esta situación de violencia al momento de celebrar?
Depende del rol que cada uno tenga en el evento: padre de familia, espectador del acto violento o la persona que comete el acto. Como padre de familia, es importante que formemos a nuestros niños y les dejemos en claro que no es normal manifestar violencia para celebrar. Como espectador del acto de violencia, debo tratar esto como algo anormal, también; si veo un acto de violencia en un amigo, debo indicarle que no es un comportamiento apropiado. Y si soy la persona que está cometiendo un acto violento durante la celebración, creo que la acción a seguir es hacer una reflexión interna de por qué lo estoy haciendo. Dependiendo, entonces, de nuestro rol, tenemos que hacernos unas preguntas y adoptar unas acciones diferentes en cada caso.

¿Qué papel le corresponde al educador, al docente?
El docente es uno de los principales referentes que tienen los niños en el país. Después de los padres, está el maestro. A él le corresponden dos cosas muy importantes: primero, dar ejemplo; uno enseña a través del ejemplo y segundo, incluir en las clases contenidos que indiquen el procedimiento normal de las emociones –hay textos, libros muy adecuados para enseñar el manejo de emociones–, y poder incluir esto dentro del currículo, es una forma de desarrollar esas competencias en los niños.

¿Quién debe asumir la solución de esta problemática velada de celebración- violencia?
El sector educativo tiene una altísima responsabilidad. Nosotros somos el sector comprometido con el desarrollo de las competencias básicas y socioemocionales del país; sin embargo, estimo que los padres de familia y los medios de comunicación son necesarios para poder resolver esto. Los medios de comunicación tienen una altísima responsabilidad en el proceso de normalización o no de algunas conductas en el país.

Las restantes 24 personas entrevistadas en este proyecto coincidieron en que esta problemática tiene un importante componente educacional. ¿Cree usted que el trabajo del Ministerio de Educación Nacional está bien encaminado para atender esta situación?
Sí. Desde luego, pasará un tiempo antes de que un niño que tiene cinco años llegue a hacer parte de la población que hoy celebra más, que es la de 25 años. Nos tomará un rato poder ver los efectos de políticas como “De cero a cien”, por ejemplo. La educación inicial es determinante en el desarrollo de competencias y el país está aumentado la cobertura en educación inicial. Estamos bien orientados hacia una atención muy temprana de los niños.

Estamos bien orientados en la prioridad que tiene el desarrollo de competencias socioemocionales, que es algo que muchos países no han incluido dentro de sus estándares y sus referentes nacionales. Y estamos bien orientados en darle una alta prioridad a la calidad educativa en el sector, como "igualador" de oportunidades y en esa medida, algo que va a reducir las desigualdades en el país. De esta forma, vamos a tener una sociedad más en paz. Creo que estamos bien orientados en el sector.

¿Usted le apuesta a que esta situación se resuelva en una generación, si lo trabajamos con las propuestas actuales?
Es un continuo. Debe haber también educación para los adultos. El Ministerio tiene ahora un programa muy intensivo en analfabetismo, dirigido a población adulta, política que también va a tener incidencia inmediata. A la pregunta de si nos va a tomar una generación, reitero: es un proceso continuo en el cual, a medida que vaya consolidándose y desarrollándose el sector educativo, iremos desarrollando en mayor medida las competencias socioemocionales de la población colombiana y año a año deberíamos tener una sociedad más en paz.

PERFIL

Es economista y magíster en la misma disciplina de la Universidad de los Andes. Tiene maestría en Políticas Públicas, de la Universidad de Harvard. Actualmente se desempeña como viceministro de Educación Preescolar, Básica y Media. Ha sido jefe de Planeación y Finanzas y viceministro ad hoc para Colegios Privados del Ministerio de Educación, asesor de la Dirección General del SENA, asistente de investigación en el Centro de Estudios de América Latina de David Rockefeller en la Universidad de Harvard (DCRLAS), asesor económico y coordinador de la unidad de trabajo legislativo del Congreso, y editor de economía y política en Fedesarrollo.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

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MAURICIO SALAS