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'Yo soy el nuevo conquistador de América': el zika

El virus, que avanza en la región, agradece haber salido del anonimato.

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01 de marzo 2016 , 06:14 p.m.

“¡Divinamente bien y progresando!”. Así describe el virus del zika su cómoda situación actual en América. Y no le falta razón: desde que se asomó a la región por la isla de Pascua (Chile) se ha expandido en forma veloz y descarada a zonas donde ya está a sus anchas.

Nací en Uganda en 1947 y pasé en ese país la mayor parte de mi vida; no voy a negar que era una existencia cómoda y de bajo perfil; era prácticamente un desconocido. Pero las circunstancias me fueron empujando a buscar nuevos horizontes”, dice el zika.

Sabe que está viviendo su cuarto de hora y que debe aprovechar cada oportunidad que se le presente: “Total, no muchos pueden decir que son capaces de reconquistar un continente”, afirma el virus y agrega: “Llegué para quedarme”.

Algunos dicen que a usted lo crearon en un laboratorio para hacer males. ¿Es cierto?

Veo que usted hasta podría ser libretista de 'Archivos X'... Pues no: circulo hace mucho tiempo; al comienzo era solo en algunas especies de primates, pero insisto: varias circunstancias se conjugaron y me pusieron a circular y a crecer.

¿Cuáles son esas?

Yo estaba tranquilito en Uganda, donde también vive mi gran socio, el mosquito 'Aedes aegypti', que también me transporta y me transmite. Todo estaba bien hasta que al bosque en el que vivíamos empezaron a llegar personas, y mi compadre, que se alimenta de sangre, la buscó también en humanos. Como vivo en su saliva, pues ahí empezó mi periplo. A más personas picadas y conmigo adentro, que viajan a sitios donde el zancudo transmisor vive, pues más terrenos voy conquistando.

¿O sea que la culpa es de la gente?...

Pues sí, y no solo porque se deje picar; yo vivo en la saliva de un mosco que antes era selvático, pero que poco a poco volvieron doméstico con aquello de la deforestación y la urbanización de los bosques.

¿Me equivoco o usted habla con cierta admiración del zancudo?...

No se equivoca: lo necesito para vivir, para pasar de una persona a otra, para multiplicarme y cumplir con mi cometido de darle la vuelta al mundo.

Bueno, pero estudios indican que usted también podría transmitirse por vía sexual

¡Ah!, usted se refiere a los casitos de la Universidad de Colorado y de Francia de la semana pasada, ¿verdad? Pues los investigadores dicen que si alguien infectado tiene relaciones sexuales sin protección, logra colarme a su pareja. ¿Se imagina la dicha? Eso querría decir que hasta sería capaz de extender mis dominios a sitios donde mi compadre el mosquito no se puede ni asomar... Como Colorado y París. ¡Oh, la la!

Usted es perverso, no respeta ni a los no nacidos

Lamentable, pero si me dan papaya, aprovecho. A fines del año pasado, en efecto, descubrieron que fui capaz de pasar la placenta de una mamá que me tenía en la sangre, a su bebé.

Al fin, ¿produce microcefalia en los niños?

Hay algunos estudios que demuestran que sí la causo, pero son casos. Creo que tienen que analizar más el tema para que la conclusión sea absoluta; doy señales de que sí, pero ni yo lo tengo claro.

Lo acusan de causar una parálisis llamada Guillain-Barré...

Para producir una enfermedad deben alinearse varios factores, y yo sería solo uno. En el caso del tal Guillain (no Guillén) Barré, también se requieren ciertas condiciones del paciente y del ambiente que deben coincidir para que aparezca. Por ahora puedo asustar a dos de cada mil que infecto, pero se necesitan más estudios para que me culpen sí o sí.

Dice el Ministro de Salud que usted aflojará su actividad en el país en junio

Le explico: tengo por delante a más de 26 millones de colombianos que puedo infectar. En la medida en que haya más afectados la posibilidad de que el zancudo me encuentre en la sangre de alguien y me transmita a otros es mayor. Por eso, el número de enfermos aumenta en la primera etapa, hasta que se nos hace difícil encontrar a alguien a quien no hayamos molestado. Como no puedo repetir en la misma persona, porque queda como vacunada, entonces la transmisión baja, igual que el número de casos; eso será por allá entre junio y julio.

¿Se cree invencible?

Lo soy en tanto ustedes fallen en la tarea de frenarnos al mosquito y a mí. Mi socio ya está en las casas por debajo de los 2.200 metros sobre el nivel del mar, cuando hace diez años apenas llegaba a los 1.800. A ese ritmo, si se descuidan, les invadimos el páramo.

¿Le gusta asustar a la región?

La verdad, no. A la larga soy una pera en dulce en comparación con mis primos, como los virus de Marburg, el Mers, el de la fiebre amarilla del Congo, el del Nilo o el Sars. Son miedosos y podrían tomar un camino parecido al mío. De pronto se animan, porque ven que en este continente estoy descubriendo todo mi potencial.

‘En general el cuerpo gana la batalla en tres días’

¿Cómo actúa en el cuerpo?

Cuando entro al organismo me multiplico en sus células y me hago evidente; las defensas me atacan y en ese proceso aparece la fiebre, algunas células reaccionan y se inflaman, agoto la energía, vienen los dolores de cabeza, musculares y articulares. A veces, y dependiendo de las condiciones del ‘cliente’, ataco la conjuntiva de los ojos, y por último hago que la piel reaccione y produzca un brote. La pelea es dura, pero por lo general gana el cuerpo a los tres días. La persona queda asustada y yo me despido con risa. Claro, salvo que cause complicaciones

Si no fuera por ellas nadie me tomaría en serio. Acuérdese que cuando llegué a Colombia hasta las autoridades de salud comparaban mis efectos con los de una gripita. Ahora, por cuenta de una relación que han sugerido que tengo con la microcefalia y el Guillain-Barré, sí que los tengo preocupados.

¿A qué le tiene miedo?

En principio a una vacuna, pero la ciencia aún está cruda con eso. Mi temor es que le pase algo a mi compadre el zancudo, que le impida ayudarme a avanzar en la conquista de América. El control de los criaderos y los moscos modificados genéticamente para que no puedan reproducirse, me tienen afanado.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
EL TIEMPO