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Supermartes, un día crucial en la carrera por la Casa Blanca

Dan Restrepo, exasesor de Obama, analizó para EL TIEMPO las primarias en doce estados del país.

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29 de febrero 2016 , 07:51 p.m.

Los estadounidenses acudirán este martes a las urnas para una crucial jornada electoral que bien podría definir la carrera por la nominación de los partidos Demócrata y Republicano a la presidencia de EE. UU. (Ver infografía: Lo que está en juego)

Para explicar el impacto de este llamado supermartes y lo que está en juego, EL TIEMPO entrevistó a Dan Restrepo, exasesor del presidente Barack Obama y parte del equipo que lo llevó a la presidencia en el 2008.

¿Por qué es tan importante el supermartes en la carrera de los partidos por la presidencia de EE. UU.?

Por dos razones. La primera, esta es la primera jornada en que hay múltiples elecciones primarias (o caucus) en un mismo día. El proceso electoral arranca con cuatro eventos separados (Iowa, Nuevo Hampshire, Nevada y Carolina del Sur). Ahora los candidatos se miden en 12 contiendas al mismo tiempo y por lo tanto hay más diversidad geográfica.

Contiendas desde Massachusetts hasta Texas, si bien se concentran más en los estados del sur. Eso te da una mejor idea de dónde está el país con respecto a los candidatos en cada partido.

Lo segundo es que, tradicionalmente, ha tenido el efecto de ser el momento en que se define más o menos quién ganará en cada partido. No siempre es el caso, pero es un momento en la carrera donde otros competidores ya se han retirado (en las primeras cuatro elecciones) y si sale alguien del supermartes como un claro ganador es muy difícil romper ese momentum, pues el proceso se acelera de aquí en adelante. Es el momento en que la campaña cambia de lo local a lo nacional y se vuelve más mediática.

¿Cree que el supermartes podría definir alguna de las dos carreras?

Técnicamente no, en el sentido de que nadie saldrá con los delegados necesarios para ser nominados (en la carrera republicana se necesitan 1.237 para ganar y en la demócrata 2.383).

Eso dicho, creo que en el lado demócrata se va a consolidar muchísimo la exsecretaria Hillary Clinton, tomará tal impulso que será prácticamente imposible de detener y se convertirá en la candidata de facto.

También podría ser el caso, si les crees a las encuestas, que algo similar suceda con los republicanos. Pero con un asterisco.

Si el senador Ted Cruz logra ganar en Texas, donde están en juego muchos delegados, eso le permitiría mantenerse en la carrera por más tiempo y evitaría que Trump (que ya es amplio favorito, tras su victoria en tres de las cuatro elecciones anteriores) no se consolide totalmente.

Además, abre el espacio para que el senador Marco Rubio pueda ganar en algún otro estado y en la Florida el 15 de marzo (estado del que es senador).

En un escenario así, se convertiría en una carrera entre tres donde si bien Trump sale fortalecido del supermartes con quizás unas 9 o 10 victorias entre los 12 que votan, no puede cantar victoria dado el peso que tienen Texas y Florida. Ahora, si Trump gana Texas y luego Florida, pues la carrera allí se acaba y Trump sería el nominado.

En la campaña del 2008, cuando usted trabajaba con Obama, la contienda con Hillary no se resolvió sino hasta el último momento, en junio. ¿Por qué no sucedería lo mismo ahora con el senador Bernie Sanders, que ganó Nuevo Hampshire y ha sorprendido a todo el mundo?

Hillary no se podrá coronar hasta bien tarde en el proceso, pues en las elecciones de los demócratas se reparten los delegados de manera proporcional al voto y eso impide que llegue rápido al número mágico.

Sanders, además, tiene suficiente dinero recaudado para seguir en campaña. La gran diferencia ahora frente a 2008, y por eso la idea de que ella es la probable nominada, es que aprendieron de los errores de esa campaña.

Hillary supuso que saldría coronada del supermartes y por eso no invirtió mucho en las campañas de los estados que seguían por votar (unos 809).

La campaña de Obama, por el contrario, estaba lista para dar la pelea en todos los circuitos y se llevó las elecciones que siguieron.

Cuando Clinton quiso volver, Obama ya había ganado impulso y sumado una gran cantidad de delegados que Clinton no pudo alcanzar pese a que fue competitiva en los estados que siguieron. Ese vacío en la campaña fue fatal para sus aspiraciones. En esta ocasión están muy bien preparados para lo que sigue después del supermartes.
Sanders, por el contrario, no tiene una buena organización para el postsupermartes’ porque quizás ellos mismos no anticipaban el éxito. Además, los estados que siguen al supermartes en esta ocasión favorecen a Clinton, pues son muy diversos y pesa el voto de los afroamericanos, latinos, mujeres, etc.

A Sanders le ha ido muy bien. Tras su victoria en Nuevo Hampshire se habló incluso de crisis en la campaña de la exsecretaria y que el senador podría quizá repetir la historia de Obama en el 2008...

La crisis fue una cosa más mediática, pues en la campaña ya estaban preparados para una contienda larga. En esta ocasión, pese a que todo el mundo decía que Hillary era inevitable, ellos montaron una operación que contemplaba una batalla hasta el último momento.

El ascenso de Sanders se explica de dos maneras. Una es que Iowa y Nuevo Hampshire –donde le fue muy bien– son estados muy particulares, muy blancos, muy liberales y donde el electorado buscaba una alternativa.

Pero esa no es la composición en otros estados del país. Además, la inevitabilidad de la exsecretaria la dejó vulnerable frente a un voto “protesta”, pues se podía votar en contra, pero a sabiendas de que a la larga iba a ganar.

Pero Sanders ha generado entusiasmo en el voto de los jóvenes y minorías. ¿Qué pasa si estos siguen dándole la espalda a Clinton?

Para ganar en noviembre, el candidato demócrata tiene que contar con la coalición Obama, es decir, el voto emergente en EE. UU.: mujeres, jóvenes, hispanos, afroamericanos y asiáticos.

A Hillary lo que le está haciendo falta es el voto joven y eso es preocupante. Pero se parece a lo que nos pasó con Obama en las primarias con los hispanos.

Lo perdimos 4 a 1, pero en la generales sacó el 72 por ciento del voto latino en el 2008. Era una decisión distinta.
Una cosa era el contraste entre Clinton y Obama y otra cuando les tocó elegir entre Obama y el candidato republicano (John McCain).

Cuando llegue el momento de la verdad, lo mismo podría pasar con ese voto joven. Yo creo que volverán a la coalición.

En Nevada, según los ‘exit polls’, Sanders le ganó el voto hispano a Hillary. ¿También hay problemas con este electorado?

Esos sondeos hay que tomarlos con mucho cuidado porque la muestra era muy pequeña y no en las zonas del estado donde a Hillary le fue bien.

Creo además que si a Sanders le fue algo mejor de lo esperado con este grupo es porque los hispanos 'millennials' se están comportando más como 'millennials' que como hispanos. Es decir, son los mismos jóvenes. Pero dudo que ese voto se vaya para los republicanos en noviembre.

Pasemos a los republicanos. Muchos en Colombia y otros países del mundo no se explican el ascenso de Donald Trump dentro del partido. ¿Nos lo podría explicar?

Lo que estamos viendo es el resultado lógico de la trayectoria de la base del partido en los últimos 20 o 30 años que se ha ido radicalizando dado el tono “antiotro” que se emplea: antihispano, antimusulmán, etc.

Quizás no de la manera tan abierta que lo ha hecho Trump en los últimos seis meses, pero ese ha sido el rumbo que ha tomado el partido. En lugar de tener una política pública para responder a la inseguridad económica creciente, el establecimiento alimentó estos temores frente a los “otros”, pues le daba resultados en las urnas.

De repente llega un candidato que decide hablarle directamente a ese público, que es la base más primaria del partido. Hay que entender que, si bien representan un segmento del Partido Republicano, no son la mayoría en el país ni mucho menos.

Pero Trump ha capitalizado su rabia, que ahora es contra todo, incluido el establecimiento. Para ver qué tan a la derecha se ha movido el partido solo basta mirar el caso del senador Marco Rubio, quien ahora se ve como la repuesta “moderada” del establecimiento frente a Trump, cuando llegó al Senado como representante del Tea Party (republicanos nacionalistas) y derrotando al candidato que favorecía el establecimiento.

Los tres que tienen opciones –Trump, Rubio y el senador Ted Cruz– son muy radicales. Eso te muestra dónde está hoy el corazón del partido.

Es decir, el ‘establishment’ perdió el control del partido. Extraño, pues los republicanos suelen ser muy disciplinados a la hora de escoger a sus candidatos...

La pérdida del control es total. No tienen manejo alguno sobre el rumbo de la contienda. En el proceso republicano, desde Ronald Reagan hacia adelante, se esperaba el turno para ser el candidato. Eso ya no existe. Lo grave para ellos es que están tomando la dirección contraria a lo que todo el mundo les recomendó cuando perdieron las elecciones de 2008 y 2012 si querían volver al poder.

Cuando arrancó toda esta campaña y Trump comenzó a figurar, los mismos republicanos decían que era un chiste y que se desinflaría. ¿Lo subestimaron?

La gente con la que hablas son probablemente los republicanos más moderados que hay en Washington.
No querían aceptar que el partido se ha tornado en lo que es, al menos en su base.

Su fenómeno fue subestimado y pocos creían que su atractivo mediático se traduciría en votos. Pero lo que están demostrando sus triunfos es el enfado tan profundo de la base.

Ahora esa misma gente –los moderados– están poniendo sus esperanzas en que Rubio sea quien pueda atajar a Trump.

Pero si Rubio no comienza a ganar, lo que veremos a partir de marzo es cómo el establecimiento acepta la realidad de Trump y comienza a trabajar para sacarle el mejor provecho, así no estén de acuerdo.

¿Usted cree entonces que Trump es inatajable?

Es muy difícil ver cómo lo van a lograr si en las elecciones de hoy se confirma lo que dicen las encuestas. Para lograrlo, Cruz debe ganar en Texas; Rubio, en Florida y John Kasich, en Ohio (o alguien diferente a Trump).

Si Trump no gana dos de estos tres estados la contienda se extiende hasta llegar a la convención (donde eligen el candidato) y allí quién sabe qué ocurra.
Aún en ese escenario el que va llegar con más delegados es Trump. Esa convención podría ser una locura total.

Imagínese lo que pasaría si le quitan la nominación a Trump pese a tener más votos. Saldrían muy partidos para las generales.

¿Cómo ve usted el prospecto de las elecciones de noviembre en este contexto? ¿Pueden ganar los republicanos con un Trump, Rubio o Cruz a la cabeza?

Aunque nada es imposible, lo veo muy difícil. Ellos llegan con un problema de marca. De las últimas seis elecciones presidenciales los demócratas han ganado el voto popular en cinco y con un margen considerable.

En otras palabras, son la mayoría. Cuando esto arrancó hace seis meses los republicanos de por sí tenían un escenario complicado, pues para llegar a la Presidencia debían ganar en estados donde los latinos y las minorías pesan.

Lo que ha pasado en este lapso, a mi juicio, los ha alejado aún más (Trump prometiendo expulsar a los inmigrantes, construir un muro en la frontera con México, etc.).

Si el candidato fuera Rubio, los prospectos subirían, pero tampoco le sería fácil. Los republicanos se han tirado tan a la derecha en esta contienda que les será casi imposible distanciarse de esa imagen radical que han dejado en estos últimos meses.

Sergio Gómez Maseri
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter @sergom68