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El todo o nada de Santos

29 de abril 2012 , 02:37 p.m.

Hay pánico en el santismo. La encuesta publicada por Semana hace ocho días, que confirmó la caída de la popularidad del Presidente que algunos -que vemos más allá de los cocteles bogotanos- ya estábamos notando en las tendencias de los sondeos, activó las alarmas. Nada especialmente grave le ha pasado a Santos que justifique un declive lento pero constante de sus índices de aprobación. Y eso es justamente lo más delicado de la situación para el Primer Mandatario.

Cuando César Gaviria se vino abajo en las encuestas, a estas mismas alturas de su mandato, se debió al apagón y a la fuga de Pablo Escobar. Su popularidad volvió cuando terminó lo primero y el capo cayó en un operativo de las autoridades, de modo que Gaviria salió con muy buenos números de la Casa de Nariño. En el caso de Ernesto Samper, estuvo bien más de un año, hasta que las revelaciones del proceso 8.000 abrieron un boquete bajo la línea de flotación de su nave de gobierno. Aun así aguantó, con habilidad e inteligencia, y una base popular sólida en los estratos 1 y 2 -los mismos que rajan a Santos-, hasta el final de su cuatrienio.

Aunque hasta ahora no ha caído tan abajo, el caso de Santos se parece más al de Andrés Pastrana, quien sin que le pasara nada especialmente malo, andaba siempre en la parte inferior de la tabla. Santos todavía está varios puntos por encima del 50%, pero las tendencias son claras: en Ipsos cayó de 73% a 58% en año y medio; en Gallup, 12 puntos en el mismo período, y en CNC, unos 10. El caso de Datexco es menos claro, pero no alcanza para tranquilizar al Presidente, pues cuando pregunta por la reelección del actual mandatario, 47% la respalda contra 44% que la rechaza, lo que indica un empate si se tiene en cuenta el margen de error.

Si no hay un desastre específico que justifique su caída, ¿qué la explica? Para mí está bastante claro hace rato: a riesgo de ser repetitivo con anteriores columnas, reitero que el problema del Presidente es la pasmosa incapacidad de ejecución de su gobierno. Vino el invierno y con él, un aguacero de anuncios de obras, casas, carreteras, traslado de poblaciones enteras, etc. Año y medio después de iniciado el desastre, y a pesar de los esfuerzos palpables de Colombia Humanitaria, en algunos frentes los resultados están lejísimos de lo prometido, como lo demuestra el indignante caso de Gramalote, en Norte de Santander, para no hablar de otro muy similar (o peor), el de Útica, en Cundinamarca.

Las grandes obras, como carreteras y puentes, y la ejecución en salud y educación sufren del mismo mal: un gobierno lleno de funcionarios que, por miedo a ser investigados o por mera incompetencia, les buscan problemas a las soluciones y no soluciones a los problemas. ¿La salida? Que el Presidente no delegue más en temas como Gramalote, que descifre lo que está fallando, imparta las órdenes para resolverlo y, si es del caso, saque a los funcionarios que se atraviesan como burro muerto.

La idea de las 100 mil casas para "los más pobres de los pobres" es excelente. Y Germán Vargas, el escogido para la tarea, a pesar de no tener experiencia en ejecución de obras, tiene el talante necesario para no dejarse enredar por la burocracia y la tramitomanía. Pero el Presidente debe exigirles a los alcaldes que dispongan los lotes, al Ministerio de Hacienda que no tome del pelo con los giros y a los políticos que andan a la caza de negocios, que dejen de intervenir. De lo contrario, las 100 mil casas engrosarán la ya larga lista de anuncios que no se concretan. Y eso, en verdad, sería una lástima.

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Despedida. Gracias a Pep Guardiola, que se va del Barcelona, por salvar al fútbol del tedio de los esquemas defensivos, y por rescatar la estética individual y de grupo en un deporte que se había vuelto muy maluco.

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com