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Cristina, petróleo y psicoanálisis

28 de abril 2012 , 09:38 p.m.

Argentina es el país con más psicólogos per cápita. Este dato me vino a la mente cuando la presidenta Cristina Fernández anunció que nacionalizaría Repsol YPF, la principal empresa petrolera del país. En todas partes, los psicólogos tratan de ayudar a sus pacientes a cambiar hábitos que dañan la salud o patrones de conducta que los hacen sufrir. Freud llamó "compulsión a la repetición" la tendencia a seguir haciendo lo que no conviene.

Argentina expropia a Repsol su filial YPF. México lamenta la expropiación, mientras Venezuela la apoya. La nacionalización de Repsol-YPF produjo una andanada de críticas en el mundo. Excepto en Argentina. Según las encuestas, la mayoría de argentinos apoya la medida. Esto sorprende, pues este país tiene una larga, conocida y triste historia de nacionalizaciones que solo trajeron pérdidas, corrupción y miseria. De hecho, originalmente YPF era una empresa del Estado muy mal gestionada que, como muchas otras, fue privatizada.

En la década pasada, la compañía de agua de Buenos Aires, Aerolíneas Argentinas y varias empresas de electricidad que habían sido privatizadas en los años 90 fueron renacionalizadas con argumentos muy parecidos a los que ahora utiliza la Presidenta para justificar la toma estatal de Repsol. El resultado de estas renacionalizaciones ha sido catastrófico. No solo sus servicios y desempeño general han empeorado, sino que incurren en pérdidas gigantescas que pagan los argentinos con sus impuestos. Según ha explicado Jorge Colina, economista del Instituto para el Desarrollo Social Argentino, al periodista Charles Newbery, el subsidio estatal a estas tres empresas el año pasado fue un 80% mayor que el gasto gubernamental en el programa de bienestar infantil.

Los argentinos pueden aprender de lo que ha pasado en otros países. Los casos de la mexicana Pemex y la venezolana PDVSA son muy aleccionadores. A pesar de que los precios del petróleo han estado en pleno auge, las dos empresas han declinado. Su producción, reservas y el potencial son inferiores a lo que solían ser, y su rendimiento mucho peor de lo que fácilmente podría ser.

Insuficiente inversión, mala gestión, poco acceso a las nuevas tecnologías, el maltrato -o total rechazo- a los socios extranjeros son algunos de los males que comparten. Estas debilidades son manifestaciones de la politización que las ha infectado. Y la intromisión política va más allá del amiguismo y el clientelismo que socavan su capacidad para operar de manera eficiente. Sus gobiernos aplican impuestos, regulaciones y controles de precios que impiden su buen desempeño y, en algunos casos, las obligan a involucrarse en actividades que no tienen que ver con su misión principal.

El gobierno argentino hubiese podido evaluar lo que está sucediendo en Brasil o en Colombia. Hasta hace poco, estos países eran importadores de hidrocarburos. Hoy, la brasileña Petrobras es un actor global que va camino de convertirse en una de las petroleras más importantes del mundo, mientras que en Colombia la producción de petróleo se ha disparado. En ambos casos, el gobierno se reserva un papel central, pero ha creado estructuras que protegen la gestión de la empresa de interferencias políticas.

La experiencia propia o ajena no ha pesado mucho en la decisión de la presidenta Fernández de Kirchner. La nacionalización de Repsol YPF no parece formar parte de una estrategia de desarrollo, de un plan energético o de una visión más amplia para el futuro de su país.

Quizás Freud sea más útil que Karl Marx para entender las decisiones del gobierno argentino. Pero apelar a Freud supone darles un gran peso a conductas impulsadas por el inconsciente. Y está claro que Fernández de Kirchner es muy consciente de sus motivos. Y dudo de que estos tengan que ver con Marx o con la promoción de los intereses del pueblo.

MOISÉS NAÍM