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El caleidoscopio de la VI Cumbre

27 de abril 2012 , 08:56 p.m.

La VI Cumbre ha sido evaluada desde las más distintas ópticas. Se ha dicho que fue un éxito completo y se ha valorado que por primera vez permitió un diálogo franco entre los presidentes, pero también se ha dicho que se trató de un diálogo de sordos, incapaz de generar consenso. Que fue pretenciosa, ambigua y gris. O, más bien, histórica. En fin, un caleidoscopio de opiniones que, en sí mismo, refleja la magnitud y complejidad del evento.

El audaz discurso inaugural del Presidente, en el que asumió los temas litigiosos para transformar la cumbre en un espacio de diálogo franco y para tender puentes entre todas las Américas, la presentación del país como un anfitrión hospitalario y en proceso de cambio, así como la gran capacidad organizativa que se demostró, sorprendieron muy favorablemente y proyectaron una imagen que favorece la reinserción internacional de Colombia.
La VI Cumbre deja resultados nada despreciables. La "guerra contra las drogas", que ha marcado tan negativamente a la región y su relación con Estados Unidos, se puso en discusión al más alto nivel del continente y logró involucrar a Washington. Cuba no podrá seguir siendo excluida de las Américas. Los cinco ejes temáticos de la cumbre dejan trazada una hoja de ruta de programas y acciones solidarias entre aquellos países que estén dispuestos a cooperar. Tal vez en la rueda de prensa final, el Presidente se quedó corto en mostrar esos logros.

Las cumbres previas a la de los mandatarios, la social y la empresarial, fueron muy concurridas; permitieron establecer alianzas y esbozar planes conjuntos. En ambas, el gobierno colombiano aceptó el reto de elevar la interacción entre Estado y sociedad. En la Cumbre Empresarial, los 'cacaos' tuvieron la oportunidad de dialogar con once presidentes. Y la Cumbre Social cerró con una nunca vista presencia masiva de cancilleres, incluida Hillary Clinton, y de dos presidentes: Juan Manuel Santos y Evo Morales. El foro interparlamentario también aportó al debate, que se prolonga ahora desde la biblioteca virtual abierta en la VI Cumbre. Finalizado el evento, los afrodescendientes recibieron un gesto de reparación histórica.

No obstante esos méritos sustanciales, se han hecho críticas tanto a una cierta colombianización del evento inaugural, como a un excesivo optimismo político. Da la impresión de que el Gobierno hubiera minusvalorado las fracturas hemisféricas y la necesidad de tejer alianzas para poder construir puentes. Por razones electorales y por la polarización interna, Obama se sentía muy condicionado para hacer concesiones en este campo. En el otro extremo, el Alba supeditó la declaración política a la inclusión de los temas en disputa.

La omisión del tema de las Malvinas molestó a la presidenta argentina, y su salida apresurada encontró solidaridades. Este hecho y la ausencia de una declaración política generaron una sensación de fracaso. Esa percepción se prolongó en la rueda de prensa final y con la cancelación brasileña de la reunión bilateral.
En suma, la VI Cumbre hizo avanzar decisivos asuntos litigiosos, deja importantes compromisos y el reconocimiento de empresarios y actores sociales como interlocutores indispensables de las reuniones presidenciales. El país obtendrá significativos réditos, sobre todo si ahora ayuda a que los acuerdos alcanzados abran caminos de cooperación.

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Ojalá que la Cumbre de los Pueblos y la Marcha Patriótica, dos eventos recientes masivos y pacíficos, inauguren una nueva etapa de participación política, libre de estigmatizaciones.