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Javier Moro hace una reconstrucción de la vida de Pedro I de Portugal

El escritor español estará mañana en la Feria hablando su nuevo libro, 'El imperio eres tú'.

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27 de abril 2012 , 08:15 p.m.

"No les gustaba que hubiese contado pormenorizadamente la infancia y la juventud de Sonia Gandhi en Italia, donde nació. Muchos indios no admiten que la persona más poderosa de su país sea italiana; hubieran preferido que fuese india, y de buena casta", recuerda Javier Moro, sobre lo que ocurrió en la India con su libro El sari rojo.

Cansado de las persecuciones, de los abogados de la familia Gandhi, de las protestas en su contra, en las que se llegaron a quemar fotos suyas, Moro volvió sus ojos a Latinoamérica. Aquí nació su carrera como escritor, con Senderos de libertad, y aquí le dio vida a El imperio eres tú, su más reciente obra.

En ella, el español reconstruye la vida de Pedro I de Portugal, el emperador que sentó las bases de lo que hoy es la sexta potencia económica del mundo. "Llevaba tiempo con la idea de hacer algo sobre la creación del mayor país de América Latina, y esta vez sería un libro histórico, en el que los abogados de mis personajes estuvieran bien muertos", anota con humor.

¿Cómo se encontró con la historia de Pedro I de Portugal?

Conocí esa historia cuando recorrí Brasil durante dos años, a finales de los 80. Siempre me pareció fascinante su biografía, y la historia de la independencia que él promulgó, tan distinta a las independencias de los países de la América española, me seducía mucho. Siempre me había preguntado por qué un país pequeño como Portugal consiguió mantener unida su mayor colonia, que hoy es una gran potencia, mientras que España no consiguió lo mismo con sus territorios americanos.

Todo comienza cuando Portugal muda su imperio a América. ¿Por qué lo hace?

Es una parte fascinante de la historia, porque la decisión de Juan VI, rey de Portugal y hombre pusilánime e indeciso por naturaleza, cambió no solo a América, sino al mundo. Amenazado por las tropas napoleónicas que invadían la península, Juan VI emprendió el traslado de Lisboa a Río de Janeiro. Fue una medida histórica, que cambió el centro de gravedad del imperio portugués. Fue una decisión muy difícil de tomar: Juan VI se veía obligado a sacrificar a su propia gente, los portugueses de la metrópoli, para salvar algo aún más grande, que era el imperio lusitano, presente en cuatro continentes. Con él, partió de Lisboa su familia y toda la élite del país. Se calcula que aproximadamente 10 por ciento de la población de Portugal abandonó el país con su rey. Fue una sangría que sumió al pequeño Portugal en una crisis sin parangón en su historia, pero que salvó el imperio. Cuando Carlos IV quiso hacer lo mismo -huir a México-, ya era demasiado tarde, Napoleón no le dejó.

¿Cómo era esa corte, donde crecía el pequeño Pedro?

Era una mezcla de derroche y cochambre, de pompa y religión. Influenciados por sus posesiones asiáticas, los monarcas portugueses eran adictos a ciertas ceremonias que ya estaban en desuso, como el 'lavado de pies' o el besamanos en público. Los esclavos los transportaban en silla de manos y era ciertamente una sociedad esclavista. Río era el mayor puerto de esclavos del mundo y en aquella época una de cada tres personas era un esclavo. Los ricos usaban a los esclavos para todo, hasta para rezar novenas y avemarías para la salvación de un pariente enfermo.

A pesar de pertenecer a una familia conservadora, Pedro I fue un hombre de ideas muy liberales...

Pedro nunca fue un hombre culto, porque se crió a la buena de Dios, sin el amor de sus padres ni el cariño de sus familiares más próximos. Pasó más tiempo con los palafreneros de las cuadras reales que con sus tutores, pero era listo. Tenía una gran inteligencia intuitiva, no le temblaba el pulso a la hora de tomar decisiones que a una persona más racional le hubiera costado mucho tomar. Sintió que el viento de la historia estaba cambiando, que la época del poder absoluto llegaba a su fin, que había que ceder parte del poder al pueblo. Tan convencido de ello estuvo que al final dio su vida por defender esas ideas. Ahí está la grandeza de este personaje.

¿Qué papel jugaron las mujeres en la vida de Pedro I?

Pedro era una mezcla entre Don Juan y Don Quijote. Tenía un apetito sexual irrefrenable, y era esclavo de sus pasiones, que no conseguía controlar. Creo que la falta de cariño materno tuvo mucho que ver con su personalidad. Sabía que podía conseguir a cualquier mujer del imperio, pero quería más, quería ser deseado como hombre, no como monarca ni como emperador. Las mujeres le llevaron a la cúspide, como fue el caso de Leopoldina de Austria, su esposa, pero también le arrastraron hacia el abismo, como con Domitila de Castro. Es curioso cómo un hombre tan fuerte y poderoso podía mostrarse débil frente a una mujer.

Carlos Restrepo
Cultura y Entretenimiento