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Sangre en el diván, historia del médico acusado por muerte de paciente

Sergio Dahbar presentará este viernes el libro de la periodista venezolana Ibéyise Pacheco.

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27 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Debo hacer una confesión. Yo recibí mi título de comunicador social, de la Universidad Central de Venezuela, en 1984, de las manos de un hombre que muchos años después sería condenado por el asesinato de una paciente.

Se llama Edmundo Chirinos y hoy permanece bajo arresto domiciliario en Caracas. Es el protagonista de esta historia, que saltó de la realidad a un reportaje periodístico en forma de libro, Sangre en el diván, escrito por la periodista venezolana Ibéyise Pacheco.

Hasta la fecha, Sangre en el diván ha vendido 50.000 ejemplares. Pacheco presentará su libro en la Feria Internacional del Libro de Bogotá hoy. Sin duda, esta obra tiene los ingredientes que conforman un best seller inesperado.

La autora es una periodista reconocida por haber dirigido medios de comunicación y por enfrentar con alto riesgo el autoritarismo chavista que ha impuesto una cerrada autocensura entre periodistas y líderes de opinión. De todas formas, Pacheco ha demostrado tener excelentes habilidades para conseguir información de difícil acceso.

La historia de este médico, psiquiatra, militante del Partido Comunista y de la gauche divine venezolana, rector de la principal casa de estudios del país y psiquiatra del presidente Hugo Rafael Chávez Frías, parece habérsele escapado a un hipnótico escritor de telenovelas.

Edmundo Chirinos es un hombre bajo, con características particulares: merodea los 80 años, habla con una voz gangosa, tiñe de negro unas canas incontrolables y disfraza su calvicie con un peinado de película serie B.

Su leyenda de donjuán lo precedía ("soy un playboy que envejece al ritmo del jazz", confesó). Era un personaje público dicharachero, que siempre aparecía en las fiestas con una amiga en cada brazo y que definió a la generación de los años ochenta como "boba". Su consultorio profesional era visitado por destacadas personalidades de la burguesía nacional. Un hombre reconocido y protegido por la izquierda venezolana. Pero también un mitómano de cuidado. Así crece en el libro de Ibéyise Pacheco.

Allí cuenta -en una entrevista excepcional- que ayudó nada menos que a Bertrand Russell a resolver problemas de conducta. Un hombre sin ninguna autocrítica: avanzaba en la vida con la idea de que todas las mujeres deseaban acostarse con él, un amante predestinado para el placer.

El lado más oscuro

Pero también era un psicópata, capaz de seducir a una joven paciente con sobrepeso y escasa autoestima que se obsesionó con él, para luego matarla a golpes en su consultorio cuando supo que divulgaba el amorío en su blog.

Su víctima provenía del interior y estudiaba Comunicación Social en Caracas. Había cumplido 18 años, escribía un blog y no tenía suerte en el amor. Las revelaciones de su blog son fuertes: se hacía daño, se sentía muy sola, comía en exceso. El 14 de julio de 2008, un celador encontró su cadáver descomponiéndose en los alrededores de una zona residencial periférica de Caracas, días después de que su familia desconociera su paradero.

La Policía y el Ministerio Público integraron las revelaciones del blog en el expediente. Las investigaciones dieron con pistas inexcusables. Había llamadas del celular de Chirinos al de Roxana el día en que la mataron. Hallaron un zarcillo en el consultorio y, lo que fue determinante, rastros de su sangre en el diván y en la alfombra.

Sus atenuantes resultaron siempre extravagantes. Refirió que la sangre encontrada en su consultorio "era producto de sesiones de electroshock que aplicaba a sus pacientes". Y comentó las dificultades psíquicas que tenía Vargas, algo intolerable para un médico que debe resguardar la privacidad del diagnóstico. También alegó que a su edad y en su estado físico "era imposible cargarla y sacarla del consultorio. Ella pesaba 90 kilos".

Y así surgió otra revelación que dejó helado al país: la Policía encontró entre sus historias clínicas fotos de pacientes femeninas que eran dormidas en el diván y posteriormente violadas. La psicopatía lo empujó a dejar fotografías de las agresiones.

La secuela

El primero de agosto, Chirinos fue detenido como principal sospechoso. Dos meses más tarde, condenado a veinte años de prisión por homicidio intencional. Hugo Chávez, uno de sus pacientes más célebres, no acudió en su ayuda. El médico está preso en su apartamento y hasta ahora solo ha reiterado que es un hombre inocente.

Sergio Dahbar
Especial para EL TIEMPO