Archivo

Pakistán no quiere devolver a Yemen a la viuda de Bin Laden

Tres viudas, con sus hijos y los nietos del fallecido líder de Al Qaeda, bajo custodia paquistaní.

notitle
24 de abril 2012 , 12:57 a.m.

Ya se van a cumplir seis meses de que Amal al-Sadah, la viuda yemení de Osama Bin Laden, y sus cinco hijos menores, de 4 a 11 años de edad, deberían haber regresado a Ibb (al sur de Saná, Yemen), pero las autoridades pakistaníes los mantienen retenidos en una cárcel secreta cerca de Islamabad. Otras dos viudas, de origen saudí, Khairia Sabar y Sabar Siham, y cuatro nietos de Bin Laden están bajo custodia de Pakistán.

Zakarya al-Sadah, el hermano de Amal, llegó a Islamabad a primeros de noviembre del 2011 para acompañarla a ella y a sus sobrinos de regreso a Yemen. El Gobierno pakistaní había acordado, a través de la embajada de Yemen en Islamabad, la repatriación de la esposa más joven del exlíder de Al Qaeda y sus descendientes. Sin embargo, Zakarya sigue esperando poder recoger a su familia para llevársela de vuelta a su país.

"Estoy desesperado. No sé qué ha ocurrido. Vine a Pakistán porque el Embajador nos dijo que mi hermana y sus hijos iban a ser liberados en unos días. Pero no sé nada. Ahora, ni siquiera me dejan visitarlos", declaró a EL TIEMPO el cuñado de Bin Laden, estudiante de Periodismo en la universidad de Saná, que pertenece a una familia conservadora yemení que, según él, "nunca había tenido antes ninguna conexión con Al Qaeda".

"Amal es diferente: una buena mujer. No compartía las ideas de la Yihad, pero Bin Laden era su esposo y su compromiso era estar con él y apoyarlo hasta el final", justifica Zakarya, acerca de cómo su hermana Amal pudo acabar convirtiéndose en la quinta esposa del terrorista más buscado del mundo.

El joven yemení se muestra desconfiado y apenas revela detalles sobre la vida de su hermana con Bin Laden, pues sospecha que sus declaraciones a la prensa hicieron que las autoridades pakistaníes cortaran toda comunicación con él. Tampoco han respondido las peticiones formales del Embajador de Yemen en Islamabad.

"Tengo miedo de que puedan tomar represalias contra Amal", dice Zakarya, que ha visto a su hermana en varias ocasiones en los últimos meses. "Cada vez me han llevado a un lugar distinto, bajo fuertes medidas de seguridad, y durante el trayecto me tapaban los ojos. Yo esperaba en una habitación a que trajeran a mi hermana y a los niños, custodiados por los militares -explica-. Ya no me dejan visitarlos. Creo que el Gobierno pakistaní cambió de idea y no tiene intención de liberar a mi familia".

"Amal no está bien. No se ha recuperado aún del disparo que recibió en la pierna y no le están dando tratamiento médico", se queja. Sus sobrinos "están muy tristes y psicológicamente afectados porque vieron morir a su padre. Qué vida es para un niño vivir encerrado en un habitación sin ventanas, sin poder ver la luz del sol", se lamenta.

Su hermana le contó que cuando los marines entraron por la noche a la vivienda de Abbottabad estaban todos durmiendo en la misma habitación y en el tiroteo ella resultó herida. "Bin Laden no murió en el acto, se lo llevaron malherido afuera para matarlo", continúa. "No defiendo a Bin Laden, lo que hizo fue horrible. Pero mi hermana y sus hijos son inocentes. Ellos no tienen ninguna culpa", insiste el hermano de la viuda.

Como es habitual en las familias yemeníes, el matrimonio de Amal con Bin Laden era un casamiento acordado. Según el testimonio de Zakarya, el jeque Rashid Saeed Ismail -que después se unió a Al Qaeda- fue quien arregló con su padre el enlace. "Mi familia nunca conoció a Bin Laden personalmente. Solamente sabíamos que el futuro marido de mi hermana pertenecía a una adinerada familia saudí y que era un buen musulmán que buscaba una mujer tranquila y amable".

El jeque entregó a la familia una dote de 5.000 dólares y se llevó a Amal, de 18 años, a Afganistán, donde se casaron en Kandahar, en 1999.

"Apenas hemos tenido noticias de ella", recuerda Zakarya, antes de agregar que su hermana les escribió varias cartas antes del 11-S, una de ellas para anunciarles el nacimiento de su primera hija, Safia, hoy de 11 años de edad.

Amal es la persona que más detalles conoce sobre los últimos diez años de la vida de Bin Laden y, precisamente, esa información podría dejar al Gobierno de Pakistán en una situación incómoda.

Su negativa a liberar a la última de las esposas del extinto líder de
Al Qaeda parece ser un indicio más de que Islamabad no solo conocía el paradero del terrorista más buscado del mundo, sino que además lo protegía.

La viuda más joven de Bin Laden confesó durante la investigación que pasaron los últimos siete años y medio en Pakistán, primero en un pueblecito de Haripur, cerca de Abbottabad, de donde se mudaron en el 2005 a una lujosa mansión, situada en un recinto militar, hasta el 2 de mayo de 2010, cuando Bin Laden fue abatido en su residencia en una operación especial de los Seal.

Ethel Bonet
Especial para EL TIEMPO
Islamabad (Pakistán).