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El adiós de Naranjo

22 de abril 2012 , 02:28 p.m.

En Colombia, casi todos los líderes se emperran en seguir dando lora, mucho más allá de su momento, hasta que los sacan de la escena a sombrerazos. Por eso resulta ejemplar la lección que el general Óscar Naranjo está dando al decirle adiós, después de 5 años en el cargo y 35 en la institución, a la dirección de la Policía. El brillante oficial se va sin escándalos ni presiones, y sólo gracias a que por fin convenció al presidente Juan Manuel Santos de que lo dejara pasar a retiro.

Me consta que llevaba muchos meses tratando de irse. Pero el Presidente no se resignaba a perderlo. Desde cuando comenzó a descollar, a fines de los 80 y mucho antes de su ascenso a coronel, por su empeño en crear y profesionalizar grupos de inteligencia capaces de enfrentar a guerrilleros, paramilitares y demás mafiosos de variada pelambre, Naranjo comprendió que la Policía, afectada por una marea de corrupción que cubría a muchos oficiales, suboficiales y agentes, necesitaba un vuelco profundo.

Al principio metió varios goles con un reducido grupo élite que laboraba a sus órdenes y que en muchas ocasiones estuvo a punto de recibir un mazazo triturador desde lo más alto debido a que, en un país donde la penetración del narcotráfico alcanzaba las esferas superiores de los tres poderes, pisaba muchos callos. No sé cuántas veces, en años de relación entre periodista y fuente excepcional de información, me dijo que estaban a punto de sacarlo.

Su sagacidad y el hecho de que, poco a poco y sin estridencias, logró el respeto de los medios, terminaron por protegerlo hasta que el general Rosso José Serrano, que siempre lo cuidaba, se convirtió en director de la Policía a mediados de los 90. Con todos los recursos y al más alto nivel, Naranjo pudo así crear el cuerpo de inteligencia que había soñado. En una enorme sala con computadores y equipos de telecomunicaciones de la última generación de entonces -sumados a una sin igual red de informantes-, centralizó el seguimiento de los criminales más peligrosos de la guerrilla, el paramilitarismo y los carteles de la droga, quienes, a partir de entonces, dejaron de ser invencibles.

Naranjo y sus hombres -otra virtud- carecieron de sesgo político, convencidos como estaban de algo que el resto del país se ha demorado en entender: que, sin importar si actúan a nombre de las Farc, de las Auc o del narco, antes que nada todos son capos dedicados al negocio de la cocaína. Nunca tan pocos hicieron tanto por tantos: a lo largo de más de dos décadas, Naranjo y su grupo resultaron fundamentales para acabar con los carteles de Medellín, Cali y el norte del Valle, para destapar las verdaderas intenciones de los paramilitares -que seguían delinquiendo desde la cárcel- y para golpear a las principales cabezas de la guerrilla, como 'Reyes', 'Jojoy' y 'Cano'.

Como director de la Policía, cargo al que lo llevó el presidente Álvaro Uribe en medio de una nueva crisis de desprestigio en la cúpula, Naranjo consolidó el frente de inteligencia y se dedicó a inyectarle a la institución una gigantesca dosis de dignidad y decencia, que bastante falta le hacía a ese cuerpo. Dignidad y decencia que le permitieron al propio Naranjo enfrentar la mala hora de su hermano menor y el desvío del camino recto de alguno de sus colaboradores de confianza. Adiós, general. Y gracias.

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¿Coincidencia? Qué raro que el nuevo movimiento Marcha Patriótica se llame como varios archivos de computadores de las Farc dicen que debe llamarse su nuevo brazo político. Y más raro aún que aparezca con similar distribución regional que la de los bloques de las Farc.

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Pregunta: ahora que muchos reparan en la caída de Santos en las encuestas por falta de ejecución, ¿alguien sabe cuándo va a arrancar la política de vivienda social del Gobierno?

MAURICIO VARGAS
mvargaslina@hotmail.com