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Editorial: Una cuestión de justicia

19 de abril 2012 , 08:54 p.m.
De preocupantes e inusitadas pueden calificarse las imágenes de un centenar de policías y militares retirados, hasta con prótesis en alto, frente a la Casa de Nariño, para reclamar una nivelación de sus pensiones de retiro y de las indemnizaciones a las que tienen derecho cuando quedan incapacitados de por vida como resultado de su labor en servicio. En este país en guerra, con enemigos brutales, sembrado en 31 departamentos con minas antipersonales, muchos uniformados sufren mutilaciones. Van más de 5.700 desde 1990. Aparte de quienes deben retirarse por heridas en combate.

Triste resulta, entonces, que quienes han defendido este país a riesgo de su vida y muchas veces se han constituido en verdaderos héroes de guerra ahora, seguramente contra su voluntad, deban acudir a la manifestación pública para exigir sus derechos. Esto envía varios e inconvenientes mensajes. Primero, a los hombres hoy en filas, quienes se juegan enteros en distintos lugares de la geografía nacional, con la fe de que un día serán de la reserva con plenas garantías para ellos y sus familias. Esto podría desanimar también a los que están pensando en abrazar la carrera militar.

Pero, además, es cuestión de justicia. Lo menos que se puede hacer es atender las peticiones y aligerar los procesos, sin que los retirados tengan que acudir a situaciones de desespero como la citada. Por eso hace bien, y ese es el derecho, el Ministerio de Defensa al anunciar que pondrá la mayor diligencia e iniciará una maratón de descongestión de pensiones para uniformados activos y en retiro. Si son justas las exigencias, si tienen derecho a las nivelaciones, el Estado debe proceder con la mayor prontitud.

Un país como este, con más de 400.000 uniformados en las distintas armas, con tantas víctimas de minas, de ataques y de secuestros; un país como Colombia, en el que, además, soldados y policías enfrentan tantos enemigos, no se puede dar el lujo de permitir que quienes defendieron las instituciones y a la ciudadanía en general se les deje un tanto en el olvido. Queda visto que el Gobierno y el ministerio del ramo toman nota de ello. Porque, en todo caso, quienes empuñan las armas del Estado deben tener la certeza de que les van a cumplir. Esa imagen de la mejor empresa que son las Fuerzas Armadas se debe mantener.

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