Archivo

Huelga de hambre de palestinos retenidos en cárceles de Israel

Se calcula que más de 2.000 reclusos se han unido a la protesta que completó dos días.

notitle
18 de abril 2012 , 06:44 p.m.
Lo que fue hace pocos meses una singular forma de protesta de un palestino preso en Israel, se está extendiendo como una nueva práctica, con la que Israel no tiene claro todavía cómo lidiar: una masiva huelga de hambre.

Aproximadamente 2.300 presos palestinos en cárceles israelíes anunciaron esta semana que se abstendrían de comer cualquier tipo de alimentos, justamente al señalar los palestinos el "día del preso".

De ellos, unos 1.100 anunciaron que no comerían por un día, pero otros 1.200 avisaron que su huelga de hambre es hasta nuevo aviso.

El primer paso en este sentido lo dio recientemente Khader Adnan, que se hallaba en "detención administrativa", sin haber sido enviado nunca a juicio, en el marco de una práctica legalmente posible en la situación actual, como legado de la época del Mandato Británico en la zona.

Khader, que llegó a estar 67 días sin comer, fue finalmente liberado de prisión.

Los médicos dudaban en su momento si quedaría con vida, pero lo que cuenta ahora para Adnan es que salió de la cárcel y que siente que logró vencer al sistema.

El tema de los presos palestinos es uno de los más cargados emocionalmente de la agenda bilateral.

Los palestinos sienten que no se podrá llegar a ningún acuerdo, en tanto no hayan sido puestos en libertad quienes están hoy tras las rejas.

Los israelíes aclaran que no tienen "presos políticos" , que nadie fue preso por sus ideas, y que quienes fueron detenidos lo están por ser responsables de distintos tipos de crímenes y ataques.

Pero el hecho es que el tema es complejo y no se vislumbra ninguna solución que satisfaga a las partes.

Pero conscientes de que no saldrán ahora miles de prisión, los declarados en huelga de hambre concentran ahora sus esfuerzos en una protesta contra algunos puntos concretos.

Uno de los centrales es la así llamada detención administrativa, una política por la cual es posible encarcelar a sospechosos de haber perpetrado o preparado atentados, sin llevarlos a juicio, cada vez por seis meses, que pueden ser renovados.

El criterio principal aquí es no revelar información clasificada en base a la cual se acusa al detenido en cuestión.

Organizaciones de derechos humanos sostienen que la práctica es anti democrática. Israel responde que no es invento suyo y que fue impuesta por la necesidad de combatir el terrorismo.

Otro punto concreto contra el que intentan protestar los presos se refiere a una serie de sanciones que Israel comenzó a imponer sobre presos palestinos tiempo atrás, a raíz de la presión pública que había aumentado durante los intentos de lograr la liberación del soldado entonces secuestrado Guilad Shalit.

Tanto la familia de Shalit -que dicho sea de paso está ahora formalmente liberado de su servicio militar- como políticos diversos y figuras públicas, protestaban por lo que veían como un gran desequilibrio entre la situación de Shalit, cuando estaba en manos de Hamas en Gaza, y la de los presos palestinos en cárceles israelíes.

Incluso, sin entrar en los orígenes de uno y otro cautiverio, en Israel había protestas por el hecho que mientras ni se sabía con certeza si Shalit estaba con vida y Hamas no permitió nunca que la Cruz Roja lo viera, en Israel los presos palestinos podían hasta hacer cursos universitarios por correo, recibir constantemente visitas y cartas de sus familiares.

A raíz de las presiones públicas al respecto, Israel comenzó a imponer sanciones estrictas, impidiendo por ejemplo visitas a familiares de presos de Gaza, complicando las cosas a las familias que llegan a visitas a prisión, cancelando cursos académicos y demás.

Ello no volvió a su punto original con la liberación de Shalit.

Con la huelga de hambre, una protesta que suele tener un gran peso de orden público y moral, los palestinos intentan alcanzar sus metas y revertir las sanciones, conscientes de que la práctica complica a Israel que no sabe bien cómo lidiar con un nuevo tipo de manifestación no violenta, y casi masiva.

Jana Beris
Corresponsal de EL TIEMPO
Jerusalén