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Católicos no practicantes

14 de abril 2012 , 08:34 p.m.

Mientras los primeros cristianos arriesgaban la vida con tal de asistir a la misa durante los años de la persecución del emperador Diocleciano, hoy en día se falta por simple flojera e indiferencia. Los mártires de Abitinia, en África, pagaron con su sangre el haber acudido a la celebración eucarística. Una  valiente muchacha confesó antes de morir: "Sí, he ido a la asamblea y he celebrado la cena del Señor con mis hermanos, porque soy cristiana".

Las estadísticas de asistencia a misa muestran una desproporción entre el número de fieles que dicen profesar la fe católica y los que la practican. En Colombia, México y Venezuela, por ejemplo, tres países con un 85 por ciento de su población católica, sólo 30 por ciento va a misa ('Statistics by Country, by Catholic Population').

Parece que de los diez mandamientos de la Ley de Dios se están reduciendo a no matar y no robar porque esto sí es grave y te pueden llevar a la cárcel. Las mentiras, la infidelidad matrimonial, las borracheras, los insultos, la santería, las venganzas, las malquerencias y, desde luego, el faltar a misa los domingos son pecaditos veniales, naderías, cositas que a uno le pasan.

Estamos estrenando el tiempo pascual y en las lecturas descubrimos cómo las apariciones de Jesús a sus discípulos tuvieron lugar en domingo. ¿Por qué debemos ir a misa aun cuando no te nazca, no sientas nada o te resulte aburrido el sermón del padre que no alcanzó a prepararla como debía hacerlo? Porque el domingo celebramos la Resurrección de Cristo, hecho que constituye el fundamento de nuestra fe (I Cor 15,14). Tenemos que ir a misa porque Dios renueva nuestra vida espiritual y nos fortalece en la fe, en la esperanza y en la caridad. Cuando vamos a misa no le hacemos ningún favor a Dios. ¡Al contrario! Nosotros salimos ganando porque necesitamos tener una pausa en medio del quehacer diario para examinarnos, delante de Dios, si es que vamos por el buen camino.

En el tercer mandamiento de la Ley de Dios no valen excusas ni pretextos. ¿No asistes porque no tienes ganas? Mira que todos vamos al trabajo, con o sin ganas. Algunos dejan de asistir porque no soportan a los otros. ¿Dejarías a tu hijo faltar a la escuela porque haya niños que le resulten antipáticos? Tampoco es válido el pretexto de que yo rezo todos los días y me entiendo a solas con Dios. El mandamiento no admite reemplazos ni componendas.

Una sola misa glorifica a Dios más que todas las alabanzas de los ángeles y de los santos del cielo.

JOSÉ MANUEL OTAOLAURRUCHI, L. C.
twitter.com/jmotaolaurruchi