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La honestidad de los vinos baratos / Hablemos de vinos

14 de abril 2012 , 04:05 p.m.

Me pasa todo el tiempo, así es que les pido que hagan la prueba. Una bodega me muestra su línea de vinos. Y en una misma cepa tenemos el vino 'varietal', lo que significa que es el más simple, el que por lo general no tiene madera y el más barato. Luego, el nivel medio, algo más ambicioso en precio y en enología, con la madera más evidente, tal como resulta evidente que en él se ha gastado más.

Por lo general, a estos vinos se les conoce como 'Reserva', aunque en realidad esa palabra no diga nada. Y, para terminar, el 'Gran Reserva', que otra vez no significa legalmente nada, pero que en la práctica es un vino más concentrado, más maduro, con crianza en barricas nuevas que se siente. Una bomba.

La pregunta es: ¿cuál eligen ustedes? Primero, no elijan pensando en el bolsillo. Tampoco cometan el común error de pensar que el vino con más cuerpo es necesariamente el mejor. O que el que huele a madera tiene que ser el más bueno. Elijan pensando en lo fácil que resultará beberlo, en lo bien que iría con la pasta o con el lechón al horno.

También piensen en el equilibrio. En que tenga una acidez aceptable, porque si no los cansará a la primera. Y también piensen en lo sabroso que es. Yo elijo el más barato, el 'varietal'. ¿Ustedes?

Pero hay más. El problema de la enología moderna en este lado del mundo es que es ambiciosa, pero a la vez algo torpe. Es como la adolescente que recién aprende a maquillarse o el señor que, de pronto, decide implantarse glúteos para volver a rellenar los jeans que el tiempo se ha encargado de vaciar.

La madera y la sobremadurez no sólo atentan contra la comida, porque la anulan, le quitan todo protagonismo, sino que también atentan contra el sentido de origen de los vinos.

Es por eso que les pido que hagan la prueba. Y se van a dar cuenta de que el más barato es el que más sabe a la cepa, claro. Será el más malbec, el más carmenère, el más syrah. Y también el más bebible, el más abordable y el que mejor se lleva con la comida. Sólo en muy contados casos, la mejor uva no va a parar a las barricas nuevas francesas, sólo en contadas ocasiones las mejores uvas no son dejadas en la parra hasta la sobremaduración.

Todo el resto del tiempo se abusa de ese tremendo material, se le maquilla como si fuera un monigote.

Así es que, mientras las bodegas no se percaten del error, ustedes no tienen por qué gastarse todo el presupuesto en vinos caros. Vayan por los baratos, lo que son uva y nada más. Porque el vino, aunque a veces se nos olvide, es una bebida hecha a base de uvas. Nada más que uvas.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO