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Los niños y la tecnología /Hablando en Familia

13 de abril 2012 , 05:53 p.m.

Desde la primera infancia, la televisión, los videojuegos, los celulares y las redes sociales moldean el desarrollo del cerebro. Estos promueven comportamientos y actitudes diversas y exponen a los jóvenes a un universo infinito de información y experiencias.

De acuerdo con estudios, los jóvenes pasan un promedio de 53 horas a la semana al frente de una pantalla electrónica, o sea, más tiempo del que pasan haciendo otras actividades, con la excepción del sueño.

No solo preocupa la pornografía o los juegos adictivos a los que están expuestos, sino el estímulo constante del Internet, que promueve valores como hacer solo lo rápido, lo fácil y lo divertido. Esto los lleva a presentar síntomas como la distracción, el irrespeto, la impaciencia, la gratificación instantánea, el egoísmo y el consumismo.

Los mensajes de 'rápido', 'fácil' y 'divertido' les quitan importancia a rasgos de carácter necesarios para el éxito, como respeto, integridad y la habilidad de postergar la gratificación. Si no hacemos algo pronto, el resultado van a ser jóvenes de carácter débil y faltos de autodisciplina.

Sabemos que la autodisciplina es necesaria y se debe estimular para competir y destacarse en un mundo globalizado. Es claro que tenemos que enseñarles a nuestros niños a decir "no más" para así dedicarse a otras actividades. Hay que poner límites, fronteras y horarios a todo este bombardeo, así como evitar que los menores de 2 años estén expuestos a la TV y al Internet. +

Para los niños mayores, hay que continuar trabajando en la unión familiar con espacios definidos para las comidas, tertulias y tareas, de tal manera que no estén conectados a toda hora. La tecnología está produciendo altos niveles de agresión e impide los niveles óptimos de atención y focalización. Igualmente, quita espacio a los hábitos de estudio y a la lectura, que son vitales para el rendimiento académico que se está viendo negativamente afectado.

Está en nuestras manos combatir los peligros o quedarnos cruzados de brazos, viendo cómo se desperdicia toda una generación.

Annie de Acevedo
Psicóloga y educadora