Archivo

VI Cumbre de las Américas

12 de abril 2012 , 10:11 p.m.

Los líderes del hemisferio se reunirán en Cartagena de Indias el próximo fin de semana en la VI Cumbre de las Américas. Será esta una nueva oportunidad para  debatir sobre las urgencias y preocupaciones reales que apremian a los pueblos de nuestro continente. El clima es propicio para ello: existe un ambiente de cuidado optimismo acerca de las posibilidades abiertas a los países del Sur en la próxima década. Es el momento, entonces, para examinar la cooperación hemisférica en un tono positivo. Quedan, desde luego, temas controvertidos; pero la agenda que Colombia ha propuesto para esta cita está compuesta principalmente de materias en que podemos y debemos cooperar.
 
El multilateralismo es, hoy más que nunca,  una forma efectiva que tienen los estados para aumentar su competitividad, reducir la pobreza y la desigualdad, combatir el crimen organizado, el terrorismo, el tráfico ilícito de drogas, armas y personas, y delinear políticas públicas conducentes a un mayor desarrollo social en temas como educación, empleo, protección social y reducir los visibles efectos climáticos del calentamiento global.
 
Ante un panorama de logros y desafíos, el tema 'Conectando las Américas: socios para la prosperidad', escogido para la Cumbre de Cartagena, tiene una resonancia particular en el siglo XXI para todos los países del hemisferio.
 
La VI Cumbre de las Américas será la primera en llamar la atención sobre los mecanismos conjuntos de integración física y cooperación regional como medio para lograr mayores niveles de desarrollo y para superar los retos que enfrenta el hemisferio en materia de pobreza y desigualdad, seguridad ciudadana, acceso a la tecnología y desastres naturales.
 
Las cumbres de las Américas constituyen un proceso inédito de cooperación hemisférica que cumple en Cartagena sus dieciocho años de existencia y que ha permitido no solo que los jefes de Gobierno y de Estado discutan los temas que preocupan en la región y vislumbren políticas originales para hacer frente a los retos, sino que ha creado un espacio único en el cual la ciudadanía ha podido formular sus planteamientos.
 
A lo largo de un proceso que ocupa ya ocho cumbres (a las seis principales se agregan dos extraordinarias), se va creando y consolidando una arquitectura hemisférica sin la cual sería hoy muy difícil afrontar los retos que hay por delante.

Nuestros procesos ministeriales se han ido afianzando en el curso del fortalecimiento del sistema interamericano, la cooperación entre las organizaciones internacionales ligadas al proceso se ha ido acrecentando, y podemos decir que tenemos una base fuerte para que las autoridades políticas puedan crear políticas hemisféricas y multidimensionales con una mayor efectividad. 
 
Pero también a lo largo de los años el proceso de cumbres ha facilitado la creación de espacios ampliados de participación de los actores sociales en las políticas públicas: foros de trabajadores, de líderes indígenas de las Américas, de la juventud, de la mujer, de la sociedad civil, los empresarios y los parlamentarios del hemisferio. Una democracia vigorosa requiere una amplia participación de todos los sectores de la población, y eso es precisamente lo que ofrece el proceso de las cumbres de las Américas.
 
Sabemos por tanto qué desafíos hay que afrontar, y tenemos las estructuras para conseguirlo. Ahora llega el momento de los líderes: la concertación, la negociación y la búsqueda de consensos no es tarea fácil, pero resulta imprescindible para la democracia, para la paz social y para el desarrollo inclusivo y sostenible de nuestros países.
 
Estoy seguro de que la VI Cumbre de las Américas será una oportunidad para afianzar estos procesos en el espíritu de cooperación y de solidaridad que siempre han caracterizado a las cumbres.
 
Los países de las Américas tienen una agenda común para construir el futuro. La  diversidad de sus actores enriquece su debate y a la vez crea el desafío de la tolerancia, el respeto mutuo y el entendimiento. Esta VI Cumbre es una oportunidad para el fortalecimiento de nuestro diálogo y nuestra cooperación  y, sobre todo, para el ejercicio y la consolidación de nuestras democracias.

José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA